Terminator 2 es sin duda una de las 10 mejores películas de acción/ficción de todos los tiempos. Aunque oficialmente es una secuela, la cinta es en realidad una versión mainstream de su predecesora con dos cambios significativos: un presupuesto estratosférico y el cambio de rol de su protagonista, que pasa a ser el bueno de la trama.
James Cameron reúne en esta superproducción a un Schwarzenegger en el climax de su carrera, con una Linda Hamilton sobreentrenada, un Robert Patrick gélido como el metal y un Edward Furlong que interpreta a la perfección al típico "joven de familia desestructurada que debe salvar el pellejo para convertirse en el líder mesiánico que salve a la Humanidad en una hipotética guerra contra las máquinas".
Mención a parte merecen los oscarizados efectos visuales, especialemente en torno a la figura del T1000, que serían utilizados de manera recurrente por la industria y consolidarían a James Cameron como uno de sus más celebérrimos practicantes.
Un filme regado de detalles en la realización, en el que pone la nota épica Brad Fiedel con una banda sonora apocalíptica, efectos de sonido envolventes, un temazo de Guns n´Roses que destila rebeldía y una escena final sobrecogedora.
En definitiva: obra maestra.
Una película necesaria en tiempos amargos. Y una pregunta se repite machaconamente fotograma a fotograma: ¿realmente merece la pena? Lo mejor de la película es que no te da la respuesta.
Devastador documental sobre los combates ilegales a puño descubierto que enfrentan a gitanos en los suburbios de algunas ciudades británicas. El director muestra con desnudez e incredulidad la dinámica destructiva de varias familias de nómadas irlandeses confrontados por un odio transmitido de generación en generación en disputas hasta el abandono o el K.O. La cinta muestra cómo familias, en un tiempo hermanadas por su vida itinerante, envían a sus "mejores" hombres a jugarse el sustento de un año de trapicheos en pugnas salvajes alargadas hasta la extenuación. Aunque Palmer consigue adoptar una visión panorámica situando los combates en un contexto más allá de su brutalidad, naufraga buscando los orígenes de estas peleas cainitas obviando el motivo por el que se perpetúan: el dinero.
No sea un ejercicio facilón de adaptación de un cómic legendario. Puede que la película sea algo más que un despliegue de efectos especiales. Puede que el protagonista sudase la gota gorda en el gimnasio para transformarse en el superhéroe más patriota de todos los tiempos. Puede que la cinta te recuerde por momentos a Pearl Harbor, a La Guerra de las Galaxias, a Hulk y a los Masters del Universo. Puede que la fotografía impregne todas las escenas de una estética pictoricista. Puede que la película resulte entretenida... pero solo puede...
Majestuosa última entrega de la saga de Christopher Nolan sobre el legendario hombre murciélago.
La película cuenta con un reparto magistral, donde destacan un Christian Bale que se ajusta como su disfraz a las necesidades del personaje y un Gary Oldman que se suma a la fiesta cuando comienza la intriga. Michael Caine interpreta al Alfred con más protagonismo hasta la fecha en un trabajo certero aunque excesivamente grandilocuente.
El guión abusa de solemnidad pero la historia resuelve a lo grande.
Puesta en escena deslumbrante para una versión de El Caballero Oscuro que trasciende el mero relato del cómic, escarbando en las miserias de la naturaleza humana hasta tocar hueso.
Nolan demuestra definitivamente que ha utilizado a Batman para acercarse a Gotham: auténtico protagonista de la trilogía y símbolo de la decadencia de una civilización putrefacta. El hombre alado pierde aún más protagonismo que en la precuela y Gotham pierde su apariencia gótica, para decepción de los más puristas, para erigirse como símbolo de una capital occidental: tan megalómana en apariencia como hedionda en sus entrañas.
Un halo de luz en tiempos oscuros, donde los deseos de revolución enfrentan a caudillos con intereses espúreos y héroes altruistas sin rostro.