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Críticas de: LibertyVallance
LibertyVallance |
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(Madrid, España)
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| 271 | Películas valoradas |
| 25 | Críticas |
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| Media de sus votaciones:
8,0
(ver sus estadísticas)
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El hombre que mató a Liberty Valance (1962)
John Ford
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| 12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
31 de Enero de 2008 |
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La verdad es que sigo sin tener muy claro cuál de esos capullos fue el que me mandó al otro barrio. Pero, puestos a palmarla, que al menos la historia sea buena y esté contada con la grandeza y el talento del que siempre hace gala el viejo John Ford. “Imprime la leyenda, imprime la leyenda”...!Cabronazo¡
El comandante Ford, entrado ya en los 60, pasa revista con los ojos bien abiertos a dos de sus grandes pasiones: los mitos del western y la democracia americana. Y lo hace no desde su mirada habitual sino a través de la pupila de un Jimmy Stewart de vuelta de todo y un tanto cansado. Primer acierto de la película: Stewart, que no era de los habituales de Ford, representaba como nadie al americano medio. Es a través de su mirada resabiada, ambigua y un tanto escéptica que decide mirar Ford. Y lanzar sus dardos.
El salvaje Oeste, con sus sheriffs, indios, pistoleros, su lucha descarnada por la supervivencia, tiroteos y cabelleras despellejadas; una vez cumplido su rol histórico de abrir paso al naciente capitalismo yanqui, retira al séptimo de cabellería y entrega las llaves de la ciudad a la división de poderes, las elecciones, la Constitución, la Cámara de Representantes y la Quinta Enmienda. Al menos eso es lo que cuentan.
“Imprime la leyenda”. Sin duda, Ford fue uno de los que con más hermosas palabras e imágenes la imprimieron. Sin embargo, con el paso del tiempo, el sueño americano se ve algo menos lustroso y más arrugado que en sus años mozos de Lincolns, Jeffersons y promesas.
El comandante Ford paladea su penúltimo whisky, se sienta tranquilamente en la mecedora y pasa su mirada de viejo, sincero y (quizá) también algo cansado patriota americano por su sueño. Sin renunciar a ninguna de sus viejas ideas pero levantando acta de su erosión y miserias. Recitando igual de deslumbrante que siempre su poema de planos pero sin ocultar ninguna estridencia.
Y su cámara de artista honesto dibuja un relato claroscuro, de sueños y contradicciones, de mitos y vidas impostadas que el autor, al mismo tiempo que explica y adorna, denuncia. Aproximación al western crepuscular cuando nada insinúa el crepúsculo del western.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: De antihéroe con todas las rifas para perder por goleada en su enfrentamiento contra el lado más forajido y violento del viejo Oeste (¿qué otro podía ser sino el gran Liberty Valance, encarnado por el no menos grande Lee Marvin?) el personaje de Stewart pasa a protagonista del primer sueño americano, forjado de idealismo democrátrico, una dosis considerable de ingenuidad y bastantes gotas de sangre. Para terminar exhausto y un tanto desengañado.
John Wayne, protagonista de un montonazo de swesterns fordianos, símbolo él mismo de la epopeya de la conquista del oeste, es tan duro y heroico como siempre en “Liberty Valance” pero esta vez las cosas no le salen. Se viste de perdedor, duda, la caga. Como será la cosa que hasta se queda sin la chica y la peli empieza cuando él la palma.
LibertyVallance 
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El buen alemán (2006)
Steven Soderbergh
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| 10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
22 de Febrero de 2007 |
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Homenaje y experimento, sí; pero también una buena película, que se disfruta y se vive y se siente. Como toda buena película y en especial esas buenas películas clásicas a las que homenajea.
Hay un estudio concienzudo del mejor cine clásico en este "Buen alemán" y una voluntad admirable por beber de esa fuente (difícil encontrar mejores fuentes) para construir algo nuevo y romper con la vulgaridad, la comercialidad y tendencia a la repetición que amenaza al cine contemporáneo.
Soderbergh se sabe la lección de memoria y llena su película de planos, situaciones, guiños y recursos que harán las delicias de los que amamos ese cine que huele a cigarro, ginger ale (o bourbon, no somos sectarios) y canciones lentas muy lentas y viejas muy viejas sonando a lo lejos. La mujer fatal, el hombre desengañado y peleado con el mundo, el cínico, el amigo distanciado, el traidor, y por supuesto el asesino, ninguno de los invitados ha fallado a la cita. Cine de nuestra infancia que debería ser de todas las infancias.
Pero no es verdad, en mi modesta opinión, y digan lo que digan los críticos, que sólo haya formalismo y experimentación. ¿Sentimientos cero?. No es eso lo que yo siento. Es difícil sentir eso con Cate Blanchett llenando la pantalla de esa forma. Excepcional trabajo, recreando el mito de la mujer fatal pero imprimiéndole nuevo carácter, más dolor. Quizá ambién más miseria moral, y más distancia. Está bien George Clooney pero Blanchett se come la pantalla.
La historia se mueve en el terreno fronterizo de dos mundos y dos épocas. El nazismo muerto pero no enterrado, con sus asesinos vendiéndose al mejor postor. Salvar el culo a cambio de un indiscutible talento criminal al servicio de la nueva máquina de matar de la guerra fría. Y el comienzo de la lucha entre la burocracia estalinista, y sus manos manchadas de sangre proletaria, y el imperialismo yanqui (sangriento por genes desde su mismo nacimiento) por hacerse con el nº 1 en el nuevo ranking mundial de cadáveres y guerras ganadas, perdidas o empatadas.
Soderbergh y su guionista, Attanasio, utilizan muchos de los mismos elementos que tan bien sabían emplear esas películas a las que rinden homenaje e incluso introducen algunos nuevos. El resultado, sin llegar a la altura de las mejores de esas obras, alcanza un buen nivel. Mantiene el interés por una trama a veces demasiado dispersa y nos mete dentro de la historia.
¿Qué quieren que les diga? Yo sí siento. Calor y frío, odio y amor, en Blanchett. Amor tambièn, duda, frustración, rabia, solidaridad con Clooney. Traición, cinismo, engaño; muerte, rondando siempre. El monstruo de un mundo en el que nada es lo que parece y los seres humanos sólo somos peones en el juego mortal de poder, beneficios, hegemonía, de los que manejan el cotarro. Un monstruo que existe desde hace siglos y que hoy, con su nueva y reluciente careta global y unipolar, nos sigue jodiendo.
LibertyVallance 
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El último rey de Escocia (2006)
Kevin Macdonald
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| 18 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
25 de Febrero de 2007 |
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"El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente", dijo alguien. La corrupción moral, polìtica y social que representan la tiranía y la autocracia ha servido para producir magníficas novelas, obras de teatro y ,por supuesto, tambièn grandes películas.
En sus primeros veinte o treinta minutos "El último rey de Escocia" parece que puede convertirse en una interesante película acerca de la figura del sangriento dictador Idi Amín Dadá, quien gobernó Uganda con mano de hierro durante los años 70. Amín fue llevado al poder por el imperailismo británico para mejor controlar el país, acabar con el desprestigiado gobierno del dictador anterior -Obote- y evitar la amenaza de una insurrección liderada por los comunistas.
La primera parte de la película se mueve en terrenos muy sugerentes y parece apuntar alto: se muestran sin subrayar todos esos elementos: la demagogia populista de Amín, su utilización por los británicos y al mismo tiempo el primer esbozo de sus contradicciones con ellos; al mismo tiempo las contradicciones de su torturada psicología y su extraña relación con el Dr. Carrigan, joven médico escocés a través de cuyos ojos alucinados seguimos la historia.
Sin embargo, en mi opinión la película acaba resultando fallida por dos lados diferentes. El primero es que renuncia a entrar con la profundida, complejidad y riesgo que exigiría el tema en las contradicciones de Amín, su personalidad, orígenes sociales, etc. Todo esto está simplemente esbozado y ni siquiera la excepcional interpretación de Forrest Whitaker evita que pasemos de ver a un personaje patético, inquietante, que salta de una especie de exuberancia e inocencia infantil a los crímenes más horrendos y la tiranía más sobrecogedora. Pero la película abandona la lucha por entrar en el alma de ese personaje y opta por la solución , en mi opinión más fácil (y menos atractiva artísticamente) que es hablarnos de cómo el joven y supuestamente inenuo doctor escocés va descubriendo el rostro de la barbarie bajo la exuberancia tanto de África como del Presidente Amín.
Este es el segundo aspecto en que para mi falla la película. Simplemente no me creo ese pasar de puntillas del Dr. Carrigan por el horror de una de las dictaduras más brutales de la época. Tampoco me creo demasiado todos esos hilos sentimentales sin atar que va dejando la película entorno a ese doctor.
Lastrada por estos dos fallos graves la película va perdiendo alcance dramático y profundidad y lo único que la mantiene a flote en su recta final es el thriller que encierra dentro, la intriga de qué pasará, y la extraordinaria interpretación de Whitaker que se echa la película al hombro cada vez que sale en pantalla y se encarga de intentar concentrar en su rostro y sus gestos toda esa barbarie y contradicciones que la historia nos dice que hay en su personaje pero ni el guión ni la dirección consiguen extraer.
LibertyVallance 
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No eran imprescindibles (1945)
John Ford
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| 7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
14 de Marzo de 2007 |
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Ford, que luchó en la Segunda Guerra Mundial y ha construido grandes obras maestras sobre la vida militar (desde "Cuna de Héroes" hasta una buena parte de sus western) sólo dirigió un film bélico: este particular monumento al soldado desconocido. Y lo hace desviando el objetivo de su cámara en cada momento precisamente de donde se supone que debemos mirar, de las grandes gestas épicas a las que Hollywood nos tiene acostumbrados y enfocando precisamente allí donde menos pasa. Declaración de principios. Experimento que en otro sería recordado y analizado pero que en un director considerado comercial, un "profesional" y no "un autor", pasa desapercibido.
La absurda historia de amor que la productora exige meter con calzador en la historia es zanjada sin contemplaciones. Hay algo de protesta en ese liquidarla en unos pocos minutos y como quien cumple (con disciplina militar) una orden absurda. Y ,sin embargo, el talento de Ford es tanto que hasta ese pegote sentimental al que le obligan tiene algo diferente.
Toda la historia, las vidas de esos soldados anónimos que se dedican a manejar y reparar pequeñas lanchas, el desarrollo posterior de la guerra en el Pacífico y todo lo que eso implica para el futuro de la guerra en su conjunto, las medallas de los generales y sus sonrisas, dependen de esa batalla que Ford -incatalogable y complejo patriota americano- decide contarnos en elipsis.
Ni un sólo plano de ese heroísmo. Los héroes de Ford en esta historia son otros. Y ,despreciando el espectáculo, "derrocha" su talento descomunal para la composición de planos y la puesta en escena filmando con mimo la reparación de una lancha cuyo motor no arranca. La vida gris, cotidiana, de unos soldados cuya labor nunca pasará a la historia; que son prescindibles para todos menos para ellos mismos.
Ford elige contar lo que nunca se cuenta acerca de aquellos de los que siempre se prescinde y logra una especie de estremecimiento extraño, gris también, cotidiano; porque, sin que se subraye ni se repita, tanto los personajes como nosotros sabemos que esa monotonía esconde en realidad una agonía; que esos soldados desconocidos y prescindibles serán sacrificados, y sólo les quedará su monumento algún día en algún sitio.
Cuando su biógrafo Lindsay Anderson dijo a Ford que ésta era una de las obras del genio irlandés que más le gustaban Ford dijo que no recordaba de qué película se trataba. ¿Clásica travesura fordiana o es que realmente consideraba a esta película tan prescindible como la guerra a sus protagonistas? Pocos días después le mandó una nota escueta: "Por cierto, he visto esa película y sí, no quedó nada mal". O algo así.
Ford, soldado desconocido.
LibertyVallance 
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Qué verde era mi valle (1941)
John Ford
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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
8 de Marzo de 2007 |
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Ford viaja a las minas de Gales con el mismo amor y pasión que si fuera a su Inishfree irlandés. Hay muchas verdades distintas y muchos matices, como suele ocurrir con el mejor Ford, en esta historia. El dolor de la infancia perdida, la nostalgia por el paisaje real o hasta cierto punto idealizado que nos ha visto ser. El desastre humano, ecológico y social de la industrialización salvaje. Ese amor profundo entre padres e hijos, y cómo éste agoniza erosionado por los problemas cotidianos. La vida.
Pero también, la muerte,la sangre, ese dolor inexplicable para quien no lo ha sentido cerca, de la mina.El espíritu de la minería. La lucha por construir los primeros sindicatos. Los conflictos dentro de la propia clase obrera entre los trabajadores más atrasados y acostumbrados al paternalismo de viejo cuño del patrón y la nueva capa de jóvenes trabajadores que toma conciencia de la opresión capitalista y decide organizarse. la fuerza estremecedora, sin par, de la mujer trabajadora. Y la lucha de clases en estado puro.
Todo eso está presente en esta historia y mucho más. Voces infinitas, como ese coro de mineros que canta cada vez que vuelve del trabajo. Ford es capaz de colocar a todos sus personajes en pantalla al mismo tiempo y que se oigan sus voces, y que cada voz tenga su propia verdad y su propia consistencia. Un talento inusual que lo convierte en genio de la verdad y la complejidad cinematográfica.
Ford , al que le gustaba mucho pintar, estaba considerado en su época un artesano, un director con oficio apropiado para encargos. En todas sus películas encontramos planos que son auténticas obras de arte, cuadros que habrían hecho las delicias del mismo Leonardo. En Que verde era mi valle Ford logra algunos de sus planos más impresionantes. Algunos primeros planos de Maureen O, Hara recuerdan a esas vírgenes renacentistas de Caravaggio e imporesionan como ellas. Ford demuestra que cuando hay talento y sensibilidad el blanco y negro puede sugerir cualquier color. Y aunque nunca las vemos verdes nos estremecemos con ese verde intenso de las colinas galesas.
LibertyVallance 
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