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Una vez más vemos el ya típico caso de la adaptación cinematográfica que se cuelga del éxito de una buena novela, usando su título, los nombres de sus personajes y algunas de sus características para contarnos una historia completamente diferente a la literaria.
Para quienes leímos el libro, la decepción es inevitable. Confieso que volví a la gigantografía a comprobar que Sophie Kinsella y su Confessions of a shopaholic aparecía en los créditos.
Entiendo que quienes no hayan leído la divertida historia, podrán disfrutarla mejor.
Si bien Becky mantiene su compulsión por las compras y Luke sigue siendo un apuesto editor/publicista, esta historia es otra; plana y sin sorpresas. Todo está demasiado previsible desde un principio y por eso aburre. Como buena comedia romántica, esperaba precisamente más sonrisas y mucha pero mucha más tensión romántica.
Me sentí decepcionada cual Becky al leer la etiqueta: 95% acrílico, 5% cachemir.
Aquí fue: 95% farsa, 5% adaptación.
MariaC 
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