44 de 70 usuarios han encontrado esta crítica útil.
¿Qué es una falacia? Dicho en pocas palabras es un razonamiento incorrecto que demanda de una fuerte atención para ser detectado como tal. Existen diversos tipos de falacias según el fin que persigan. En el caso de este documental no podría definir a qué tipo de falacia corresponde ya que en las larguísimas más de dos horas que dura presenta falacias de varios tipos.
Antes que nada quiero aclarar que tengo mil críticas al sistema educativo actual argentino. Pero esta película tuvo el poder de transformarme instantáneamente en su defensora más implacable. Tan mala es.
Habiéndola visto sin tratar de perderme una sola palabra no puedo más que especular que este documental es una forma de “publicidad no convencional”, como ahora se la llama. De distribución gratuita y con fines aparentemente filantrópicos ¿Qué se publicita? Los colegios privados, de difícil acceso a las clases populares donde se imparte “la educación prohibida”. ¿Cómo se los publicita? Induciendo al espectador a creer que sus hijos están para algo más que la educación pública, gratuita y obligatoria. Lo que me hace recordar una gran línea de diálogo de “Pactar con el diablo”, cuando Milton (Al Pacino) dice: “La vanidad, mi pecado favorito.”
Yendo a lo estrictamente cinematográfico el documental es patético: vincula (mediante la edición de imágenes y voces en off) el modelo de educación prusiano (que pareciera según la película no haber tenido modificaciones en casi dos siglos) con la guerra y el nazismo. Se pretendió enmascarar la insolvencia intelectual de los entrevistados insertando en la edición, y fuera de contexto, citas nada menos que de Einstein, Fromm o Paulo Freire (!), como si sus palabras refrendaran el contenido de la película. A la vez que se hace un escarnio de la educación pública actual no se le ofrece ni un segundo la cámara y el micrófono a algún docente de una escuela tradicional para que pueda decir que entre ellos también hay gente (y muchos) que tienen inteligencia emocional, que traban con sus alumnos lazos afectivos y se preocupan por sus vidas. A esos docentes que hacen en escuelas marginales su trabajo lo mejor que pueden, en lugar de darles la palabra, se los caricaturiza de un modo vulgar y cruel; es extraño este nivel de agresión proviniendo de quienes (como se puede inferir, también el director) proclaman ante todo el amor al prójimo. Del mismo modo maniqueo se muestra a los alumnos como robots repitiendo como idiotas “actinio”, “ácido desoxirribonucleico” y con las manos atadas a las sillas del aula. Ambas dramatizaciones tienen la soslayada intención de comunicar algo que no es verdad: que en las escuelas públicas se trata a los alumnos como entidades desprovistas de humanidad y que una nota númerica en una evaluación los califica como personas. Esto es absolutamente falso.
La ensalada conceptual que nos ofrece uno de sus especialistas (el que habla delante de una fuente, con cipreses de fondo) cuando mezcla la evolución, la citología y el amor, no tiene desperdicio. Y Gastón Pauls no tiene idea del papelón que ha hecho filmando este panfleto.
Volviendo a las voces ausentes, así como no se ha entrevistado a nadie que haya participado en la reforma educativa cubana, también le prohíben la palabra a los neurólogos, luego de afirmar alegremente que la dislexia, los trastornos de atención y no recuerdo qué otras condiciones más no son otra cosa que etiquetas que arbitrariamente se le ponen a los niños por no aceptar su diversidad. ¿En qué lugar de privilegio creen que están respecto del resto del mundo para hacer tal afirmación?
No le dan ninguna importancia a los títulos ni a las evaluaciones. Pero si un niño tiene apendicitis. ¿A quién van a buscar para que lo opere? ¿A un cirujano? ¿Por qué? Podrían llevarlo a algún egresado de una escuela Waldorf que haya demostrado grandes habilidades de motricidad fina, o mejor aún, que el niño se extirpe el apéndice a sí mismo, así vivencia la experiencia y aprende por el camino del descubrimiento.
Por último, para aportar algo más a mi hipótesis de que se trata de publicidad para la educación privada de élites, (observar que los escenarios desde donde hablan los entrevistados son en su mayoría lujosos) quisiera agregar que no se hace una sola propuesta real, concreta y con los pies en la tierra, considerando el rol del Estado para llevar este modelo, al que consideran como salvador de la humanidad, a una escala que incluya a los más castigados: los niños que tienen un hogar que no desborda de oportunidades ni de amor. Si tampoco desborda de dinero, para ellos esta sí es, sin dudas, “la educación prohibida”.
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Estamos ante una película cuyo mayor desacierto es no lograr crear en el espectador la sensación de verosimilitud. Todos sabemos que cuando vemos una película adherimos a un acuerdo con el director en el que aceptamos que vamos a creernos lo que él nos cuenta. En este acuerdo, esta vez, yo puse todo de mi parte para intentar explicar por qué ese matrimonio (Alan y Nancy) permanecía innecesariamente durante los 79 minutos que dura la película en el departamento de Penélope y Michael. Pero ni Polanski ni Yasmina Reza (la autora de la obra original) me dieron en ningún momento la razón para poder entrar en el juego de la trama y que la historia me resulte creíble. Cuatro personas que atravesando una situación medianamente complicada sacan lo peor de cada uno atacándose y tejiendo y destejiendo alianzas para terminar todos contra todos, no es ningún hallazgo. Filmar entre cuatro paredes, tampoco. Pero si dentro de las cuatro paredes ocurre algo tan interesante como, por ejemplo, en “Tape”, de R. Linklater, la curiosidad del limitado escenario resulta anecdótica. Tengo la sospecha de que aquí tal vez se pretendió hacer de lo técnico algo central, pero en el sentido de prescindir de los recursos. A los personajes les faltó media hora de horno. Y la historia… ¿Alguien me puede contar la historia? En fin, una obra de teatro filmada que pretende declamar las contradicciones de los pobres mortales de occidente, pero que resulta panfletaria y a medio terminar.
8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Qué está pasando con el cine, me pregunto, por qué se ha hecho tan frecuente hacer películas raras en lugar de buenas. En qué habrá pensado la directora, también me pregunto, al elucubrar un engendro como éste.
Voy a tratar de explicar por qué esta es una película tan mala:
- Usa la elipsis de forma exagerada e inapropiada. Como consecuencia no se logra comprender a los personajes y tanto ellos como la historia nos resultan ajenos e indiferentes.
- No sé qué efecto se quiso lograr poniendo la cámara lejos. La ausencia del primer plano no hace más que reforzar la distancia que sentimos nos separa de sus personajes.
- El timing goza de tanto desequilibrio como la psiquis de los personajes. No hay tiempo dedicado a delinear en lo más mínimo la relación de Lucy con su amigo o con el dinero, pero si se sacaran las escenas en las hay gente desabrochándose la camisa, la película duraría 15 minutos menos.
- Siguiendo con el timing, toda la película parece una larga introducción, todavía nos sabemos a qué. Porque ni siquiera el final se hace entender.
Una pérdida de tiempo, un insulto no recomendable ni aún a los cinéfilos más extravagantes y mejor dispuestos.
Transcurrieron al menos doce años desde que vi por primera vez “Celebración”. Ayer lo hice nuevamente y comprobé la teoría (postulada por mí) que sostiene que a las películas buenas se las puede ver dos o más veces y disfrutarlas siempre (en la teoría, ampliada, ese número de veces es proporcional a las virtudes de la película; en el caso de “El Padrino”, por ejemplo, el número de veces tiende a infinito)
Celebración es, sobre todo, una película precisa. Es clarísimo que el director sabe a dónde va y lo logra. El tema central fue abordado en infinidad de películas y libros. Pero aquí se lo presenta trascendiendo a los hechos mismos, permitiéndonos dimensionar el efecto inexpugnable que la infancia tiene en la vida entera. Más allá de la perversidad de los hechos, la historia nos muestra cómo el desamor materno puede expresarse con silencio, negación e indiferencia; cómo el racismo y la segregación y el desprecio por la diferencia logran su punto más aberrante en la breve confesión del padre a Christian (“Era para lo único que servías”)
Todos los personajes son creíbles hasta la fibra más íntima y es sublime la interpretación de Paprika Steen en el personaje de Helene o la de Ulrich Thomsen (Christian)
La complejidad de cada uno de los personajes es inconmensurable, pero a la vez a ninguno de ellos le falta ni un ápice para estar definidos en forma plena, combinación ésta casi imposible de lograr, mucho menos en algo menos de dos horas.
Que la película es del movimiento Dogma, que no tiene música, que se filma cámara en mano son sólo detalles que aportan una estética nueva para los `90 y a la que hoy ya estamos acostumbrados. Podríamos definir a esta película con un oxímoron: “Es un clásico de vanguardia”, ya que su mayor virtud es que con una lógica innovadora alcanza el mérito de los grandes clásicos y así nos ofrece una mirada nueva y única frente a los tormentos universales del alma.
Que a uno no le guste una película que denuncia la violencia de género no significa que esté a favor de tales crímenes. Que sí le guste la película tampoco implica lo contrario. Eso en primer lugar.
En segundo término hay que aclarar que, según yo lo entiendo, “La fuente de las mujeres” no trata de la violencia de género, sino de la violencia en general. La historia transcurre en un país cuyo nombre y ubicación desconocemos, en el que viven musulmanes, la mayoría analfabetos, que hablan en francés y cantan en otro idioma (!) En ese país las esposas son violadas delante de sus hijos, a las mujeres se les muere la mitad de los hijos que paren debido a los maltratos que padecen, las madres eligen la esposa a sus hijos varones aunque así les arruinen la vida, el castigo físico a los niños es parte de su educación, se impide a las mujeres mantener correspondencia e incluso los padres deciden a su antojo si van a permitir o no a sus hijos o hijas a aprender a leer y escribir. En ese país el Estado no tiene ningún respeto por los derechos humanos ni vela por ellos. Y en ese país, también, hay pueblos rurales que no tienen electricidad ni fuente de agua y las mujeres deben caminar largos trechos por la montaña para abastecer a sus familias del preciado elemento. Ante semejante realidad planteada el director de esta película ha decidido tomar como eje de la trama el abastecimiento de agua.
Esa decisión podría interpretarse como la elección de un elemento simbólico para abordar el problema de la violencia. Si, en el mejor de los casos, fue así, el objetivo no ha sido logrado. Y no se logró por una cuestión que es absolutamente intrínseca a la película y que tiene que ver con el hilo narrativo de la misma. Abelardo Castillo, el gran escritor argentino, dice que “toda sintaxis es una concepción del mundo”. Esta afirmación es trasladable de la literatura al cine y el paralelo de sintaxis en este caso es la dirección. En esta película se comete la aberración conceptual de saltar de las escenas donde se manifiestan formas de violencia e injusticia desgarradoras con escenas planteadas en tono de comedia. El director lo hace con la gracia de un hipopótamo saltando a la soga. Ayer vi esta película en un pequeño encuentro tipo cine club y sentí que un abismo me separaba de las personas que se reían en las escenas pretendidamente graciosas. Construir pasajes de comedia tratando tal temática es una concepción del mundo, y reírse de ellas también.
Por último, me ha resultado bastante ofensivo que desde Francia para denunciar la violencia se haga una película que transcurre en “el otro mundo”, el mundo musulmán, el mundo de Medio Oriente, el mundo que no son ellos. Como si en Francia o en Europa no hubiera casos de violencia contra las mujeres, los niños o los inmigrantes por los que haya que reclamar.