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Críticas de: Clínex rotos

Ordenadas por:
65 críticas (Ver todas por título) Página: 1
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El puente sobre el río Kwai (1957)
Notable
David Lean
48 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Pasable 25 de Octubre de 2008
La II Guerra Mundial concluyó en 1945 y esta película -que se ambienta en ella- es de 1957; obviamente, doce años es muy poco tiempo para que las heridas psicológicas, ideológicas y sentimentales cicatricen en cualquiera de los bandos enfrentados y esperar, por tanto, una visión de los hechos lo menos manipulable posible, pero es que "El puente sobre el río Kwai" se pasa tres pueblos en su intento "revisionista" de dignificar al Imperio Británico frente al Imperio Japonés. Y no me lo esperaba siendo, como de hecho es, uno de los títulos más citados, más programados y más vistos de la centenaria historia del cine. Ahora comprendo por qué: al gran público (a la masa) debe quedarle bien clarito que la flema británica está por encima de la subdesarrollada mentalidad nipona.

Es una pena. Había guardado este título para verlo en el momento adecuado, y me ha decepcionado profundamente por la jodida propaganda, que trata al espectador directamente como un gilipollas en potencia. Y es que, vamos a ver: ¿quién demonios se cree que los japones son tan ineptos que ni siquiera pueden levantar un puente en medio de la selva? (la frase en la que Alec Guinness le dice a uno de sus oficiales "vamos a enseñarles a éstos cómo se hace un puente" es toda una declaración de principios). Eso por no mencionar el regodeo, casi infantil, que hay en la sádica relación entre Guinness y Sessue Hayakawa (el jefe japonés al frente del campo, y quien de lejos es lo mejor de la función).

Vamos a pecar de ingenuos, e intentar ser ecuánimes: si lo mejor de la película es la actuación de Hayakawa, no menos cierto es que la mejor escena no es suya, sino de Guinness, cuando lo sacan del barracón donde llevaba encerrado dias pasando calor, hambre y sed. Esa escena de un Guinness absolutamente demacrado y caminando al lado de los soldados japoneses mientras es observado por su ejército, es pura poesía visual.

William Holden -es una pena- está patético de principio a fin, en especial cuando se fuga del campamento y tiene esas secuencias de postal en la playa con la chica de turno (¿estamos a lo que estamos o no estamos?). La música, la fotografía y la puesta en escena son impecables, como no podía ser menos en una película firmada por David Lean. Pero, insisto, el tergiversador discurso político de fondo (heredero de la estética visual nazi) es de chiste. Quien quiera tragárselo, ahí lo tiene; pero por favor, respeten a los que no.
Clínex rotos
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Babylon (2008)
Pasable
Mathieu Kassovitz
34 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Muy mala 25 de Octubre de 2008
La película comienza con un Vin Diesel en la línea del mejor Bruce Willis: desaliñado, con careto resacoso, con barba de cuatro días, durmiendo con una pistola bajo la almohada.

Luego va el bueno de Diesel y se bebe casi un litro de agua él solito -escena impactante donde las haya-, sale de su casa, se compra un animal muerto, lo empieza a desmenuzar y se lo calienta en la sartén en plan Arguiñano. Aquí descubrimos la faceta culinaria -oculta hasta entonces- del personaje de Diesel, y, a tenor de lo que se ve en pantalla, parece que al muchacho se le da bastante bien.

Luego, justo en el momento en que va a probar el primer bocado, unos soldados interrumpen en su casa. Diesel se va con ellos; lo conducen al coche de G. Depardieu. Éste obliga a Diesel a aceptar una misión.

A partir de aquí, todo se va al carajo...

(cinco minutos, contabilizados).
Clínex rotos
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La vaquilla (1985)
Buena
Luis García Berlanga
20 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Buena 24 de Octubre de 2009
Jamás se da un documento de cultura que no lo sea
a la vez de la barbarie. E igual que él mismo no está
libre de barbarie, tampoco lo está el proceso
de transmisión en el que pasa de uno a otro.
Por eso el materialista histórico se distancia de él
en la medida de lo posible. Considera cometido
suyo pasarle a la historia el cepillo a contrapelo.
Walter Benjamin, Tesis de filosofía de la historia, VII.

De unos años para acá, todo el mundo parece haber llegado al feliz consenso de que el mejor cine de Berlanga fue el que éste rodó bajo la censura franquista; no seré yo, ni mucho menos, el encargado de discutir o corroborar tal afirmación, pero sí que me gustaría señalar sin titubeos que La vaquilla, con todo lo que tiene de deslazado, roza en varias ocasiones la maestría absoluta. El motivo de que no se instale definitivamente en dicho estado de intensidad creo que se encuentra más vinculado a la decadencia generalizada de medios y de mentalidad que salpicaba al conjunto del cine español de entonces (1985) antes que a una sincera falta de creatividad. Y es que frente a la visión neorromántica, demagógica y sesgada que la derecha y la izquierda española tienen en torno a la II República y la guerra (in)civil, La vaquilla supone una nada desdeñable tercera vía apoyada, como no podía ser de otro modo, en el humor y el esperpento. Siempre he sostenido que Berlanga y Azcona son dos de las pocas cabezas abiertamente lúcidas de las que puede presumir esa cosa llamada España y no sólo por motivos cinematográficos —que también—; Berlanga y Azcona recono-cen hasta tal punto la chapucería y el esperpento nacionales (o sea, la mentalidad española), que la enfocan de la única manera posible: con una cínica ironía. Así, nos muestran una guerra (in)civil alejada de las leyendas y la novelería con la que habitualmente se nos vende la moto y la narran como lo que en realidad debió de ser: una contienda cutre y miserable entre el bando tradicional (el de los toros y el machismo, la misa y las procesiones, las sevillanas y el caudillaje) y el progresista (supuestamente alejado del folklore anterior, aunque habría que ver hasta qué punto en realidad fue así). Berlanga y Azcona, en última instancia, lo que hacen es reírse de un pueblo que tiene la malsana costumbre de reírse poco de sí mismo y tomarse demasiado en serio. Y ya se sabe que tan estirada y gris actitud nunca puede conducir a nada medianamente fructífero, pues la seriedad suele ser, por norma general, un refugio con demasiados traumas sin ventilar…
Clínex rotos
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El árbol de la vida (2011)
Interesante
Terrence Malick
21 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Interesante 14 de Septiembre de 2011
Para el que no lo sepa, Terrence Malick estudió filosofía en las universidades de Harvard y Oxford, incluso impartió clases de filosofía durante un tiempo en el prestigioso MIT, mientras preparaba una interesante tesis doctoral sobre Heidegger tutelada por su maestro Stanley Cavell. Desavenencias entre ambos, hicieron que Malick abandonara su proyecto de tesis, así como sus clases, de manera que perdió su vinculación total con la academia para empezar una nueva andadura en el mundo del cine, un cine , por lo demás, muy particular, ya que para Malick el medio cinematográfico no es otra cosa que la herramienta con la que ha venido dando forma y contenido a sus inquietudes filosóficas.

En este sentido, "El árbol de la vida" es una síntesis de las ideas que Malick ha venido desarrollando en sus anteriores trabajos y líneas de investigación. Aunque peque de pedante y me fusilen por ello, considero necesario que deben leerse unos cuantos libros para poder interpretar los diversos discursos y simbologías que Malick expone en su apretada "El árbol de la vida", a saber: "Breve historia del tiempo", de Hawking; "Ser y tiempo" y "Carta al humanismo", de Heidegger (el autor que más ha influenciado a Malick y al que se debe el tono místico-religioso de la última parte de la cinta); "Discurso de la metafísica", de Leibniz; "Investigaciones filosóficas", de Wittgenstein; "Lenguaje, mente y sociedad", de José María Chamorro y la "Ética demostrada según el orden geométrico", de Spinoza.

Personalmente, la peli se me hizo algo pesada por una razón bien sencilla: el viaje intelectual que emprende Malick en sus imágenes-pensamiento ya lo experimenté a nivel personal hace unos años, de manera que mientras veía la película la sensación de lo ya vivido y sentido no me abandonó en ningún instante. Pero insisto: se trata de mi experiencia subjetiva y personal -como esta crítica, por cierto-.

Puedo entender, en cualquier caso, las numerosas críticas de rechazo e incomprensión hacia esta película, aunque no comparta casi ninguna. Y admito que Malick esté pecando de una cada vez menos disimulada megalomanía. Pero qué quieren que les diga: esto es filosofía (y no poesía, como se ha venido escribiendo). En imágenes, cierto, pero filosofía al fin y al cabo. Yo, personalmente, la abandoné hace tiempo, y mis inquietudes van ahora por otros caminos que, no por más mundanos, son menos complicados para mi frágil entendimiento. Es todo cuanto puedo decir al respecto.

P.D.: no hay que ser tan exagerados, la parte de la creación del universo y los dinosaurios que tanto se ha criticado por gratuita sólo son 15 minutillos de nada...
Clínex rotos
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Bienvenidos a la casa de muñecas (1995)
Buena
Todd Solondz
16 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Interesante 9 de Noviembre de 2008
Todd Solondz es un tipo que ha leído a Derrida y a los deconstructivistas, y eso se nota en su cine, ya que en lugar de regodearse babosamente con los platónicos y evanecestes valores de la industria cultural yanqui que nos afectan a todos, ha optado por defecarse con espesa abundancia encima de ellos sin importarle lo más mínimo las consecuencias. En este sentido, a Solondz podríamos etiquetarlo como un alumno refinado del grotesco John Waters, del "Salò" de Passolini y de las primeras temporadas de "Los Simpsons", sin duda tres de sus mayores referencias dentro del campo de la industria.

El cine de Solondz elimina de los actos humanos todo tipo de heroicidades y purezas absolutas y los envuelve en la arrogante patología que en el fondo nos carcome a todos. Por eso sorprende su cine, porque muestra ese lado con el que sólo somos sinceros (si es que lo somos) unas milésimas de segundo al día. En este sentido, las películas de Solondz abandonan cualquier tipo de puritanismo bienpensante y decide enfocar las inquietudes fisiológico-existenciales del cuerpo y la mente humanas desde la puerta trasera, esto es, sin autocensuras, ya que de lo que se trata es de que ese discurso en bruto hervido entre heces choque con las distintas sensibilidades del espectador (que en última instancia se han construido sobre el mismo fondo común).

"Bienvenidos a la casa de muñecas" como primer ejercicio de estilo, como obrita primeriza, no está del todo mal, pero para el que realmente esté interesado en el cine de este director lo mejor es que vaya directamente a la gran obra de Solondz: "Happiness".

Así habló Zaratustra.
Clínex rotos
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