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Críticas de: Claudio
Claudio santiago del estero - Argentina 
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Oldboy (Old Boy) (2003)
Park Chan-wook
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| 17 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
16 de Febrero de 2010 |
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Es moneda corriente: Oldboy es la película más importante en la filmografía de Park Chan Wook. Lo es por muchas razones, pero principalmente porque, con todo y su Grand Prix de Cannes, supone el ascenso del director surcoreano a las ligas del culto mundial. El opus intermedio de su trilogía de la venganza es una despreocupada narración, esbozada a modo de thriller, que desciende a lo más profundo del terror subjetivo, ahí donde anida lo eternamente humano, lo deseado, lo prohibido.
Oldboy es osada como pocas. Su arte, de irresistible manufactura, parece parida de las entrañas de la insanía y, francamente, uno no puede evitar preguntarse: ¿cómo es posible que lo bello pueda estar emparentado de manera irremediable con tanta mala saña? Park Chan Wook es un especialista en estos abismos y una imparable bestia de la narración. Pero no utiliza sus hábiles tretas como una tuerca en el engranaje de una historia con truco. Ni mucho menos. Su juego consiste en provocar una reacción visceral, incómoda, en el espectador. Acaricia con planos cuidados y colores fascinantes y, cuando llega el clímax (del que más vale no decir nada aquí) uno descubre que no ha sido engañado por una ágil maniobra argumental, sino que ha sido envenenado por esa mano, su paleta de colores, la simpatía de sus personajes y su magistral romance. Nada permanece puro, ni los protagonistas (maravillosamente interpretados), ni el espectador.
Park Chan Wook utiliza su genio y toma prestado de Freud, Shakespeare y Sófocles. Su Hamlet personal (Oh Dae Su) es un héroe brioso y descomunal. Su enemigo no lo es menos. La película es como los rieles fatalmente truncos en una curva descendente. Ser espectador y mirar hacia abajo es enamorarse. Enamorarse de la tragedia y de la inútil esperanza que cualquier ser humano tiene para encontrarse con un futuro luminoso vomitado a buches de la venganza. Pero, sobre todo, es enamorarse del cine. Ese cine sin concesiones, casi extinto, que no interpela con indulgencia, sino con la potencia de su autenticidad.
Pero cuidado! Oldboy es una enfermedad incurable. Y posiblemente la película más excelsa que he tenido la oportunidad de ver.
Claudio 
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Outlaw (2010)
Kim Cheol-han
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
23 de Enero de 2011 |
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Las comparaciones son tan injustas como inevitables: en “Cut”, el segmento a cargo de Park Chan-wook para el film colectivo Three Extremes, el multipremiado director ejecutaba con maestría otra de sus proezas en el "Genrebending" -complejo arte de componer un texto en función de la dialéctica de géneros-, sirviéndose para ello de la sátira grotesca y el gore explícito en el contexto de un planteo lúdico similar al de las cintas de “El juego del miedo” y todo ello al servicio de una venganza peculiar. Y si bien el resultado final no está a la altura del resto de la obra de Park, es cierto que refresca lo suficiente gracias al carácter irreverente del vengador de turno y a una puesta en escena que recuerda las intenciones -no así los aciertos- del Hitchcock de La Soga y La Ventana Indiscreta.
Con “Outlaw” Kim Cheol-han se adentra en una de las obsesiones más frecuentes del reciente cine coreano, la venganza, y, aderezada con el componente lúdico de El Juego del Miedo, la recarga con altas dosis de melodrama. La falla más notable de Kim es la de no saber administrar las raciones de uno y otro género, ahogando su película en un montaje que salta del lagrimón forzoso a la proeza hiperactiva, y de ahí, por caprichos argumentales que mi buena fe todavía intenta justificar, a un teatro gore que no impresiona, asusta o intriga. Como si el director conociera el espectro fenomenológico de cada género y no las leyes de estructura que los rigen –y vaya chiste de título si es Kim quien está fuera-de-la-ley en la cohesión de su propio texto.
Para terminar: sabemos de sobra que a los coreanos les apetece la tragedia, pero el generoso escarnio con el que los dioses se han ensañado en contra de su protagonista, el detective Jeong-su, no tiene parangones; y algo mucho peor: carece de verosimilitud. Dicho esto, lo único que Kim ha mesurado en Outlaw es la inteligencia y la creatividad; todo lo demás abunda y salpica, pero sin dejar manchas permanentes.
Claudio 
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