88 de 129 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Lector de cómics como soy, cada vez que asisto al estreno de una nueva cinta de superhéroes no puedo evitar entrar al cine cargado de prejuicios e incluso con cierta desconfianza, como si el acomodador estuviera acechándome escondido tras un cartel esperando para apuñalarme. Todas ellas son filmes vacíos, entretenidos, sí, pero carentes de personalidad propia.
Sin embargo, después de leer los millones de bytes escritos sobre "El Caballero Oscuro" esperaba que esta vez algo fuera diferente. Después del prometedor comienzo de la saga con Batman Begins y la maquinaria del marketing funcionando a todo trapo, la prematura muerte de uno de los protagonistas y dirigida por uno de los directores más prometedores de la actualidad, lo tiene todo para triunfar en la taquilla (como así ha sido) y en los Oscar (como seguramente será). Pero vamos a la película en sí:
No se puede empezar sino hablando del Joker. Heath Ledger sin llegar a deslumbrar, realiza un papel más que bueno, suficiente para elevarlo al Olimpo del séptimo arte de forma póstuma. Es sin duda el mejor Joker visto en la gran pantalla: desequilibrado, maquiavélico e impredecible, con un punto de bufón; no se puede negar que Nolan ha sabido captar la esencia del más mítico enemigo de Batman. Aaron Eckart como Harvey Dent cumple, pero como Dos Caras se antoja demasiado plano, sin pasión. Un reproche generalizado es su paso de uno a otro, acusándolo de excesivamente rápido y superficial. Exigencias del guión y de la necesidad de un metraje adecuado, supongo, pero un error al fin y al cabo. Gary Oldman hace valer la experiencia interpretando a James Gordon, comisario de Gotham, en un papel que le viene al pelo y que no desaprovecha, actuando cómodo y seguro, y lo que es más importante, haciéndolo bien. Michael Caine como el entrañable Alfred, mayordomo de Bruce Wayne se hace querer, y la pobre Rachel (Maggie Gyllenhaal) bastante tiene con estar ahí.
¿Y dónde está El Caballero Oscuro?
Lo cierto es que la película se ahoga en un maremoto de secundarios. Demasiados villanos. Demasiados policías. Demasiados chinos, italianos, latinos, demasiados mafiosos. Demasiado para 150 minutos, demasiado para una sola película.
Entre semejante bombardeo de personajes, personalidades enfrentadas, aliados y traidores se han olvidado del pobre hombre murciélago, que en muchos momentos parece contemplar la acción sentado en una de las butacas del cine, como un espectador más. Batman realiza la función que se espera de él, pero es sorprendente lo poco que se profundiza en el personaje del que debería ser el protagonista absoluto, empañado por el Joker. La imagen del guardián de Gotham aquí se aleja por momentos de la clásica, pero quizás este intercambio de protagonismo entre héroe y villano sea lo correcto, porque mientras que el Joker asombra y conmociona cada minuto que está en escena, este Batman es predecible, monótono y en algunos momentos, aburrido.
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spoiler:
Capítulo aparte merece el doblaje. Batman habla como si se hubiera tomado tres cajas de Juanola: una bocanada de aire y parece que va a empañar todos los cristales en un kilómetro a la redonda; una voz con el control de "reverb" al 10, en un intento ridículo de darle más personalidad al personaje y que en ocasiones hace difícil incluso entender qué dice. El del Joker tampoco ayuda en absoluto, y emborrona en cierta manera la actuación de Ledger.
Y en cuanto a aspecto técnicos, no se puede negar que la película es espectacular y cuenta con un buen repertorio de efectos especiales, pero al que diseñó el Batmóvil que no se preocupe que no le va a llamar Pininfarina.
Qué cosa más fea y mal hecha, teniendo tanta pasta como Bruce Wayne no sé cómo se atreve a ir montado en semejante adefesio. Además el detalle de la disposición de las ruedas delanteras, desprotegidas y excesivamente cerca del eje central, para que sea más inseguro e inestable no tiene precio. Desde luego, mucho mejor el Lamborghini Murcielago LP640 que conduce luego, y es que el diseño, mejor dejárselo a los italianos.
¿Caballero Oscuro? Sí, pero quizás demasiado, tanto que a veces ni se le ve.
40 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Guy Ritchie sorprende a quienes le creían muerto con este brillante ejercicio de dirección moderna que le devuelve al Londres underground de sus orígenes. Como lo música de los Clash, "Rocknrolla" es rápida pero densa, hipnotizante y espontánea, la pura esencia de los bajos fondos británicos.
El comienzo tiene lugar con el tan abusado recurso de una voz en off, en este caso no demasiado justificada, pero que sirve de contundente obertura a lo que será una sinfonía de egos enfrentados. Si bien deja una cierta sensación de Dèja-vu , al remitir tanto a la genial ópera prima de Ritchie "Lock, Stock..." como a la valorada "Snatch", si algo no se le puede reprochar a "Rocknrolla" es ser original, tanto en las formas como en el contenido. Aunque no haya nada nuevo bajo el sol, todo está lavado, centrifugado y reciclado, hasta el punto que su anterior dueño no reconocería el producto original bajo el nuevo uso que aquí se le da. Desde los títulos de crédito, con cierto aire a videojuego de acción se perciben los aires de renovación del discurso cinematográfico, y eso se deja ver en los ágiles y contundentes diálogos, la gran variedad de planos utilizados sin llegar a la saturación y el hábil manejo de los tiempos de a historia. Y es que Rocknrolla es, ante todo, una película visual, aunque parezca una redundancia decir algo así hablando de cine.
Aquí, todos están relacionado entre sí, y el peso del protagonismo está tan repartido, que resulta difícil designar a un personaje como intérprete principal; nadie es nada sin el resto, todos viven en una frágil simbiosis urbana que puede verse alterada por algo tan insignificante como un cuadro.
Tom Wilkinson como jefe mafioso resulta creíble, aunque no infunde el respeto que debería, cosa que sí hace Mark Strong como su fiel mano derecha. El personaje de Archie que interpreta es redondo y concluyente, y su actuación es sólida en todos los momentos: cercana cuando debe serlo y distante en los momentos más crudos. Tom Hardy, Gerald Butler e Idris Elba son "El Grupo Salvaje", y algo en común tienen con el de Peckipah, constituyendo un trío sorprendentemente compenetrado, y Toby Kebbel, haciendo del auténtico Rocknrolla está a la altura de lo que se definió en los primeros minutos de metraje, cosa nada fácil. Thandie Newton le da una nueva dimensión a la femme fatale, adaptándolo a los tiempos que corren y dando una vuelta de tuerca a este concepto. Los rusos, tanto los matones como el cabecilla, con inequívocas referencias a cierto magnate del fútbol inglés, terminan de completar de manera admirable un plantel que abarca todos los estratos sociales y sus interconexiones.
Y es que en semejante cóctel, cada uno tiene claras sus prioridades. A unos les va el dinero, a otros las drogas, el sexo, el glamour o la fama. Pero un rocknrolla es diferente. ¿Por qué? Porque un auténtico rocknrolla quiere el lote completo.
24 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La genial secuencia de los títulos, como muestra del catering del comedor, ya da una idea de lo que nos vamos a encontrar en esta cinta: un plato tan extraño como cotidiano, acostumbrados a él, pero nunca del todo, diferente al resto y parecido a todos los demás.
En los 86 minutos que dura "Naopoleon Dynamite" van desfilando por la pantalla una ejército de freaks, geeks, nerds y demás anglicismos modernos, en el escenario de un típico instituto americano, con sus típicas taquillas, sus típicas animadoras rubias, y su típico baile de fin de curso, pero en él todo es tan convencional como diferente, sólo que quizás esta vez los protagonistas no sean los de siempre, sino que el ojo de la cámara se posa sobre aquel chico de la última fila que dibuja unicornios en clase.
17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Steven Spielberg a la dirección propone en este capítulo de "Cuentos Asombrosos" un argumento atractivo y original, arriesgando en el concepto y desmarcándose de otros convencionalismos vistos en la misma serie. No en vano, dura casi el doble que el resto de episodios (45 minutos frente a los 24 que suele ser lo habitual), y es que ser el jefe tiene sus ventajas.
Aquí, se combinan de manera brillante una historia de suspense en un escenario bélico ambientado en la IIGM: La tripulación de un bombardero aliado B-17 se dispone a despegar en la que será su misión número 23, y lo hacen con Jonathan, un joven cuyo sueño es trabajar como dibujante para la Disney al terminar la guerra y el encargado de la ametralladora inferior del avión. Sus compañeros le tienen como talismán, al haber concluido con éxito todas las misiones en las que ha participado, sin embargo, después de un ataque éste queda atrapado sin poder salir de la torreta de la parte inferior del avión; la situación se vuelve crítica cuando el capitán se da cuenta de que el tren de aterrizaje no funciona y el aparato tendrá que aterrizar "de barriga".
En esta situación transcurre "La misión", conducido bajo la acertada mano de Spielberg y con unos solventes efectos especiales para completar un producto por encima de la media.
El desenlace final es su punto más discordante, y puede que no guste a muchos por resultar demasiado ligero, fortuito, inadecuado para el tono general o inocente, pero asombroso en cualquier caso.