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Críticas de: GVD
GVD |
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(Madrid, España)
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| 1260 | Películas valoradas |
| 136 | Críticas |
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| Media de sus votaciones:
6,3
(ver sus estadísticas)
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Doce hombres sin piedad (1957)
Sidney Lumet
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| 142 de 153 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
3 de Enero de 2008 |
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Permítanme que me presente, soy el Dr. Sidney Lumet. Hoy voy a llevar a cabo un experimento para estudiar esa cosa tan abstracta y desconocida como es la sociedad. Para ello voy a introducir doce especímenes en una claustrofóbica sala. Los especímenes serán los siguientes:
1- Buenos modales
2- Inocencia
3- Ira
4- Prepotencia
5- Infancia en suburbios
6- Inhibición
7- Estupidez
8- Razonamiento
9- Experiencia
10- Prejuicio
11- Humildad
12- Frivolidad
Una vez añadidos, procedo a añadirles una dosis de caso de homicidio en primer grado. Ahora deberán reaccionar y cambiarán a color rojo (culpable) o verde (inocente). Veamos qué sucede... Humm....Van cambiando de color...Rojo, rojo, rojo....¿eh? ¿Uno verde? Todos se han vuelto de color rojo excepto el Razonamiento.
El siguiente paso será subir la tensión y aumentar a una temperatura asfixiante y dejarles en cocción durante dos horas.
(En el spoiler el Dr. Lumet cuenta el final del experimento, así que si no habéis visto la película no lo leáis)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Una hora después: ¡Demonios!, están poco a poco cambiando de color rojo a verde. Al parecer cuando los demás especímenes entran en contacto con el Razonamiento van cambiando... Humm... Interesante.
Al finalizar la cocción todos han cambiado a verde (no sin esfuerzo), y el resultado es un brebaje penetrante, agudo, fascinante y genial. Obra maestra absoluta.
GVD 
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El intercambio (Changeling) (2008)
Clint Eastwood
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| 141 de 171 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
21 de Diciembre de 2008 |
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La misión de una noticia o de un reportaje periodístico es simplemente informar o aportar un determinado punto de vista sobre un tema, pero no introducir al lector en él. No hay emoción, salvo si el tema ya la contiene por sí mismo.
No tengo muy claro cuál es la función de una película, pero una de las condiciones fundamentales para que a mí me convenza plenamente es que me haya metido en lo que me están contando. Sí hay emoción, aunque te estén hablando del apareamiento de los abejorros congoleños.
Si nos leyésemos un reportaje de los sucesos acontecidos en "El intercambio", el horror que contienen los hechos nos tocaría la fibra sin necesidad de ningún apaño manipulador. Posee una emoción ímplicita. Es por esto que cuando Eastwood carga las tintas en esta historia consigue que me sienta enfermo, que me duela mirar a la pantalla. La pena está en que durante gran parte del metraje las tintas no están cargadas o, al menos, no lo bastante para conseguir implicarme totalmente.
Entre las armas que tiene Eastwood para contar la historia están muchas de las que más me gustan de él: planificación clásica, perfecto equilibrio en el tono, buena dirección de actores; pero también aparecen otras a las que a veces tiende que me molestan: esquematización de personajes secuandarios (son buenos o malos, no hay matices) o no dejar al espectador que juzgue a los personajes por sí mismo (las escenas de los juicios se encargan de esto, sobre todo). Pero me llama mucho la atención la ausencia de un arma en concreto.
Si los guiones de "Million Dollar Baby" o "Mystic River" adquirían en las manos de Eastwood una dimensión emocional que conseguía que trascendiesen, despojándolos de su tendencia al best-seller. Aquí esa dimensión aparece sólo en momentos puntuales. Así, el drama de Christine Collins apenas me deja huella, así como el abuso de poder que sufre. Algo grave, siendo la denuncia de esta situación el principal objetivo del filme. La comparto, por supuesto, pero no la siento.
Así pues, lo que salva a "El intercambio" de no ser una mera exposición de los hechos (aparte de las virtudes de la realización, arriba mencionadas) es ese poderoso retrato a base de flash-backs de un gallinero. Ahí se concentró lo peor de este puto mundo y la mirada de Eastwood no puede ser más sutil y demoledora. Ahí aparece el gran cine, el que me jode por dentro. El resto "sólo" está bien. Buena.
GVD 
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El buscavidas (1961)
Robert Rossen
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| 85 de 87 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Mayo de 2007 |
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En la vida de todo aquel que ame el cine o simplemente con que le guste un poco hay una serie de películas a las que se vuelve una y otra vez, cada vez que se empiezan a ver se desea volver, y cada vez que se terminan deseas no volver para que esa vez no se acabe. Son lo que yo llamo obras maestras, o poniéndolas un nombre más personal, películas de mi vida. "El buscavidas" es una de esas películas.
Todo lo que aquí escriba sé que no le hará justicia, porque es una película que significa demasiado para mí, un sentimiento casi afectivo que es imposible describirlo con palabras, al menos, palabras que la ajusticien. Incluso las diez estrellitas se me quedan cortas. Es una película elegante y sobria en la superficie, pero en el interior late todo un corazón, un corazón amargo, desencantado, trágico, lúcido, dolido, un corazón perdedor, pero un corazón al fin y al cabo. Un corazón lleno de vida.
Es una historia como otra cualquiera pero al tiempo única, que ejemplifica no sólo el tema del perdedor que se le atribuye, sino que habla de la vida, en general, de lo que buscamos en ella y de lo que vamos perdiendo en el camino para llegar a un final en el que no hay nada y en ese camino hemos perdido todo lo que teníamos para que después ese mismo camino venga a cobrarse un 75% de esa nada. La nada es ese trono inexistente que siempre lo va a ocupar otro, esa felicidad que busca el sueño americano, un sueño hipócrita soñado por máscaras pervertidas, retorcidas y lisiadas, un sueño que se va por el váter en un motel de Louisville donde se pierde toda esa fantasía inútil para ganar algo tan mísero y deprimente como el carácter.
Eddie Felson vivirá toda su vida acompañado de ese carácter, sabiendo lo que pudo tener y todo lo que perdió, y probablemente conformándose con lo que ahora tiene. No quiero comprobarlo, me conformo con imaginármelo, así que quizás no vea esa revisión llamada "El color del dinero" del gran Scorsese porque creo que hay que dejar ciertas cosas como están y no tocarlas, y esta obra maestra que nunca terminaré de conocer es una de ellas. Una grandiosa película, una grandiosa lección de cine, de vida. Una película que está filmada por Robert Rossen pero que es mía.
"Dime, Bert, ¿cómo puedo perder?
Tenías razón no basta tener talento hace falta carácter también.
Estoy seguro de que ahora tengo carácter.
Lo encontré en un hotel de Louisville."
GVD 
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No es país para viejos (No Country for Old Men) (2007)
Joel Coen, Ethan Coen
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| 85 de 111 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
13 de Febrero de 2008 |
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Los hermanos Coen siempre me han merecido mucho respeto por eso tan necesario como a veces ausente llamado originalidad. Traten de lo que traten, ya sean homenajes o de cosecha propia, sus películas llevan marcadas a fuego un estilo tan negro como sarcástico, para bien o para mal. Todo parecía apuntar que la magistral novela de Cormac McCarthy, “No es país para viejos”, que estos dos superdotados iban a adaptar iba a ser innecesariamente “coenizada”. Pero, afortunadamente, no ha sido así.
Lo que me encuentro es con una adaptación fílmica poco menos que perfecta, que sí incluye esos rasgos tan sarcásticos aquí más afortunados que nunca, pero que sabiamente no tapan en ningún momento el portentoso espíritu de la novela original, dejándolo tal cual. Y eso es muy de agradecer.
Lo que empieza siendo una formidable película de acción y suspense, con una fuerza visual y narrativa portentosa, con una violencia descarnada y cruda, con sangre, suciedad, humor amargo, dureza, etc., resulta que se trata de una poesía al rojo vivo. Sí, Virginia, en efecto, como hacía el gran Peckinpah. Sacando lirismo de la crudeza.
El robo de un maletín con un montón de pasta dentro que se supone que ha de solucionar la vida de un pobre diablo, acciona una devastadora espiral de violencia que arrollará con todo lo que se le pase por su camino. Y este huracán, que es la propia encarnación de la Violencia, así con mayúsculas, no es otro que el antológico personaje que ha creado Bardem. Tan absurdo, desquiciado, temible y monstruoso, como la propia violencia , guiado por un principio tan injusto y atroz como el del azar, ya sea por la cara de una moneda o por el humor que tenga ese día.
Y lo que hace que esa rendición y lirismo tan peckinpahniano salga a la luz, es el personaje de Tommy Lee Jones. El testigo de toda esta jungla repleta de cadáveres que está montando el depredador de Bardem, el que trata de evitar que esto ocurra, de pararle los pies al huracán. Pero sólo alcanza a tener suerte de que no se lo trague.
El Tommy Lee Jones de aquí, como el de “En el valle de Elah” o “Los tres entierros de Melquíades Estrada”, significa la derrota, la tristeza, el crepúsculo, la rendición. Y el tío lo clava. No sólo es que ya no sea país para él, sino que no es mundo para ninguno de nosotros como tengamos la desgracia que cruzarnos con esa violencia implacable. Grandiosa.
“A veces yo también me río. No se puede hacer otra cosa.”
GVD 
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La clase (Entre les murs) (2008)
Laurent Cantet
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| 60 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Enero de 2009 |
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- El material: unos veinte adolescentes, es decir, proyectos de adultos, que hay que formar. Los hay de todo tipo y de todas las clases en cuanto a físico y a carácter, resultando completamente humanos, que no modelos como los de las repugnantes series de TV de chavales.
- El artesano: un profesor que no es un cabrón fascista armado con regla ni Robin "hada madrina" Williams en "El club de los poetas muertos", sino un ser humano (perdón por repetirme, pero es que ver esto en el cine me sorprende). Un tío capacitado, que logra que la clase funcione en la medida de lo posible, pero que comete algún que otro error (y no pequeño), como todo bicho viviente haría en esta situación.
- El taller: la cámara jamás nos saca de esas paredes estrechas que nos encierran en la cotidiana lucha dialéctica por la eduación que siempre acaba en guerra psicológica. Lo que ocurra en el exterior pertenece al terreno de la conjetura. Dentro del instituto conviven dos terrenos: el de la civilización (clase) y el de la selva (recreo), que contrastan muy claramente en la escena en la que el profesor sale del primero al segundo.
- El proceso: moldear personas es algo bastante complicado. En caso de que individualmente el material sea dócil y maleable como algunos de los personajes/personas que nos encontramos la cosa funciona, pero en cuanto se presentan duros y afilados ya es otra historia. Y si ya los juntamos no hay dios que pueda con ellos. Incluso habrá que desechar material para que la máquina ande. Así, deshumanizando lo humano. Lo racional falla. Pero, ¿así realmente funciona?
- El futuro: llegamos al final del trayecto. Se han jugado todas las bazas. La mayoría del material ha ascendido un peldaño más en el proceso para llegar a ser adultos, lo cual es un éxito muy relativo. La cuestión lógica que habría que preguntar ahora sería: ¿han aprendido?, pero tal como está planteado el proceso, eso es secundario. Este proceso no consiste en adquirir conocimientos, sino que intenta ser un trampolín para que el material alcance una polsición social vía trabajo. La herramienta para vivir. Pero, ¿y si en realidad es un obstáculo?
La película nos plantea la situación con la veracidad como principal arma y deja entrever alguna que otra pregunta. Lo de las respuestas ya es cosa nuestra. Que interese buscarlas o no, ya es cosa de cada uno, pero el planteamiento de las dudas es admirable.
Sillas vacías. El futuro es una incógnita.
GVD 
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