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Si nos olvidamos de lo absolutamente falsa que es como adaptación de la vida de James Matthew Barrie, tenemos una película tremendamente emotiva y, sobre todo, muy bien rodada que no es algo que se pueda decir mucho hoy en día. Artísticamente es notabilísima, destacando sobre todo una estupenda banda sonora que se llevó el Oscar, y el guión que como retorno al clasicismo decimonónico es sencillamente genial. La historia no deja de caer de vez en cuando en momentos forzadamente sentimentales, empezando por la conversión de un esquizofrénico pedófilo en sólo un nostálgico, pero alcanza momentos de gran fuerza narrativa, conmovedores sin llegar a lo sensiblero, y que le hacen recuperar a uno la fe en la capacidad y la fuerza de la imaginación. A ello colaboran unos actores que dan la talla en todo momento (aunque Johnny Depp tenga momentos en los que está bastante justito) empezando por la Winslet y acabando por los niños, pasando por unos secundarios incidentales con los que Marc Forster demuestra cómo se debe dirigir a este tipo de personajes, dejando a un lado los diálogos en favor de la presencia en pantalla de actores de la talla de Julie Christie y Dustin Hoffman. Y eso sí, para todos aquellos que la vean en V.O.S., que no se dejen de fijar en las inmensas interpretaciones de los brevísimos fragmentos de Peter Pan interpretados por Kelly Macdonald y Kate Maberly entre otros. Puede no ser la mejor película de su año, pero es una candidata más que digna y, por una vez, creo que no sería mala idea tomarle la palabra al señor Barrie y poner unos cuantos niños entre nosotros cuando la veamos.
Andunemir 
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