Críticas De: Neathara

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1136 críticas (Ver todas por título) Página: 1
Su valoración: Notable
23 de Diciembre de 2010
466 de 576 usuarios han encontrado esta crítica útil.
¿Me encanta? ¿Me horroriza? ¿O ambas cosas?

Qué importa. "Cisne negro" no es clasificable: pertenece a la categoría de películas que sólo pueden denominarse como vorágines. Dejarse arrastrar no es una elección, es un imperativo, o cabe la posible desgracia de salir indemne del visionado: "Cisne negro" es droga dura y a partir de ahora, Darren, te nombro mi camello de confianza.

De "Carrie", a "Repulsión", de "Eva al desnudo", a "Perfect blue" y suma y sigue. Pero la suma no es un corregido y aumentado: es algo completamente nuevo y completamente familiar. En una escena, Vincent Cassel le dice a Natalie Portman algo así como: "La perfección no es control; es perderlo". Y vaya si Arofnosky pierde el control y se pasa tres pueblos, pero qué belleza, qué magnífico descontrol. El cuantioso delirio de "Cisne negro", su absoluta falta de miedo al ridículo, la convierten en una experiencia que hace malabares en el filo entre la maravilla y el despropósito, siendo un mucho de las dos cosas y precisamente en esto reside su avasalladora capacidad de retenerte ante la pantalla, deseando que aquello no se acabe nunca, pero por Dios, que se acabe antes de que mi cerebro se cortocircuite ante tanta locura de clímax.

El cisne blanco representa la pureza, la belleza y la perfección: la primera mitad de la película. El cisne negro es la lujuria, la compulsión y la autodestrucción: la segunda mitad de la película.

Habrá quienes elijanl cisne blanco y habrá quienes prefieran al cisne negro. Yo me quedo con los dos.
Neathara
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Su valoración: Muy buena
7 de Abril de 2008
370 de 418 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Me gusta mucho ir al cine. No me refiero tan sólo a ir a ver las películas, sino también a toda la parafernalia, las palomitas, arrebujarme en el asiento, agarrarme del brazo del compañero de al lado cuando me asusto, sestear apaciblemente cuando la película es un tostón (nunca he dormido mejor que en una sala de cine) y por encima de todo –y ésta es la razón principal por la que continúo yendo al cine- esa sensación de inminencia maravillosa, cuando se apagan las luces y empiezan a desencadenarse los primeros títulos de crédito: la sensación de que, hoy, quizás, va a suceder algo extraordinario.
A pesar de que la inmensa mayoría de películas que voy viendo son perfectamente olvidables, nunca he debido perder la esperanza, porque, a día de hoy, sigo emocionándome cuando la sala de cine se queda totalmente a oscuras y en silencio y se ilumina la pantalla y entonces empieza la música, las palabras, las imágenes y me preparo para olvidarme del mundo durante un buen rato...y ¿quién sabe?. A veces, sucede algo más.
A veces, muy raras veces, sucede lo inimaginable. Que es ir a ver “Cadena Perpetua” al cine, por primera vez, catorce años, y permanecer 142 minutos con los ojos abiertos de par en par, completamente abducida, seducida, absorbida, emocionada. Llorar, reír, implicarte emocionalmente en todo lo que está ocurriendo en la pantalla, volcarte en unas vivencias ficticias que, en el transcurso de dos horas te parecerán más reales que las tuyas propias. Obtener las pautas a partir de las cuales empezarás a distinguir gran cine de cine mediocre.
Darse cuenta, en definitiva, que el día en que fuiste a ver “Cadena Perpetua” fue, sin lugar a dudas, un día extraordinario.
Neathara
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Su valoración: Excelente
13 de Noviembre de 2009
219 de 231 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Hay películas sobre las que no resulta fácil hablar porque de algún modo te han calado y a estas alturas de la vida que una simple película te cale ya da casi vergüenza reconocerlo, pero "Mary and Max" me ha dejado así. Casi sin palabras.

Se trata de la historia de una amistad entre un hombre maduro con síndrome de Asperger que vive en Nueva York y una cría australiana de familia y entorno poco amables. Entre estos dos dos seres, tan raros, tan feos, tan vulgares, en suma, tan poco peliculeros, se va construyendo una relación tan preciosa como atípica, basada en pequeños gestos, códigos, señales y detalles que conforman el cerrado mundo propio de una amistad de las de verdad y todo ello sin ninguna cursilería ni amaneramiento, sólo una relación profunda entre dos personas y que pasa por las fases de la ilusión, la esperanza, la alegría, la transición, el puteo y finalmente el perdón y la aceptación.

Creo que esta película es de las que dejan huella en la memoria. No sólo porque es una película elaborada con sentida autenticidad, sino por expresar tan sabiamente el puro horror de la soledad, la emoción que puede significar cualquier contacto humano por mínimo que sea, cuando se está tan absolutamente abandonado de todo y de todos. Porque existen muchos miedos entre nosotros, pero el miedo a estar solos es quizás uno de los más intoxicantes; "Mary and Max" es toda una lección de porqué algunas personas están dispuestas a todo por tener y conservar a un amigo.

Y como no todo va a ser emoción a flor de piel, aún encima redondean la jugada con un trabajo de animación en plastilina increíble (no hay suficientes ojos para captar toda la minuciosidad de los detalles plasmados) y unos toques de humor negro, negrísimo, supongo que a juego con las tristes existencias de sus personajes.

Como ya nos queda poco para pasar al 2010, ya voy diciendo que "Mary and Max" se sitúa entre lo mejor del cine visto en el año que nos ocupa. También se convierte en una cita imprescindible para cualquier devoto del género, porque hablamos de la que quizás vaya a ser la gran obra maestra de animación adulta de los últimos tiempos. Recomendable no: insoslayable.
Neathara
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3 de Febrero de 2009
325 de 448 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Oskar tiene doce años y se siente completamente solo. Eli aparenta doce años y está completamente sola.

(Noche blanca)

Oskar colecciona recortes sobre asesinatos en la prensa. Eli los provoca.

(Sangre negra)

Los ojos de Oskar han vivido doce años. Los ojos de Eli han visto transcurrir las centurias.

(Nieve roja)

Oskar es tímido. Eli es terrorífica. Oskar es humano. Eli es un vampiro. Oskar ama a Eli. Eli ama a Oskar.

Ellos os enseñarán que no hay que tener miedo a la naturaleza de lo que se ama.

Sólo a su ausencia.
Neathara
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Su valoración: Muy buena
15 de Enero de 2010
249 de 309 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Se suele decir de Haneke que es un cirujano que disecciona los males de la sociedad moderna y sin embargo, no hay apreciación más equivocada: ya que un cirujano abre el cuerpo y lo examina para que, una vez determinadas las causas del mal, proceder a extirpar la carne corrupta en vías de lograr la curación del paciente. Y sin embargo, lo que se hace en "La cinta blanca" no es una operación. Es una exhumación seguida de una autopsia.

El cuerpo tiene un aspecto impoluto (la tanatoplastia B/N hace milagros) pero una vez empieza a abrirse, asoma su verdadera naturaleza. A medida que la voz en off del narrador nos cuenta los extraños sucesos que acontecieron en aquel puritano pueblecito alemán poco antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, se nos muestran los órganos y la lenta corrupción que ha ido devorando por dentro ese inmaculado cadáver. Así, mientras la disección se profundiza, el blanco de la imagen -el blanco del rostro, de la nieve, del incendio- se va a ir comiendo lentamente al negro. Al final, hay un infernal predominio de esa falsa inocencia que pregona la cinta blanca: para cuando llega el momento de asumir sus enseñanzas, es demasiado tarde. Si los padres desarrollaron sus vicios y pecados al abrigo de la oscuridad, serán los hijos quienes opongan con orgullo su propia concepción de la pureza, a plena luz del día. El triunfo de la voluntad.

Y no el único triunfo: hoy se ha estrenado en algunos cines de España una película austríaca de dos horas en blanco y negro. Sobre la génesis del nazismo. Sin holocausto. Sin discursos. Sin gafitas 3-D. Sin banda sonora. Sin trailer impactante. Sin estrellas.

Si esto no es la verdadera revolución, detengan la cámara, corten y déjenme salir, que yo me largo.
Neathara
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