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Críticas de: Brian Edward Hyde
Brian Edward Hyde Granada - España 
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La guerra de Charlie Wilson (2007)
Mike Nichols
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| 28 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
27 de Enero de 2008 |
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Si nos fijamos en su filmografía más reciente (sería imposible obviar El graduado) Mike Nichols es interesante no sólo por el duro análisis sobre las relaciones de pareja que llevó a cabo en Closer, sino también por la miniserie de la HBO Ángeles en América, donde retrataba el drama del sida en la década de los ochenta. Ahora regresa con una nueva cinta donde se aleja de los temas tratados anteriormente y se mete de lleno en la política internacional, concretamente en la invasión soviética a Afganistán que se dio durante los ochenta, y cómo Estados Unidos medió para acabar con el conflicto.
La historia cuenta la lucha de un congresista tejano, su mecenas y amante y un agente de la CIA para lograr que los fondos destinados a operaciones contra la URSS se incrementen de forma clandestina y lograr de nuevo cierta estabilidad en la zona en conflicto.
El hecho de estar basada en hechos y personajes reales no hace sino incrementar la necesidad de ciertas licencias narrativas, y en este caso Nichols apuesta por el tono burlón que ya le funcionó en anteriores trabajos. Charlie Wilson (Tom Hanks) es un hombre bonachón y vividor, y en cierto modo políticamente incorrecto como congresista estadounidense. Esto queda claro desde la primera escena. El guión va al grano a la hora de presentar a los personajes: muestra su personalidad mediante la forma de hablar, los gestos y el propio entorno que rodea a cada uno. Así pues, posteriormente encontramos a Philip Seymour Hoffman en el papel de un agente de la CIA tan caracterizado que puede resultar algo caricaturesco, pero funciona. Repite con Nichols, después de su último trabajo, Julia Roberts en un papel tan cómodo que le sienta como un guante, el de mujer de poder e influencia embutida en una atmósfera de glamour.
Poco a poco se va tejiendo la relación entre los tres personajes hacia un mismo objetivo, la lucha contra las fuerzas comunistas que oprimen en Afganistán. Tanto la historia como el tono son un arma de doble filo. La primera, porque tomada con la gravedad de cualquier cinta bélica podría pasar por aburrida a pesar del guión de Aaron Sorkin. El tono, porque ciertos temas no aceptan más que una perspectiva para no caer en la payasada. No obstante, La guerra de Charlie Wilson consigue conciliar una historia donde lo más relevante es el diálogo con el tono golfo de las comedias clásicas, cosa que en gran medida se logra gracias a un Tom Hanks que se mueve como pez en el agua; parece Tom Hanks haciendo de Tom Hanks haciendo de Charlie Wilson. No destaca ninguna interpretación, los tres principales se encuentran cómodos en sus papeles, como si actuaran por una suerte de inercia. A pesar de ello se nota la química cuando dos de ellos aparecen en pantalla, ya sean Hoffman-Roberts (su breve conversación en el bar), Hanks-Roberts o Hoffman-Hanks.
(sigue en spoiler)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Por su parte, destacable el empleo de material documental que enlaza con la recreación del conflicto afgano, las escenas ambientadas en dicho emplazamiento y los distintos cambios de escenario que otorgan cierta agilidad a un film que, sin llegar a ser sobresaliente, logra el objetivo de entretener. Como última curiosidad, no sé si algún seriéfilo se percatará de ello, pero algunos decorados me han recordado bastante a los que vimos en otros trabajos de Aaron Sorkin como El ala oeste de la Casa Blanca o Studio 60 on the Sunset Strip.
Lo mejor: interpretaciones solventes y excelente puesta en escena; que aspira a seguir el tinte de las comedias clásicas, todo un riesgo en el cine de hoy en día.
Lo peor: que el tono pueda restarle credibilidad; la leve autocrítica. Algo más de ambición no le vendría nada mal.
Brian Edward Hyde 
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El juego del ahorcado (2008)
Manuel Gómez Pereira
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| 14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Febrero de 2009 |
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El juego del ahorcado se trata de la última película, incursión en el drama, de Manuel Gómez Pereira, director que, como bien sabemos, se mueve especialmente bien en el campo de la comedia. Ya resulta mítica en nuestro cine alguna de sus comedias.
No obstante, El juego del ahorcado supone un nuevo punto de inflexión en su carrera por el cambio de género tras Reinas y por lo novedoso de toda la propuesta. Por una vez los protagonistas son adolescentes que ponen toda la carne en el asador. Se tratan de una Clara Lago y un casi desconocido Álvaro Cervantes que cumplen con creces las expectativas.
La historia podría definirse como thriller pasional, si es que se puede encuadrar en un género concreto. Sandra y David se conocen desde niños, cuando comenzaron a compartir juegos y secretos. Ahora, en plena adolescencia, es inevitable que su amistad vaya un paso más allá y los lazos se cierren apresándolos. No obstante, no es hasta que se da un suceso trágico que marcará sus vidas cuando realmente se dan cuenta de lo que se necesitan y de la relación que se forja paulatinamente entre ellos, basada en la confianza y en el sexo, ambos aspectos mero maquillaje para ocultar el secreto que los atormenta. La película funciona muy bien gracias a elementos como la elipsis, flashbacks muy oportunos y el transcurso del tiempo. Durante gran parte de su metraje el film se mueve sobre todo en el género del thriller con gran soltura, así como a la hora de narrar la relación de despertar sexual y romántico de la pareja.
Poco a poco, estos sentimientos se deforman y se hacen obsesivos, sobre todo por parte de David, que se transforma en el arquetipo de hombre machista y posesivo cercenando la libertad de Sandra. También los separan los proyectos de ambos con respecto al futuro: ella es buena estudiante y sueña con viajar a Dublín en Verano; él quiere dedicarse al mundo del motor y para ello aspira a convertirse en mecánico mientras echa una mano en el restaurante familiar. Los actores se salen a la hora de representar esa relación y pasar del romanticismo al drama en cuestión de minutos; pena que el director no se entregue con las mismas ganas… Hasta los secundarios están excelentes y sirven de apoyo a la historia central, ya que muestran otras perspectivas alejadas de la adolescente y romántica visión del mundo.
Mientras Sandra y David llevan la relación en secreto, con sus juegos (palabras deletreadas como en el juego que da nombre al film, encuentros sexuales, mensajes escritos sobre la piel), todo funciona, pero hay un momento, veinte minutos hacia el final, en el que todo se desinfla y pierde la fuerza de una historia que prometía y que podía haber dado mucho más. Así pues, una película digna que adolece de un tramo final anticlimático que no logra hacernos olvidar que lo que hemos visto hasta ahora vale mucho la pena. Tal vez el fallo sea que Manuel Gómez Pereira está más habituado a la comedia que al drama, y siempre es más difícil cerrar una historia trágica.
Brian Edward Hyde 
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Felicity (Serie de TV) (1998)
Matt Reeves (Creator), J.J. Abrams (Creator), Lawrence Trilling, Harry Winer, Keith Samples, Matt Reeves, Stan Salfas, Robert M. Williams Jr., Todd Holland, Barnet Kellman, Jack Bender, Danny Leiner, Joan Tewkesbury, Elodie Keene, Ken Olin, J.J. Abrams, Michael Schultz, Tony Bill, Joanna Kerns, Craig Zisk
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| 13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
9 de Octubre de 2007 |
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¿Os acordáis de Felicity? La anunciaron como serie estrella en Telecinco después de que llegara Ally McBeal y, efectivamente, se estrelló. Yo, que ya por entonces tenía ojo para las series, traté de seguirla, pero la ponían demasiado tarde para mí. Pues bien, por si no lo sabías, el creador fue JJ Abrams.
El otro día me bajé un capítulo especial, de estos que cortan la línea de una temporada. La historia de Felicity se puede resumir en pocas palabras: es la madurez académica, personal y sexual de una joven durante sus años de universidad. Allí va persiguiendo a un chico del que está enamorada, aunque después aparece otro y se forma el triángulo. El momento cúspide de la serie (y por lo que será recordada) fue el comienzo de la segunda temporada, cuando esta chica, tras acabar con una relación personal, decidió dar un cambio a su vida y se cortó el pelo, su cabello largo y rizado. Las audiencias cayeron en picado.
El capítulo del que os iba a hablar se titula “Ayuda para enamorados”, y está escrito por el mismísimo Abrams. Se trata de un episodio en blanco y negro en el que la acción transcurre, como si no hubiera pasado nada, en el pasado. Pero cuando digo en el pasado es como si se hubiera producido un viaje en el tiempo a los 60, de modo que los personajes aparecen caracterizados como si vivieran en ese tiempo.
Algunos teleadictos opinan que este capítulo es una tomadura de pelo. No obstante, yo creo que se trata de un homenaje a esas series de suspense como Hitchcock presenta… o Los límites de la realidad. Presenta una de esas hipótesis extrañas que nos aporta a menudo la ciencia-ficción en la que los personajes comienzan a plantearse dudas de carácter metafísico: ¿es la vida sueño? ¿somos personajes creados por un ente superior? ¿estamos muertos y esto es el infierno? (¿a qué os recuerda esto?). Pero además constituye un magnífico ensayo sobre el amor con una Felicity que descubre, muy a su pesar, que la única cura para los corazones rotos es arrancarlos del pecho.
Menuda rareza, menudo es Abrams.
Brian Edward Hyde 
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Los abrazos rotos (2009)
Pedro Almodóvar
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| 15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
20 de Marzo de 2009 |
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Tres años después de la excelente Volver vuelve Almodóvar con un cambio de registro, pero con el listón igual de alto. Y es que siempre que haya un Almodóvar en cartelera es una alegría para la taquilla nacional, y últimamente su cine se hace más accesible sin por ello acomodarse. Su estilo sigue ahí, totalmente reconocible, cosa que es de agradecer.
Los abrazos rotos se mueve en dos tiempos, 1994 y 2008, con el personaje de Lluis Homar (¡inmenso actor!) como hilo conductor y absoluto protagonista. Podría decirse que, en realidad, Homar interpreta a dos personajes, el director de cine Mateo Blanco (1994) y su pseudónimo/álter ego Harry Caine (2008, fonéticamente en inglés, “huracán”), guionista ciego. A ambas partes de la misma persona las une el rodaje de una película, Mujeres y maletas, protagonizada por la bellísima Lena (estupenda Penélope Cruz).
Encontramos un (permítanme el juego) laberinto de pasiones desencadenante de una historia que se extiende a lo largo de 14 años. En esta red amorosa donde convergen celos, pasiones, mentiras, violencia, secretos… interceden los personajes de Blanca Portillo, José Luiz Gómez, Rubén Ochandiano y Tamar Novas, entre otros. Como podéis ver, un reparto insuperable en el que sorprenden las apariciones, casi anecdóticas, de rostros famosos como Alejo Sauras, Kira Miró o Dani Martín, que se alternan con chicas Almodóvar que funcionan como homenaje a la filmografía más alocada del director manchego: Rossy de Palma, Mariola Fuentes, Chus Lampreave, Carmen Machi (de lo mejor de toda la película, cuyo personaje dio lugar al cortometraje "La concejala antropófaga"), divertidísima Lola Dueñas, Kity Manver, sin olvidar una más que convincente Ángela Molina.
Almodóvar construye un mapa de personajes bien escritos en un ejercicio metacinematográfico que sirve de homenaje no sólo a su filmografía mediante al rodaje dentro del filme con Mujeres y maletas, sino a otros clásicos como muestra del conocimiento y buen hacer de nuestro mejor director. En este caso la acción se desplaza de la mancha o el Madrid más psicodélico a Lanzarote a partir de la fotografía que dio la idea para toda la historia, según palabras del propio realizador. Todo, por cierto, con muchísimo poderío visual, como cabe esperar en una película de Peeeeedrooooooooo.
En pocas palabras, un drama romántico noir con grandes interpretaciones, una banda sonora envolvente y acertada, y toques de humor almodovariano que relajan la tensión de esta historia de amour fou. Nos deja momentos inolvidables, cómicos como el guión sobre la película de vampiros, la aparición de Machi, la lectora de labios (“no labio”), o dramáticos/intensísimos como a Lluis Homar abrazando la pantalla del televisor o a Lena doblándose a sí misma. Y una frase que cierra la película, muy apropiada si tenemos en cuenta que la pronuncia un director ciego reconciliado con su pasado: “Las películas hay que terminarlas aunque sea a ciegas”. Fundido a negro. FIN.
Brian Edward Hyde 
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Destino: Woodstock (2009)
Ang Lee
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| 10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
9 de Octubre de 2009 |
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El mayor festival de la Historia quedó perfectamente reflejado en el documental homónimo de Michael Wadleigh. Ang Lee vuelve de su dramón homosexual, olvidado por el puritanismo hollywoodiense, y en este caso nos cuenta la historia no oficial del festival del 69 en clave de humor. Por supuesto, las expectativas eran altas.
¿Funciona? Funciona, sí. Porque aunque uno pueda entrar en el cine con ganas de ver a todos esos rockeros legendarios en plena actuación, no es lo que vamos a ver. De hecho, la historia pasa por lo alto todo el concierto y se centra en las vidas del joven Elliot, sus padres y los vecinos del pueblo donde se celebró el festival. ¿Pero qué hace que funcione? Más allá del protagonista, que hace un trabajo irreprochable, aunque él no es el blanco de la parte cómica sino de la revelación, del cambio que impone el espíritu Woodstock, el bicho al que el público observa evolucionar ante lo que se le viene encime. No obstante, se rodea de un enorme elenco de secundarios descojonantes, empezando por una inmensa Imelda Staunton, pasando por Emile Hirsch, totalmente entregado en su papel de hippy de espíritu, hasta un colgadísimo Paul Dano, que nos entrega una de las partes más entrañables del film. Atentos al número del teatro y a cada aparición de Liev Schreiber como Vilma. Impagable.
Os cuento la historia: Elliot trabaja en el hotel de sus padres; se encuentran hasta las cejas de deudas, pero el espíritu emprendedor y optimista del joven no se amilana ante ningún obstáculo. En otra parte, la ciudad que va a acoger el festival se echa atrás en el último momento, pero da la casualidad de que Elliot y uno de los organizadores del evento estudiaron juntos, así que el joven aprovecha la situación y, tras no pocas desavenencias, logran que Woodstock ’69 sea una realidad en ese pueblecito desconocido al que comienzan a afluir/ peregrinar/ocupar cientos de miles de asistentes, en su mayoría hippies con ganas de dar a conocer su mensaje de paz y amor a la humanidad a través del arte, en este caso la música. Música que, más allá del festival, inunda la película en los instantes oportunos, donde podemos encontrar las notas lejanas de cualquier participante del concierto hasta un vinilo de Judy Garland. Música que transporta ese mensaje, sí, pero que ante todo cautiva al espectador hasta hacerlo partícipe de uno de los instantes más culturales más determinantes de la Historia: no olvidemos las protestas por Vietnam, la defensa del maoísmo y, en definitiva, la proclamación de que la igualdad, de que la paz es el único camino. Cabe mencionar las múltiples referencias gay que planean sobre toda la cinta, algunas meros matices de actuación, otras toda una declaración de intenciones. En los sesenta y setenta, recordemos, la comunidad hippy predicada el amor libre, cierto, pero ante todo predicaba con el ejemplo.
¿Cuál es el mayor acierto de la película? (sigue en spoiler)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Sin duda, su planteamiento anacrónico; me explico: vale que la película está ambientada en agosto del 69, pero tiene esa presencia atemporal que hace mucho a su favor, porque no parodia otra época u otros valores; al contrario, los aproxima y los incorpora al servicio de su trama. Porque aquí de lo que se trata no es de documentar el festival, sino de utilizarlo como trasfondo para narrar las peripecias de los que hicieron posible en la sombra que todo aquello triunfara. Acompañaremos a Elliot y a su familia en esa aventura que supuso proporcionar servicios a medio millón de personas (otro millón se perdió el festival debido a las mastodónticas filas de coches, que llegaron a colapsar la autopista por primera vez). Reiremos, maduraremos, aspiraremos a ser algo más, cambiaremos y sobre todo desearemos poder viajar en el tiempo y sumergirnos en el barro entre los hippies, la droga, la música, las furgonetas Vollswagen y los secretos de una familia que pueden ser los secretos de todas las familias.
En pocas palabras, una comedia, sí, pero una comedia con muchas lecturas, donde le director deja su impronta arriesgando a nivel visual, mezclando ese aspecto indie con fragmentos de puro documental de propia cosecha. Y sí, nos hará reír y nos hará emocionarnos cuando deba sin llegar a empalagar. En pocas palabras, yo la considero todo un acierto. Vayan a verla.
Brian Edward Hyde 
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