11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Trataré de explicarles a los que detestan “Blade Runner” que diablos le vemos de bueno los fanáticos (esa es la pregunta recurrente de los detractores). Y dado que la historia es tan conocida, y esta es la crítica número 301, por una vez no esconderé los spoilers.
Convengamos que la historia es simple. Han creado seres humanos optimizados que viven apenas 4 años, pero con mejor perfomance en algunos aspectos útiles: son los “replicantes” modelo Nexus 6. Un grupo de Nexus 6 se descontrola y llega a la Tierra, atentando contra las personas y sus propiedades. Entonces envían a Decker (Harrison Ford), un especialista, a matarlos. Una simple historia policial. Rebelión y represión. Efectivamente, de modo algo ineficiente y accidentado, Decker cumple su cometido. El anteúltimo replicante, a punto de morir (esta llegando a los 4 años), le perdona la vida. Y el último replicante es Rachel, de quién se enamora y decide no eliminar, pero, dado que así transgrede la ley, escapa con ella. Y en la llamada “versión del director”, nos enteramos que Decker también es un replicante, un nuevo modelo, tal vez un Nexus 7, igual que Rachel, mejorados para durar más y parecer más humanos. ¿y que tiene de especial todo esto? ¿No hemos visto acaso argumentos escencialmente iguales e incluso más complejos, con menos reverencias? Así es, pero la diferencia reside en “como” la historia es contada. No es lo mismo decirle a una doncella “te quiero hacer mujer” que “Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos”. El primero es un hombre común y el segundo es un poeta. Y Ridley Scott hizo poesía con un guión policial. Otro director simplemente hubiera hecho... un policial.
De paso, como no podía ser de otra manera, Scott expresa una opinión sobre el futuro cercano, y lo pinta muy muy negro, pero como estaba en lo mejor de sus habilidades poéticas, ese negro futuro se ve sin embargo refulgente de una extraña belleza melancólica, y eso es lo raro, esa capacidad de dar belleza a todos los mensajes independientemente de su contenido. Y de esa contradictoria belleza nos enamoramos los fanáticos, como un hombre se enamora de una mujer pérfida pero hermosa.
(continúa en spoiler)
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spoiler:
No hay efectos digitales en el film. Todo son maquetas o grandes construcciones de utilería. O construcciones reales. Todo se realizó con materiales palpables. Así que, para hacer todo lo que se ve, debió trabajarse mucho, y muy bien, meticulosamente, y eso es un mérito extra. Les recomiendo ver el backstage titulado “Días peligrosos. Haciendo Blade Runner”, del 2007. Allí relatan como ensuciaban el espectacular Edificio Bradbury todas las noches para dejarlo impecable a las 6 de la mañana, antes de retirarse. O cómo se congelaban en el laboratorio de biología donde trabaja el chino: eran una decena de grados bajo cero ¡en serio!. O que Scott hizo tanto rodaje que le alcanzó para hacer variaciones de la película original: por eso hay cinco versiones (aquí nombramos la primera y la quinta).
Es cierto que en algunos aspectos el film quedó viejo: la informática muy atrasada y el resto de las tecnologías ¡demasiado adelantadas!. Pronto llegará el 2019 y el mundo será muy distinto del previsto por Scott. Entonces, con un pequeño pase de imaginación podremos suponer que se trata de un encantador universo alternativo, oscuro y retrofuturista, que habrá ganado interés nada más que por su rareza.
Y estoy siendo injusto con "Blade Runner", ignorando una multitud adicional de detalles de valor, pero esto, lo que les acabo de contar, es lo escencial.
El tema de la inteligencia aumentada es un tópico ocasionalmente tocado en la ciencia ficción, y pocas veces visto en el cine. Creo que el último film rodado en torno al tema fué “El hombre del Jardín” (The lawnmower man). Novelas famosas en esta línea serían "Flores para Algernón" de Daniel Keyes, "Mercader de inteligencia", de John Boyd, y algunas otras cuyo título no recuerdo ahora, aunque mencionaría muchas más si considerara la escencia de ciertas historias, puesto que esencialmente contempladas, muchas cosas que parecen diferentes son iguales.
La película que nos ocupa, en ese sentido, es original, y además, goza de otros atributos como una música pegadiza que exuda optimismo y algunos efectos fotográficos interesantes, además del uso del ojo de pez para representar, muy apropiadamente, la omnipercepción. Las actuaciones son normales y no se necesita más, en un argumento orientado a las posibilidades de una herramienta y no a las sutilezas de las relaciones interpersonales.
Un escritor desinspirado y en bancarrota se topa con un ex-cuñado que le facilita una droga para aumentar las capacidades intelectuales. A partir de allí comenzará una exitosa carrera, primero literaria, luego económica, con mucha pelea física -nada de metáforas- por el dinero, el poder, las dichosas grageas y sus efectos adversos.
Lo único malo de la cinta es apegarse a esa manía tan normal de transformar todo argumento en un policial, como si no pudiera hacerse nada más con una inteligencia de 4 dígitos que correr detrás del vil billete, pelear mejor y conquistar poder político. ¿A nadie se le ocurre buscar la manera de vivir más y mejor, sin necesidad de pelearle el poder a nadie y sin llamar la atención, y de paso, comprender el Universo?. Caray, eso pasa por proveer la droga a cabezas huecas. Dios le da pan al que no tiene dientes, dicen.
La historia daba para más. Hubiera sido interesante presenciar la transformación de mundanos personajes en filósofos, de cultores de la violencia gratuita en apacibles hombres, de pirañas del poder en desprendidos pensadores, para mostrar cómo el solo conocimiento es poder; y más aún, cómo la simple virtud es poder, porque conduce a la comprensión y esta al dominio de la realidad.
Bueno, todo no se perdió, tal vez un poquito de eso hay, y quizás así se explique el giro final: el cinismo es natural, pero el humanismo también.
Teniendo en cuenta que cada film no tiene porque ser un canto a la filosofía de uno, y que no hicieron el planeta para complacernos, Limitless se transforma en una sorpresa agradable, original y graciosa en medio del desfile de monstruos espaciales, traficantes de mala catadura, fantasmas vengativos, superheroes traumados y almitas sensibles torturadas por el capitalismo que invade la cartelera continuamente.
Caray, se me quedó pegada la musiquita optimista del final.
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil.
“El grito” es como "2001, Odisea del espacio". Conviene haber leído antes el libro. Es un film para gente paciente, para lectores. ¡Amantes del cine de acción, retiraos!. Ahora que estamos solos, continuemos. Tuve la suerte de leer el cuento de Robert Graves antes de toparme con la exitante noticia de que lo habían filmado. ¡Y con música de Genesis! Y allá fuí, religiosamente, y no me defraudó. Es una de las mejores adaptaciones que he visto, junto con "Rita Hayworth y la redención de Shawshank" de King, "El duelo" de Conrad y "El día del Chacal" de Forsyth. Las actuaciones son correctas, sin embargo, la de Alan Bates (como Charles) sobresale. Representa muy bien la aureola de poder, de cierta crispación, de fuerte presencia masculina requeridas por el papel. Su contrapartida, John Hurt (como Richard) interpreta con facilidad el único rol que conoce: el de hombre frágil y reflexivo. Susannah York hace a Rachel: en vez de ser tierna, morena y menuda es alta, rubia y un poco tosca, tan sensual como una escoba gastada, aunque un varón como Charles podría encontrar femenina hasta una pared. La música de Genesis no fué lo que esperaba. No es melódica, sino incidental. Suena bien mientras se la escucha, subliminal e intimidante, pero al terminar se esfuma de la memoria como la niebla de la mañana. Los paisajes filmados en Devon, especialmente los costeros, exhiben un bucolismo casi irlandés, aunque algo más recio y simulan bien las características australianas.
"El grito" ofrece un rompecabezas cuyas piezas aparecen de a poco, junto con las reglas para encajarlas. La imagen que van formando resulta extravagante pero lógica. No es una historia de "terror", sino una fantasía misteriosa y poética acerca de cómo esta organizado el mundo, sobre dónde reside el alma y de como son entonces las verdaderas relaciones causales. No está hecha para espantar, sino para sorprender y estimular la especulación. Superficialmente trata de infidelidad y venganza, y se relatan operatorias mágicas (tal vez por eso la encasillaron en el género de terror).
Esté atento y al concluir, quedará absorto con las potentes posibilidades del argumento, tal vez fantaseando otros, con hambre de más explicaciones y desarrollos que el disponible en esta cinta de 80 minutos. Ese es otro síntoma de las buenas películas: la función continua cuando la proyección terminó.
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spoiler:
Le cuento algo, lector, fuertemente comprimido. Todo el relato lo refiere el paciente Charles Crossey (Alan Bates) a un visitante, durante un partido de cricket, en el parque de una institución psiquiátrica australiana, donde está internado. El hombre se muestra amable, y es muy culto e inteligente. Sin embargo, irradia un sutil trastorno en la personalidad, que el psiquiatra a cargo había descrito minutos antes de presentarlos, señalando dos árboles: uno grande y derecho contra otro también grande pero misteriosamente retorcido. "Ese esta loco", explicó al visitante. Para pasar el rato mientras llevan los tantos, y posiblemente por pudor, Charles cuenta al invitado porque está allí, en el manicomio. Habiendo retornado del desierto australiano tras 18 años de convivir con indígenas y siendo un vagabundo, logra acceder a la vida del joven matrimonio formado por Rachel y Richard, para poseerla. Primero, se hace invitar a comer, luego a dormir, luego a quedarse. De forma creciente y sutil impone su voluntad, mientras sobresalta sus anfitriones con una total falta de tacto (que resulta bastante violenta de ver). Conscientemente o no, va mostrando pequeñas habilidades inexplicables. En un diálogo, confiesa a su anfitrión (seguramente con fines disuasorios), haber sido entrenado por un brujo en la emisión de un grito capaz de eliminar toda vida cientos de metros a la redonda. La mente racional de Richard no puede admitirlo, y se mofa. Charles se afrenta (o simula tal cosa) y así lo conmina a presenciar una demostración. Demostrado el poder de Charles, Richard debe limitarse a soportar la presencia del intruso en casa. Pero observador y reflexivo como es, desentraña las nuevas reglas que descubre en la realidad, y devuelve el golpe con armas de similar naturaleza. De resultas, Charles cae en el manicomio, pero aclara que no por loco, sino porque su alma se ha partido en cuatro, literalmente. El visitante, también intimidado por aquella personalidad dominante, le sigue la corriente. Entre tanto, aparece un nuevo jugador desde el pueblo: Richard, el enemigo. Simultáneamente, en el cielo se prepara una pesada tormenta estival…
Hasta aquí llegamos. Y espero que estos trazos le estimulen lo suficiente para decidirse a verla.
Ví esta película de adolescente y me morí de la risa. Pasaron 30 años y nos reencontramos. Fué mejor aún. Noté muchos más detalles graciosos que no advertí previamente. Se trata de una comedia hilarante y veloz, de hilos múltiples: ocurren cosas simultáneamente en primer y segundo plano y a veces el segundo plano es solo audio lejano. Quién se distrajo un segundo se perdió dos gags. Pero a las carcajadas es imposible estar atento y eso permite no exprimir el film de una sola vista. La calidad de los gags es pareja del principio al fin. Se explota mucho la situación "personaje-desubicado-rodeado-de-gente-normal-y-formal". En español, uno de los títulos, además de "Qué me pasa, doctor?", fué "La chica terremoto". Inadecuado para la película pero apropiado mote para uno de los personajes. Desde el comienzo sospechamos que Judy Maxwell (Barbara Streisand) posee la rara habilidad de generar intricados embrollos a partir de la nada, sembrando cándidamente el desastre por donde pasa: la version civil y femenina del inspector Clouseau, aunque un poquitín mas inteligente. Ryan O'Neal hace de un apocado, amanerado y excéntrico musicólogo, ocupado en abstrusas cuestiones académicas. Madeline Kahn, interpretando a Eunice, la novia del doctor, representa una convencional y muy formal joven sometida al estrés de un prologado disparate. Un papel aproximadamente parecido hizo en "El joven Frankenstein" y "Luna de papel", regocijando la platea con su retrato de tontería, vulgaridad y aspiraciones pequeñoburguesas. Y Barbara Streisand nos enseña que una mujer no muy linda puede ser seductora.
Todo el lío comienza cuando el Dr.Bannister viaja con su estirada novia a una competencia académica en San Francisco, a fin de intentar ganar el premio de la Fundación Larrabee, 20000 dólares de aquella época (1972), un dineral. Allí lo ve Judy, que se enamora, e intentará robárselo a Eudice, luchando contra el apocamiento del joven y su castrense (y castrante) novia. Entremezclados, hay agentes secretos, ladrones de joyas y competidores desleales al premio Larrabee, amén de otros delincuentes comunes, bomberos fuera de control y mucho más.
Le hice ver el film a un amigo joven, de esta generación que, si una película no comienza con tres asesinatos, cinco coches último modelo volando por los aires y quince kilos de pólvora gastadas en dos minutos, se aburren y abandonan. Pues bien, fué presa del mismo paroxismo hilarante que sacudía las hileras del cine en mi primera visión de esta cinta, allá por los lejanos setenta. Super-recomendada.
De joven "Wall Street" me pareció impactante, didáctica, aleccionadora, un descubrimiento. Hoy en día el mundo de la bolsa y los negocios me parece natural en todos sus aspectos y detalles. No tiene otro modo de funcionar. Estamos en el mundo real. Además, no solo los gurúes de la bolsa hacen todo por ellos mismos, no solo también hacen trampas: todos hacemos lo mismo y en todos los aspectos de la vida. De paso digamos, en plan de librarnos del manto de ingenuidad, mamá y papá estaban más concentrados en su placer que en nosotros cuando nos hicieron, y seguramente tanto una como el otro también hicieron trampas. Eso es el mundo. A sacarse la venda. Basta de jugar a los solemnes hombres éticos.
¿Hoy en día, que rescato de la película? Por empezar, una interesante situación humana. Me ubico en el lugar de Bud Fox y el asunto se pone, primero interesante, luego euforizante y posteriormente electrizante por el campo minado donde finalmente fué a parar. Además, me divierte muchísimo la actuación espectacular de Michael Douglas. Y finalmente la historia es didáctica y muy útil para enseñar a la gente mas joven -niños y adolescentes- como son las cosas en la vida, es decir, viene a ser una especie de manual básico de la sociedad capitalista, no para lamentarse, sino para saber a que atenerse.
Si, ya sé que esta interpretación no es la del director, que quiso criticar al "sistema" con ella, y de paso subirse al pedestal de la ética.