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Críticas de: GVD
GVD |
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(Madrid, España)
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| 954 | Películas valoradas |
| 122 | Críticas |
| 53 | Listas |
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| Media de sus votaciones:
6,4
(ver sus estadísticas)
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No es país para viejos (No Country for Old Men) (2007)
Joel Coen, Ethan Coen
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| 48 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
13 de Febrero de 2008 |
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Los hermanos Coen siempre me han merecido mucho respeto por eso tan necesario como a veces ausente llamado originalidad. Traten de lo que traten, ya sean homenajes o de cosecha propia, sus películas llevan marcadas a fuego un estilo tan negro como sarcástico, para bien o para mal. Todo parecía apuntar que la magistral novela de Cormac McCarthy, “No es país para viejos”, que estos dos superdotados iban a adaptar iba a ser innecesariamente “coenizada”. Pero, afortunadamente, no ha sido así.
Lo que me encuentro es con una adaptación fílmica poco menos que perfecta, que sí incluye esos rasgos tan sarcásticos aquí más afortunados que nunca, pero que sabiamente no tapan en ningún momento el portentoso espíritu de la novela original, dejándolo tal cual. Y eso es muy de agradecer.
Lo que empieza siendo una formidable película de acción y suspense, con una fuerza visual y narrativa portentosa, con una violencia descarnada y cruda, con sangre, suciedad, humor amargo, dureza, etc., resulta que se trata de una poesía al rojo vivo. Sí, Virginia, en efecto, como hacía el gran Peckinpah. Sacando lirismo de la crudeza.
El robo de un maletín con un montón de pasta dentro que se supone que ha de solucionar la vida de un pobre diablo, acciona una devastadora espiral de violencia que arrollará con todo lo que se le pase por su camino. Y este huracán, que es la propia encarnación de la Violencia, así con mayúsculas, no es otro que el antológico personaje que ha creado Bardem. Tan absurdo, desquiciado, temible y monstruoso, como la propia violencia , guiado por un principio tan injusto y atroz como el del azar, ya sea por la cara de una moneda o por el humor que tenga ese día.
Y lo que hace que esa rendición y lirismo tan peckinpahniano salga a la luz, es el personaje de Tommy Lee Jones. El testigo de toda esta jungla repleta de cadáveres que está montando el depredador de Bardem, el que trata de evitar que esto ocurra, de pararle los pies al huracán. Pero sólo alcanza a tener suerte de que no se lo trague.
El Tommy Lee Jones de aquí, como el de “En el valle de Elah” o “Los tres entierros de Melquíades Estrada”, significa la derrota, la tristeza, el crepúsculo, la rendición. Y el tío lo clava. No sólo es que ya no sea país para él, sino que no es mundo para ninguno de nosotros como tengamos la desgracia que cruzarnos con esa violencia implacable. Grandiosa.
“A veces yo también me río. No se puede hacer otra cosa.”
GVD
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El buscavidas (1961)
Robert Rossen
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| 36 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Mayo de 2007 |
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En la vida de todo aquel que ame el cine o simplemente con que le guste un poco hay una serie de películas a las que se vuelve una y otra vez, cada vez que se empiezan a ver se desea volver, y cada vez que se terminan deseas no volver para que esa vez no se acabe. Son lo que yo llamo obras maestras, o poniéndolas un nombre más personal, películas de mi vida. "El buscavidas" es una de esas películas.
Todo lo que aquí escriba sé que no le hará justicia, porque es una película que significa demasiado para mí, un sentimiento casi afectivo que es imposible describirlo con palabras, al menos, palabras que la ajusticien. Incluso las diez estrellitas se me quedan cortas. Es una película elegante y sobria en la superficie, pero en el interior late todo un corazón, un corazón amargo, desencantado, trágico, lúcido, dolido, un corazón perdedor, pero un corazón al fin y al cabo. Un corazón lleno de vida.
Es una historia como otra cualquiera pero al tiempo única, que ejemplifica no sólo el tema del perdedor que se le atribuye, sino que habla de la vida, en general, de lo que buscamos en ella y de lo que vamos perdiendo en el camino para llegar a un final en el que no hay nada y en ese camino hemos perdido todo lo que teníamos para que después ese mismo camino venga a cobrarse un 75% de esa nada. La nada es ese trono inexistente que siempre lo va a ocupar otro, esa felicidad que busca el sueño americano, un sueño hipócrita soñado por máscaras pervertidas, retorcidas y lisiadas, un sueño que se va por el váter en un motel de Louisville donde se pierde toda esa fantasía inútil para ganar algo tan mísero y deprimente como el carácter.
Eddie Felson vivirá toda su vida acompañado de ese carácter, sabiendo lo que pudo tener y todo lo que perdió, y probablemente conformándose con lo que ahora tiene. No quiero comprobarlo, me conformo con imaginármelo, así que quizás no vea esa revisión llamada "El color del dinero" del gran Scorsese porque creo que hay que dejar ciertas cosas como están y no tocarlas, y esta obra maestra que nunca terminaré de conocer es una de ellas. Una grandiosa película, una grandiosa lección de cine, de vida. Una película que está filmada por Robert Rossen pero que es mía.
"Dime, Bert, ¿cómo puedo perder?
Tenías razón no basta tener talento hace falta carácter también.
Estoy seguro de que ahora tengo carácter.
Lo encontré en un hotel de Louisville."
GVD
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Fat City, ciudad dorada (1972)
John Huston
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| 34 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
25 de Junio de 2007 |
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No hay esperanza, no hay alivio, no hay alegría, sólo la vida, que es una puta mierda. Intentemos que nos cojan para poder segar el campo, para ganar unos billetes que nos ayuden a seguir tirando. Cojamos la botella y perdámonos en su ayuda, ella se ocupará de que todo vaya mejor, relajémonos. Despertémonos y veamos nuestra habitación formada por paredes con grietas que se extienden a un techo que parece que está cayendo ante nosotros, pero no se cae, es un resacón. Todo el mundo sigue tirando, van haciendo sus compras pensando en sus cosas, ¿qué pensarán?, ¿en su soledad, en su trabajo, en su felicidad?. A lo mejor todos somos felices y no nos damos cuenta. A lo mejor. Preparémonos para el combate, probablemente lo ganemos y recuperemos nuestra honra. El tipo parece fuerte, y en el primer asalto le hemos dado fuerte en el estómago. Parece dolido. Mientras le golpeamos el tipo nos da fuerte y nos tumba, qué cabrón, y nosotros preocupándonos por él. Ataquemos fuerte, machaquémosle, un directo, otro, parece que sangra, se rinde y cae sobre nuestros hombros recorridos por sudor. No es un abrazo fraternal, es un abrazo de perdedores, porque aquí no ha ganado nadie, el combate estaba perdido de antemano para todos. Cien pavos de recompensa, esto no da ni para comprar la felicidad. La botella abre sus brazos de par en par y nos ofrece su compañía. Quién puede resistirse. En un momento de retorno de la embriaguez reconocemos la realidad en un espejo, miramos nuestra cara, está recorrida por cicatrices, se nos cae el pelo, nos hacemos viejos. La vida sigue su curso y no nos espera, nos trata con desprecio. Nos despertamos en nuestro fracaso y el sol nos ciega, va a hacer calor en el trabajo.
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Este drama no es el nuestro, es el de esta película. Sin embargo, la película no sólo nos transmite la tristeza y la agonía, sino que nos las cede. Estamos todos jodidos viéndola, el drama se convierte en nuestro. No es cine, es la pura esencia del fracaso, es el dolor rodado. Es atroz y terrible. Me resulta imposible criticar esta película porque no es una película. Es la amargura de la vida.
GVD
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Doce hombres sin piedad (1957)
Sidney Lumet
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| 25 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
3 de Enero de 2008 |
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Permítanme que me presente, soy el Dr. Sidney Lumet. Hoy voy a llevar a cabo un experimento para estudiar esa cosa tan abstracta y desconocida como es la sociedad. Para ello voy a introducir doce especímenes en una claustrofóbica sala. Los especímenes serán los siguientes:
1- Buenos modales
2- Inocencia
3- Ira
4- Prepotencia
5- Infancia en suburbios
6- Inhibición
7- Estupidez
8- Razonamiento
9- Experiencia
10- Prejuicio
11- Humildad
12- Frivolidad
Una vez añadidos, procedo a añadirles una dosis de caso de homicidio en primer grado. Ahora deberán reaccionar y cambiarán a color rojo (culpable) o verde (inocente). Veamos qué sucede... Humm....Van cambiando de color...Rojo, rojo, rojo....¿eh? ¿Uno verde? Todos se han vuelto de color rojo excepto el Razonamiento.
El siguiente paso será subir la tensión y aumentar a una temperatura asfixiante y dejarles en cocción durante dos horas.
(En el spoiler el Dr. Lumet cuenta el final del experimento, así que si no habéis visto la película no lo leáis)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Una hora después: ¡Demonios!, están poco a poco cambiando de color rojo a verde. Al parecer cuando los demás especímenes entran en contacto con el Razonamiento van cambiando... Humm... Interesante.
Al finalizar la cocción todos han cambiado a verde (no sin esfuerzo), y el resultado es un brebaje penetrante, agudo, fascinante y genial. Obra maestra absoluta.
GVD
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Eva al desnudo (1950)
Joseph L. Mankiewicz
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| 28 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
20 de Octubre de 2007 |
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Hay un fenómeno que se repite una y otra vez en el cine, y supongo que en todos los campos de interpretación, que es que cuando las actrices cumplen los cincuenta de repente desaparecen. No siempre, claro, muchas actrices se mantienen (y digo actrices, porque parece que los actores con esa edad les dan más trabajo que a ellas), pero son las menos. Y no creo que la culpa de esto la tengan los productores o el público, sino el cabrón del tiempo, que no perdona. El estrellato, la fama y la gloria se reducen a un ciclo que se renueva una y otra vez bajo la batuta del tiempo. De esto y mucho más habla "Eva al desnudo".
No es un homenaje al teatro, ni de coña. El mundillo teatral es sólo un mero escenario, va infinitamente más allá. Habla de los sueños que una vez cumplidos ya no son sueños, sino una mera propiedad, aquí en forma de galardón, que no significa nada. Pero que para alguien lo significa todo, alguien que desea exactamente ese galardón. Pero, qué cosas, cuando la persona que posee el galardón se da cuenta de que otra lo quiere, saltan chispas. Y no sólo habla de esto.
Me podría tirar escribiendo horas y horas, y creo que jamás terminaría de contar de todo lo que habla "Eva al desnudo", por eso, lo reduzco en que habla sobre la vida en general. Decir otra cosa es quedarse corto. Y para llevarnos por esta historia, la película se sirve de uno de los guiones más asombrosos, inmejorables y perfectos que yo he visto en forma de película. Es un prodigio de sugerencia y explicitud, según convenga, y si se explicita, es en forma de los diálogos más ingeniosos, y a la vez naturales, que concebirse pueda; diálogos que desgranan a los personajes, que nos los describen, que los hacen perfectamente creíbles y humanos.
Pero encima, toda la galería de personajes que desfilan por la película no sólo están perfectamente escritos, sino que también están encarnados por interpretaciones excelsas. Por encima de todo, la actuación de Bette Davis, maravillosa, con una mirada que acuchilla, grandiosa, de una fuerza descomunal; seguida de ella, va un George Sanders genial, el cinismo y la ironía adquieren arte cuando salen de su boca; y después van Anne Baxter y Celeste Holm, profundamente creíbles, haciendo grandes creaciones. Y los demás secundarios muy bien.
Es que de lo maravillosa que es da asco, todos y cada uno de sus aspectos externos e internos funcionan a la perfección. Esta película es un milagro, un placer inconmensurable, al que se puede volver una y otra vez porque siempre parece nueva, un despliegue de ingenio y sabiduría. Y aunque de entre todos los temas que toca, uno de ellos sea el inquebrantable paso del tiempo, esta película alcanza la inmortalidad. Soberbia.
GVD
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