292 de 380 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Esto no es una película. Es un roce, una caricia, una mirada, una mano acariciando un rostro, una sonrisa casual a un desconocido en un ascensor, una ventana en un solitario hotel de Tokio, un árbol con mensajes de esperanza, sueños y deseos. Un amor que nunca existió, un amor tedioso, una rutina calmada, un brillo en medio del solitario mar, una persona esperando permanentemente, una joven inmensamente perdida, un hombre enormemente solo en una vida tediosa y trivial. La obra maestra de Sofia Coppola va más allá de lo simple. Plasma en imágenes lo intangible, lo inexpresable, lo que todo el mundo siente pero pocos saben expresar. Una cabeza apoyada en un hombro una madrugada cualquiera en una ciudad lejos de todo. Una complicidad subterránea que se va forjando de manera invisible, un amor de los que no se olvidan. Unas frases de Karaoke que esconden un esplendoroso mensaje de amor, dos personas corriendo de noche por la ciudad, fuegos artificiales en una discoteca, pistolas lasers en medio de un callejón, recreativas que encierran un mundo noctámbulo. Y en su momento más hermoso, es un encuentro fortuito, una lágrima cayendo por una mejilla, un abrazo apasionado, unas palabras susurradas al oído, una sonrisa, una despedida, unas miradas desgarradoras, unas vidas encontradas. Difícil se me hace comentar fríamente algo que a nivel personal me marcó profundamente. Probablemente la película que más haya influenciado en mi persona, en mi manera de ser, en mis gustos e incluso en mi forma de pensar. Como a cualquier persona para la que el cine haya significado algo y con el que haya experimentado alguna sensación inolvidable, a mi esta obra maestra se me quedó grabada a fuego en la mente. Se convirtió de manera inevitable en “la película de mi vida”. Jamas me borraré de la mente ese final, esa bella Scarlett apoyada en una ventana en una solitaria habitación de hotel, o paseando por los enormes parques de Tokio, correteando por los callejones nocturnos de la ciudad, o cruzando una enorme acera con un paraguas transparente. Ese Bill Murray irónico, gracioso, confuso, cantando en el karaoke, o intentando elegir la mejor moqueta, con su wiskhy en la mano y su sonrisa madura. Jamás se borrará de mi memoria esa canción final, ese susurro, ese "adios" tembloroso, esa mirada desconsolada y esas imágenes: un coche alejándose, una carretera por delante, la vida y el “just like honey…” sonando… mientras las imágenes se funden en negro y aparece en pantalla la causante de toda esta maravilla: Sofia Coppola. Probablemente mi vida hubiera sido totalmente diferente sin esta película, le debo lo que soy, y todo lo que amo y esto es algo que no me avergüenzo en absoluto de proclamar, por más burlas que me lleguen. Amo esta película, y punto.
90 de 126 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Con una brutal interpretación, Ellen Page se ha situado con esta gran ópera prima del director nóvel David Slade en una de las actrices jóvenes más prometedoras que se hayan podido ver en mucho tiempo y en una más que digna competidora hacía las también enormes Scarlett Johansson y Natalie Portman, a las cuales Ellen no tiene absolutamente nada que envidiar en lo que a talento interpretativo se refiere.
Secundada por un gran actor, visto recientemente en "El Fantasma de la Ópera" , Patrick Wilson, también enorme en un papel física y emocionalmente difícil, Hard Candy se convierte en un "tour de force" interpretativo como pocos se han visto últimamente. Pero no son sólo las interpretaciones de estos dos interesantes actores las que consiguen hacernos temblar sino además un guión muy, pero que muy cuidado (pulido multiplicidad de veces) junto con unos dialogos mordaces y tensos, la sobriedad de un único escenario como desarrollo del film y la fantástica química existente por los dos únicos actores protagonistas de toda la película. Todo ello dan lugar a una obra maestra "extraña" pero, al fin y al cabo obra maestra que no deja indiferente a nadie y que debería ser vista por cualquier persona que se precie de ser cinéfila. Por último queda claro que Hard Candy ya se ha erigido como un film no apto para el gusto unánime del publico y que será tan vapuelada por unos como amada por otros; Pero es precisamente esa gran variedad de opiniones lo que la convierte en un interesantísimo largometraje (desencadenante de numerosos debates) que pasará a englosar la lista de las llamadas "películas de culto".
Dejando a un lado todo lo dicho Ellen Page ya constituye una única razón por sí misma para visionar esta polémica película que desagradará a más de uno (y con razónes). Finalmente, con unas situaciones increíblemente tensas y terroríficas, Hard Candy consigue lo que se propone sin enseñar ni una sola gota de sangre y dejando todo el protagonismo a la mente humana, a la imaginación de cada uno de nosotros que nos jugará más de una mala pasada.
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spoiler:
La escena de la castración y la desesperada prolongación de ésta por parte del personaje de Jeff supone el climax de tensión de este film que jamas decae y que se pierde entre la multitud de géneros cinematográficos haciendonos muy dificil su catalogo dentro de un determinado "cajón".
72 de 91 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Tristísima y durísima película acerca de las injusticias humanas que pueblan el mundo de hoy retratado por el siempre sorprendente y magnífico director europeo Lars Von Trier, que para los que ya le conozcan, sabran de antemano el tipo de bofetadas que este genio del cine es capaz de dar a la conciencia dormida (en algunos casos inexistente) de cada uno de los espectadores. Esta película representa la cruda realidad del mundo de hoy desde un prisma ciertamente extremo pero al fin y al cabo (y por desgracia) realista a más no poder. Todos nosotros sabemos y conocemos perfectamente el egoismo que puebla la sociedad, ese que se mete en las venas y con el que los niños ya practicamente nacen, como una caracteristica genética más. El doble sentido o la doble moral es de sobra por todos conocida, es algo normal hoy día pero aún así, a pesar de semejante situación tan deplorable y patética es dolorosamente bello observar quer siguen habiendo personas a las que semejante "Peste" (como la llamaré a partir de ahora) no la ha afectado. Personas como Selma son como angeles en el infierno, es imposible que sobrevivan con toda su pureza en un mundo en el que tal cosa no existe, un mundo dominado por la falsedad y de esa misma forma falsamente cubierto de mentiras, de cosas "bonitas" dice la gente. Se engañan a ellos mismos si piensan que aún hay algo "bonito".
Selma fue una victima no de su propio egoismo sino del egoismo y el cinismo de los que la rodeaban, de la cobardia de un hombre, para colmo policía, que no era capaz de afrontar la precaria situación en la que se encontraba; de las ansias de poder del dueño de una fabrica, de la injusta venganza de una mujer hacía tiempo ciega y perdida en sí misma, de la envidia de los demás al fin y al cabo por la feliz ignorancia en la que Selma se encontraba sumergida, un mundo fantástico sin el que es imposible sobrevivir en semejante despojo en el que nos ha tocado vivir.
Faltan palabras para describir la sobrenatural interpretación de Bjork acompañada por el unico personaje que verdaderamente se preocupó de ella, Cvalda, Catherine Deneuve que resulta magnifica interpretando en su personaje el realismo al que Selma no quiere bajar.
Lo dicho: Obra Maestra del cine de todos tiempos que perdurará en la memoria mucho tiempo despues de su visionado, probablemente toda la vida.
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spoiler:
Sublime el numero musical de "I,ve Seen It All" con Bjork bailando en el tren y otro número al que se le ha prestado menos atención e igualmente grandioso y que nos hace contener la respiración al aproximarse su termino: "107 Steps" los 107 pasos de la celda a la sala del ahorcamiento. Pero por encima de todos, el único numero no imaginado, el ultimo, el cantado acapella por Bjork. Desgarrador, Terrorifico.
Resulta comprensible que Bjork no quisiera repetir la experiencia, si para nosotros ya es dura imaginaos para ella.
82 de 113 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Amelie... Amelie... Amelie... ¿Cuantos adjetivos podríamos utilizar para describir a Amelie? Los inventados por el hombre no serían suficientes.
Una de las personas más bellas que jamas haya conocido, y sin embargo... ficticia. ¿No debería todo el mundo ser como Amelie? ¿No sería lo lógico que la sinceridad, la honestidad y la inocencia fueran la moneda de cambio del mundo? ¿y que la mezquindad, la hipocresía y el cinismo, no fueran más que meras leyendas lejanas?... Ojalá pudieramos decir semejantes maravillas. Ojalá pudieramos todos ser como Amelie... Sería bonito ¿no?...
a pesar de todo tanta ensoñación me perturba, y es que no es facil no soñar despierto cuando uno rememora esas tiernas y hermosas sensaciones que nos otorga la película más sincera y humana que un servidor en estado catatónico haya presenciado. Audrey Poulain, Amelie Tautou, difícil diferenciarlas, difícil separar el personaje de la actriz cuando el primero posee tanta fuerza y se fusiona tan perfectamente con la segunda que pareciera que estamos ante una simbiosis milagrosa de realidad y ficción imposible de separar.
Jean Pierre Jeunet, ese ser que fue tocado por la gracia divina para crear una de las maravillas del siglo XXI, llegó, vió y venció, creó a un ser humano inocente y puro y sin embargo irreal para recordarnos a todos lo escasos que estamos en semejantes materias; dejando su película como una especie de testamento eterno que deja claro al ser humano que hasta que no cambiemos un poco, tales bondades solo podrán existir en la milagrosa magia del celuloide.
Ni Yan Tiersenn con su magnífica y evocadora música, ni la propia Audrey con su increíble simbiosis para con su personaje, ni el propio y magnífico creador de cuentos Jean Pierre podían imaginar el enorme impacto que su película iba a causar en muchos corazones humanos. Poco se podían imaginar ellos que "El fabuloso destino de Amelie Poulain" acabaría siendo el destino que mucha gente desearía en su vida, el destino de la gran mayoría de seres. Su destino debería ser el de todos nosotros... porque quien no adore a la Srta Poulain, quien no añore permanecer a su lado de por vida, quien no sienta su corazón palpitar rapidamente al observarla vivir, sencillamente no es humano, su frío corazón le habrá helado los sentimientos. Mientras él se amargará con las penurias del mundo, nosotros disfrutaremos con las ensoñaciones de Amelie... Una mujer que te cambiará la vida... y muy en serio.
Qué más se puede decir... nunca he sido muy proclive a escribir críticas cortas pero hay veces que la belleza del cine es tan abrumadora que las palabras no pueden más que inclinarse ante las maravillas. Enhorabuena Amelie, por tu bondad, por tu inocencia, por tu mirada y tu sonrisa... En resumen, por existir para nosotros.... aunque sólo sea en un sueño ficticio.
43 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Existen películas que te hacen reír, otras que te hacen llorar, otras que te enternecen, otras que te hacen olvidar la realidad, otras que te hacen consciente de su injusticia, otras que sencillamente te tocan el alma y su centro mismo. Existen muchos tipos de películas pero solo unas pocas tienen el privilegio de adentrarse con honestidad, humildad y ante todo Verdad, en los más apreciados rincones de tu memoria. En mi caso, “El hombre Elefante” ha sido una de ellas. Me ha hecho derramar amargas lágrimas, que sé que Lynch me ha sacado sin trampa ni cartón, sin sensiblerías ni efectismos, sino con la más devastadora de las realidades. La de un Ser Humano, que ante todo era eso, una persona. Un hombre que tuvo la desgracia de nacer deforme, que fue víctima del patetismo, la inmundicia, la injusticia y la decadencia humanas, testigo de cómo las personas podemos ser a veces tan sumamente merecedoras de desaparecer de la manera más cruel posible de este mundo, teniendo en cuenta los actos que somos capaces de cometer sin piedad ninguna. Mentiría si dijera que no he sentido nada, que no he pensado nada, que no he querido pegarle un tiro en cada ojo a todas y cada una de esas personas que tan cruelmente trataron a John Merrick, a los que le miraron y se rieron de él, a los que humillaron, a los que le maltrataron. Sería hipócrita decir que realmente no he sentido la necesidad de hacerlo. Tal vez parezca exagerado para algunos verme pronunciar palabras tan tajantes en torno a una película. Pero no es demasiado descabellado si tenemos en cuenta que estos hechos ocurrieron y ocurren diariamente a muchas, muchísimas más personas de las que si quiera podamos imaginar. Para desgracia de los que tienen un poco de decencia y corazón, todavía quedan personas en el mundo capaces de los más terribles actos. Personas capaces de maltratar a una joven de 16 años en el sótano de una casa y hacer partícipes a sus hijos de semejante depravación, personas capaces de matar su vecino por una simple disputa, personas capaces de maltratar y aún matar a su antigua pareja por puros celos y por pura cobardía, personas capaces de burlarse sin piedad ninguna de otra hasta el punto de provocar su suicidio. Si… realmente somos patéticos.
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spoiler:
Y películas como esta me lo confirman. Sencillamente me dicen que, si, podemos enseñar la felicidad máxima a una persona que jamás en su vida la ha conocido hasta entonces, podemos construir civilizaciones, podemos crear obras de arte de una belleza sobrecogedora, películas que nos toquen el corazón, cuadros que nos remuevan el alma, canciones que nos ericen la piel, libros que nos hagan viajar, atardeceres que se conviertan en instantes mágicos, manos que se entrelacen, besos apasionados en mitad de una playa, instantes de lo que significa la verdadera hermosura de la vida humana, de sus mágicos detalles y momentos. Pero verdaderamente no sé si todo eso compensa el daño que somos capaces de hacer. Se puede tardar años en pintar un cuadro, siglos en levantar un imperio pero solo un segundo en destruirlo. Es algo aplicable a casi todo. La creación no es instantánea, la destrucción si. Un corazón roto puede cicatrizar pero la muestra del daño siempre permanecerá. Probablemente divague, sé que lo hago, pero necesitaba desahogar todas las reflexiones que esta obra maestra me ha provocado. El eterno dilema de si somos merecedores del preciado bien de la vida, o realmente deberíamos desaparecer de este mundo para no acabar destrozándolo por completo, a él mismo y a las personas que lo habitamos.
John Merrick lo supo en el último momento. Se dio cuenta de que nunca podría conocer felicidad más hermosa y efímera que esa. Sabía, o al menos intuía, que a final la crueldad volvería por otra vía, porque en la vida real siempre sucede. Decidió aprovechar el momento más feliz de su existencia, para morir con toda la dignidad que la humanidad le había arrebatado durante toda su vida.