Críticas De: Rarra

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Su valoración: Floja
6 de Diciembre de 2007
42 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil.
¿Hablamos de abusos de algunas empresas farmacéuticas? ¿O hablamos de la explotación que hacen las productoras y directores de su denuncia? Se está ante una película para “buenísmos”. Qué buenos somos unos y qué malos son los otros.

Se dice que es una buena historia de amor. Bien: entre la protagonista y el protagonista prácticamente sólo aparecen colchonazos. Ni una sola relación más allá de la cama. El no sabe nada de lo que hace o investiga ella, ni se interesa por ello: ella va a lo suyo y le deja a él jardinear; no le comunica nada, no confía en él. ¿Quién es Arnold Bluhm? La escena entrecortada en que ella le impone a él el casamiento es todo menos amor.

Más allá de esa ausencia de una relación amorosa real, la película pretende ser un thriller, pero lo intenta de una manera tosca. No hay espacio para la intriga, ni para el susto, ni para la espera, ni para el guiño, ni para el engaño.

Los malos –prácticamente todos- personajes irreales, y como de cartón-piedra como los protagonistas. Hay que recordar que en las malas películas, los malos son tontos. Y aquí lo son a conciencia. Dejan rastros, hablan, confiesan, denuncian. O son sea: son tontísimos.

La película aburre. Nada es sólido. Los movimientos de cámara no aportan nada sino un afán de parecer progre. "modelno". La inclusión de escenas introspectivas, como en el reencuentro de Chelsea, innecesaria e incoherente con el entorno de la película. Los flasbacks, hartantes, reiterativos e innecesarios.

Ralph Finnes, la misma cara siempre, representando a un diplomático estólido. La verdad: cuando el jardinero reconoce el cadáver pone la misma cara que ponen en otras películas los culpables. Solo faltaba que le nominaran para el Oscar.

Raquel Weisz, algo así como un Oscar ganado en una barraca de feria. O un premio al embarazo. Una interpretación digna pero magnificada.

O Meirelles demuestra que es un director de verdad que no se refugia en mensajes demagógicos o un tercer refrito le hundirá. O sabe dejar la cámara más quieta o desaparecerá. O limita el flashback a sus justos términos o cansará. Su paso del tren por la zona urbana ¿Habrá visto la escena similar de Shanghai Express? Del 32 e increíblemente mejor.

Lo más destacable: Kenya desde el aire. Pero no hay que alarmarse: eso lo pone Kenya. Pobre Kenya: habrá ganado bien poco, y sí perdido con esta película. Ya se sabe: malos, los keniatas, los políticos, los farmacéuticos, el Reino Unido, el capitalismo, Europa, las Naciones Unidas... Buenos: ustedes los espectadores. Aplaudan, por favor. Es el sistema y la regla.
RARRA
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Su valoración: Pasable
28 de Febrero de 2011
9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Las primeras noticias que se adelantaron a la realidad misma de la película, aludían a una mezcla de cine de diversos estilos. El resultado es que no es una película que sirva simplemente a la fantasía, porque resulta muy obediente a las obsesiones de la realidad. Ni es una película que analice un desequilibrio mental, porque éste se presenta incoherente incluso con los perfiles de la anormalidad. NI es una película sobre oposición de personalidades y ambiciones profesionales, porque éstas se muestran superficiales. Ni es una película que rinda tributo al arte y al ballet. Hace guiños vergonzantes al sexo, absolutamente gratuitos e incongruentes con la historia que se pretende contar.

Y como trata de ser todo a la vez, pues sale algo que recuerda al traje del emperador.

Es agobiante y antiestética la abundancia de planos muy cercanos. Natalie Portman aparece absolutamente sobrevoltada porque tiene que representar, casi sin interrupción, todo tipo de sentimientos. Los diálogos son bastante tontos porque los personajes son muy superficiales. Apenas sin hablar, Leonide Massine lograba en Las zapatillas rojas un peso que Vincent Cassel no consigue pese a que el director le hace hablar sin parar y hacer gestos de mando.
RARRA
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Su valoración: Notable
13 de Octubre de 2007
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil.
El cine cuenta siempre una historia. Una película es siempre una narración. Cuando no es así deviene documental o ensayo. El Gran Flamarion cuenta una historia muy simple y muy lineal, con un argumento casi esquemático y escasos personajes.
Es una pelicula de la serie B que revela la dignidad que esta serie puede tener y que obliga a estar por encima de valoraciones basadas en presupuestos y reconocer la importancia que en la calidad de una pelicula puede tener la ambición de quienes la construyen.
Pero aunque sea serie B, El Gran Flamarion cuenta con excelentes actores encabezados por Eric von Stroheim y con una dirección de Anthony Mann. En muchos de sus momentos recuerda lo más clásico del expresionismo alemán, no siendo de extrañar teniendo en cuenta la participación de personas procedentes del área germánica.
Los espejos y las sombras, por ejemplo, tienen una presencia constante en esta película de por sí sombría.
Es de destacar tambien el cuidado de los planos y los enfoques, cada dìa más desatendido. Y el toque de suspense que en muchos momentos se ofrece. Y la música de Alexander Lazlo, nada despreciable. Y la idea original de Vicki Baum, autora hoy tan olvidada, que nos hace volver a la idea de la relacion entre el cine y la narración.
El Gran Flamarion es un drama. El drama, aunque pueda narrarse en la novela, tiene siempre su entorno original en el teatro. Y el cine no es sino teatro liberado de la servidumbre del espacio y el tiempo.
En definitiva, una clase de B con una dignidad que sería deseable encontrar en la clase A con más frecuencia. Recordando siempre que estamos ante una pelicula de 1945.
RARRA
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Su valoración: Notable
24 de Noviembre de 2007
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Buñuel es un director desigual e, indudablemente, Los olvidados están entre sus mejores películas, si no es la mejor. Sin embargo ha sido mayoritariamente enjuiciada como una obra de denuncia social cuando la entidad de la película desborda ese esquema.

Esto puede estar en línea con la frecuente afirmación de estamos ante un drama. Los olvidados es una tragedia y, como tragedia, personal, de Pedro. El drama presenta acciones y situaciones desgraciadas o dolorosas; un amor desgraciado es un tema usual del drama. La tragedia es algo muy distinto. La tragedia recorre caminos desgraciados hasta llegar a un final funesto presentando conflictos de apariencia fatal que incitan a la compasión y al espanto. Son términos y expresiones tomados del Moliner.

Pedro lucha contra el destino pero fracasa, no por su culpa sino por la inevitabilidad del destino. No logra captar el amor de su madre; resulta inútil su intento de trabajar; defrauda al director del reformatorio. Todo a pesar de su voluntad de que todo sea distinto. Frente a él, Jaibo, la perfecta representación del mal que va a hacer inútiles los esfuerzos de redención.

De ahí que pretender que se está ante una película de crítica social es simplemente una simpleza. La tragedia-e incluso el drama- siempre es individual y humano. Hablar de denuncia de desigualdades sociales cuando no se sale del suburbio ni hay referencia a otro ámbito social no tiene sentido. Hablar de responsabilidad del capitalismo, cuando Buñuel retrata un sistema correccional de menores que parece constituido por ángeles, sigue sin tener sentido.

Contrariamente, Buñuel se sumerge en un escenario cerrado, que ni sale del suburbio ni desborda la docena de personajes. La escena más identificable con la critica social es la imagen de la niña sonriente en el tiovivo mientras unos niños le mueven. No pasa realmente de ahí. Se trata de una película en la que la sociedad mejicana realmente está ausente, más allá de la existencia de un código penal. Esta ausencia atañe no solamente a otras clases sociales, sino a la misma sociedad suburbial.

La película, quizá por ser tragedia, mantiene permanentemente la atención. El ritmo es espléndido. El guión no escapa a la servidumbre de la tragedia, llegando a ser excesivo. La música, aunque con temas de Pittaluga supervisados por Rodolfo Halffter, no pega mucho con las escenas oníricas y surrealistas en que se emplea. Estas escenas revelan la nostalgia de Buñuel por sus principios y aportan la mezcla de profundidad y pirueta característica. Los actores, muy bien en general. La fotografía, muy buena para su época.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película) Ver todo
RARRA
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Su valoración: Buena
12 de Agosto de 2012
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Se trata de una película antigua, de 1973. Respira las resonancias del Concilio Vaticano II, anunciado en 1959, abierto en 1962 y clausurado en 1965. Un concilio peculiar cuya lengua oficial fue el latín y cuyos resultados, pasado ya casi medio siglo, no pueden calificarse de positivos, ni siquiera para la Iglesia. Ya en esa línea, la novela como la película parecen inspirarse en el movimiento de Marcel Lefevre.
Curiosamente la película, que comienza planteando una cuestión religiosa (hablar de teológica es excesivo) y en tonos relativamente elevados en determinados momentos, se resuelve pasado su ecuador en un problema personal y, quizá por ello, más profundo: la incredulidad del abad que rige una comunidad creyente.
Trevor Howard, auténtico protagonista del film, realiza una gran labor lo largo y lo ancho de su actuación. Martin Sheen está ligeramente ridículo, no tanto por su actuación personal, sino por la endeblez de su personaje, simple mandado de la autoridad. Queda Raf Vallone en su papel como padre general de la orden monástica a la qué pertenecen los anteriores. Es quizá la mayor argumentación en favor de la existencia de un Dios, porque solo en otra vida podría perdonársele la payasada de su actuación. Una actuación ridícula que, en todo caso, arrastra el director que la consiente e incorpora a su película.
Al final una película que contrapone una Iglesia que se cree revolucionaria, hace yoga, viste a la moda y se mueve en helicóptero y unos monjes que viven su fe, creen en los milagros y son fieles a su voto de obediencia. En medio un abad, descolocado espiritualmente que se termina considerando como gerente de algo.
La película tiene la duración justa, los escenarios adecuados y un final medido y duro.
RARRA
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