140 de 203 usuarios han encontrado esta crítica útil.
He sentido verdadera vergüenza ajena viendo este engendro, producto de la más inconsciente comercialidad de la Fox, creando un producto de consumo sin miramientos. Cogiendo la fórmula de las películas de James Bond, pero “horterizándola” convenientemente para el público que está acostumbrado a deglutir el cine made in Hollywood, han creado este extraño divertimento, que a modo de intento de sátira cómplice del cine de espías –con mucha menos verosimilitud y consistencia que “Mentiras Arriesgadas”, de la que es directa heredera- vuelve a utilizar todos los tópicos de la cultura anglosajona. Esas cosas, generalmente, ni me van ni me vienen. Pero cuando en esos tópicos se encuentra España, y aún más, mi ciudad Sevilla, ya me cabrea. Y todavía me cabrea más cuando las instituciones andaluzas y municipales han tragado con ruedas de molino a la hora de rodar en Cádiz y Sevilla para transformarlas en nadie sabe qué, donde los españoles todos llevan o barba o perilla (al modo mejicano y/o árabe…) viven en casas de inspiración musulmana, y lo que ya es el colmo, celebran los sanfermines por las calles de Sevilla, alrededor de la catedral, y por las calles de Cádiz. El colmo. ¿Es que esas instituciones que han facilitado el rodaje en Andalucía no se han dado cuenta del nulo respeto por la cultura española? ¿Hasta cuando tenemos que aguantar para que se rían de nosotros, tomándonos por mejicanos, con un catalán (Jordi Mollá) haciendo de “Hispano-Andaluz-Mejicano” malvadísimo con un nombre tan español como “Antonio Quintana? ¿Tienen las personas de clase alta en Sevilla sillas de montar repujadas en plata en el salón de su casa, para darse un paseo a caballo por la ciudad? (SIGUE EN SPOILER)
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Todo eso por no hablar de los ¡¡¡CINCO GUIONISTAS!!! que tiene la película… ¿es que cuánto peores (y más burdamente comerciales) son las películas norteamericanas, más guionistas tienen en sus créditos? Y ya que estamos ¿a qué viene el título? ¿A lo diferentes que son los protagonistas? ¿Es una broma de la canción de Cole Porter? Creo que el calado intelectual de las mentes “pensantes” de este proyecto no llega a tanto. En fin, un despropósito tras otro, que me revolvió las tripas cuando vi la Catedral de mi ciudad, con el nombre superpuesto “Sevilla, España” y seguidamente por las calles del barrio de Santa Cruz a los mozos con camisas blancas y pañuelos rojos, acompañando a cabezudos y cantando alegres “Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo…”. El remate es cuando Jordi Mollá le dice a Cameron Díaz “Ahora son las fiestas de San Fermín… ¿ha visto una corrida de toros?”. En fin, prefiero no envenenarme más por la falta de respeto y autocomplacencia de la productora y sobre todo de las autoridades sevillanas y andaluzas. En cuanto a la película, es un esperpento estúpido de situaciones y persecuciones copiadas en la mayoría de la saga de 007, -desde los helicópteros, la persecución en moto con la chica montada al revés, etc.- para contar en clave de comedia una simple y a la vez ridícula historia de amor entre un super espía de la CIA y una chica que va a asistir a la boda de su hermana. Ni más, ni menos. Es irrelevante prácticamente todo lo que sucede entre las secuencias de acción, son un simple pretexto para mostrar la dentadura perfecta de ambos protagonistas, y la nula química sexual que (no) existe entre ambos. Aún resulta más penoso aún como un director como Mangold, que antaño nos regaló películas tan interesantes como “Copland” (una de las más interesantes interpretaciones de Sylvester Stallone, con casi 30 kilos de más…en serio, revísala que merece la pena) “Inocencia interrumpida” o la monumental “El tren de las 3:10” (remake de “Yuma” con unos geniales Russell Crowe y Christian Bale) sea capaz de aceptar un proyecto tan insulso como este, que no aporta absolutamente nada y que únicamente busca una fácil, burda y rápida comercialidad. Qué vergüenza.
122 de 173 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Pocas veces en un país se ha dado una separación tan grande entre el público y un sector artístico: casi ninguna película española -a tenor de las cifras de la taquilla- interesa al público nacional. No nos engañemos: no se trata de internet, ni de un cambio en el modelo de negocio, ni de piratería, ni de las famosas descargas que quiere parar la ley Sinde-Wert. No. Se trata de que en 2012, aún siguen unos pocos haciendo prácticamente el mismo tipo de cine de hace dos o tres décadas, un cine que solo les interesa a ellos y sus amiguitos. Esto no es presunción, ni pedantería, señores. Es una realidad tan hiriente, tan palpable, que esta cercenando, cuando no destruyendo, la poquita industria cinematográfica española (y mejor ya no hablemos de la andaluza...). Aún recuerdo las palabras del maestro Luis García Berlanga, que decía que el cine no debería regirse por el Ministerio del Cultura, sino por el de Industria. Cuánta razón tenía, señores, cuánta razón tenía. Para que en Hollywood se hagan películas como "Los Descendientes", también tienen que hacerse "Resacón en Las Vegas". Y ahora que no me vengan los puristas hablando del "cine necesario": señores, el cine es espectáculo, básicamente. Entretenimiento. Si luego tenemos la habilidad de lanzar un mensaje, sea de la índole que sea, pues bendito sea Dios. Pero lo primero es entretener. ¿Que no funciona esa fórmula? Pues sólo tienen que ver "Avatar", por poner un ejemplo: entretenimiento puro y duro, espectacularidad a raudales... y encima mensaje ecológico, anticolonialista y antimilitarista en el mismo producto. Claro que es mucho más fácil utilizar personajes excluidos socialmente para hacer una crónica doliente de lo malo e lo injusto que es el mundo...pero lamentablemente, eso es lo que vemos a todos los días en los informativos, y lo que es peor, en la calle misma, a nuestro alrededor. Creo que eso no es lo que tiene que ofrecerle un cineasta a un espectador, sencillamente porque el que va a coger el coche, desplazarse, pagar el aparcamiento, pagar la entrada, lo que vaya a comer o beber en el cine (¿por qué nos llevamos las manos a la cabeza con comer o beber en el cine, si ya lo hacían los espectadores en las proyección de Griffith, en los albores del cine? el problema es la forma, y la educación, claro...) ya está harto de ver y oír ese mensaje. Y en el mismo tono. Hay que ofrecerle algo que no tenga, y que únicamente pueda experimentar en una sala de cine. (SIGUE EN SPOILER POR FALTA DE ESPACIO)
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Como director, creo que Alberto Rodríguez ha sido lo suficientemente inteligente para tomar el único camino posible que existe actualmente en el séptimo arte: entretener. Pero igualmente, ha sabido conjugar su personal visión del mundo y ha sabido tocar cada una de las notas de su escala de valores en un film realmente bien construido, con un ritmo sobrecogedor, un auténtico tour-de-force donde la acción no tiene que envidiarle ni un ápice a las (últimas) películas de James Bond o de Jason Bourne: pero contextualizando todo esto de manera espectacular en los preámbulos de la Expo 92, en la que el Jefe Superior de Policía hace la vista gorda cuando quiere limpiar de delincuentes el centro de la capital hispalense y para ello tiene al "Grupo 7", un equipo de policías atípico, que se valdrán de todo tipo de estratagemas y métodos de lo más heterodoxo. Aquí todo vale con tal de que cuando el Rey inaugure la muestra universal no tengamos a yonkis por la calle, ni a traficantes que puedan hacer peligrar la imagen de Sevilla, y por ende, de España. Por las buenas, o por las malas, lo que importa es el resultado. Es precisamente esta moral apisonadora en la que el fin justifica los medios la piedra de toque argumental en la que el excelente guión de Rafael Cobos sitúa a cada uno de los fascinantes personajes al borde del abismo, haciendo reflexión de Nietzsche que dice que cuando uno mira al abismo, el abismo termina por mirarlo a él. Técnicamente, estamos ante una cinta de factura igual a cualquier gran producción de Hollywood, pero lo mejor no solo es que haya sido hecha en Andalucía, por andaluces, sino que gracias a los malabarismos de los productores se hayan optimizado tanto los recursos que sin hacer las clásicas "trampas" de maquillar lo inmaquillable, tengamos la espectacularidad necesaria para una película de acción de estas características. Mención aparte merecen las interpretaciones en las que lamentablemente, la que más público atrae es la más mediocre, porque a pesar de la fotogenia y galanura de Mario Casas, no le llega actoralmente ni a la suela del zapato a Antonio de la Torre, que realiza en el film la mejor interpretación de su carrera, en la que ya muchos le comparan con el DeNiro andaluz. Si volvemos a la reflexión gafapasta del "cine necesario", ésta es una película necesaria. Necesaria porque ya hacía falta que en España nos dejáramos de historias sociales, puras y duras, y miráramos un poco a lo que el espectador demanda. No, no estoy hablando de "Torrente 4". Estoy hablando de espectáculo. Por eso era necesaria "Grupo 7", porque mezcla a la perfección acción a raudales y una íntima, profunda y demoledora reflexión, no solo hacia la sociedad, sino hacia el individuo propio.
128 de 189 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Casi me siento un friki haciendo esta crítica. Ojo, juro por lo más sagrado que no es una pose “snob”, pongo a Dios por testigo que no quiero distanciarme de la corriente general que alaba a gritos la última película de (mi querídisimo) Fincher y del brillante guionista Aaron Sorkin (“El ala oeste de la Casa Blanca”), pero es que me ha parecido lo de siempre. Si, vendido con la controversia de intentar conocer la esquiva y fascinante personalidad de Mark Zuckenberg, el billonario más joven de la humanidad, y creador de la red social más importante de internet, Facebook. Pero al final, no es más que una película de juicios, de demandas y de niñatos universitarios que se pegan unas fiestas de puta madre. Porque eso es todo. Eso sí, contado con una gran agilidad narrativa, con el empleo fastuoso de flashbacks y flashforwards desde varios puntos de vista, y con una banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross que merece figurar con letras de oro en las últimas partituras cinematográficas… pero es todo. Empeñar en intentar ver algo “nuevo” y “original” en esta película, sencillamente porque gira en torno al medio de comunicación que ha revolucionado la sociedad contemporánea…es un error. Porque esta película no habla de Facebook, sino del personaje que lo creo: un genial programador que paradójicamente, tenía problemas de relaciones sociales. Sinceramente, a mi eso no me parece tan interesante. Quiero decir, que lo que realmente me parecería fascinante es el proceso por el que Zuckenberg llegó a inventarse Facebook. Eso si me interesaría un huevo, estaría embobado viendo cómo mezcló los elementos básicos para esta revolución mental (cosa que vemos en el film solo de pasada y muy rápidamente). Pero ver las batallas legales por la propiedad intelectual y las indemnizaciones que Zuckenberg tuvo que pagar a sus excompañeros y examigos de facultad cuando su programa se convirtió en el mayor imperio de comunicación del planeta, por encima de Google o Microsoft… sinceramente, no me parece tan interesante. (SIGUE EN SPOILER)
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Creo que cualquier libro de John Grisham da pautas argumentales sobre el derecho muchísimo más interesantes. Y si el film también buceara en la personalidad esquiva e introvertida del personaje creador de Facebook, también me interesaría. Pero ¡¡¡es que tampoco gira en torno a él!!! Una vez dicho esto, es de justicia reconocer el buen hacer de Fincher de principio a fin de la película, haciendo que las más de dos horas de duración se pasen volando, y logrando que la atención del espectador esté permanentemente fija en la historia. El problema es que la historia ya la hemos visto muuuchas veces en la pantalla (abogados, conciliaciones, demandas judiciales, enfrentamientos y careos entre personas que antes tenían una relación muy íntima…) y la cinta lo que cuenta es esencialmente eso. Resulta decepcionante que la impresionante operación de marketing realizado –y que ha sido toda una genialidad hacer una película de Facebook, asegurándose 500 millones de espectadores en todo el mundo, que solemos ser aproximadamente los usuarios de este medio de comunicación- luego nos encontremos solamente con eso: con una (floja) historia de universitarios que se enfrentan legalmente cuando uno pega el pelotazo. ¿Por qué Sorkin no se ha olvidado un poco de la novela de Mezrich y de su desmembramiento económico de Zuckenberg? ¿Por qué no se ha centrado en la génesis de esta nueva forma de comunicación, y en la personalidad de su creador? ¿Por qué Fincher, a pesar de dominar la imagen con su típica estética en tonos oscuros y ocres, siempre ha adoptado una posición fría, distante con su personaje protagonista, que además no cambia ni un ápice desde el comienzo de la película hasta el final? (esto es, alguien con las cosas muy claras que va por su objetivo pasando por encima de quien tenga que pasar, sin pestañear). Bueno, pues aún así, me quito el sombrero por la habilidad de vender lo de siempre una vez más, y hacer que la gente vaya al cine para ver la misma historia que ya hemos visto en infinidad de ocasiones en cine, televisión, documentales y un larguísimo etcétera. La única diferencia es que el litigio se hace sobre una empresa llamada Facebook. Es todo.
57 de 85 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Lo confieso, esta ha sido una de esas películas que no he podido ver de un tirón. He tenido que dejar de verla, y al día siguiente, he vuelto al cine para terminar de verla. Demasiado empalagosa, demasiado pretenciosa, un verdadero empacho de imágenes fantásticas: unas pocas está bien, y quedan en el recuerdo cuando uno sale de ver una película pero… ¿dos horas y cuarto de esas imágenes? Demasiado, es exagerado. Intenta todas las veces dejar fascinado al espectador con cada plano y la narrativa poética y lírica (mucha música clásica con imágenes alteradas en tiempo y/o espacio, canciones clásicas de los años 50-60-70-80, infografía, preciosos planos publicitarios…) se convierte casi en una tortura. Es como si a un amante del chocolate lo hundieran en una piscina olímpica llena de cacao, y hasta que no se lo bebiera no pudiera salir. Menuda pesadilla, por mucho que a uno le guste el chocolate… Esta sobrecarga, además, se presenta desde el minuto uno, cuando este realizador belga –que dirigió la excelente “El octavo día”, uno de los mejores alegatos de la igualdad, con Daniel Auteil- empieza a contarnos la vida (o mejor dicho, las vidas, en plural) de nuestro protagonista, Nemo (que al igual que el pescadito de Disney, está más perdido que el barco del arroz). A partir de aquí, toda la película parece un intento desesperado de demostrar el dominio absoluto que el director quiere tener sobre el tiempo y el espacio, viajando hacia adelante y hacia atrás con una arbitrariedad que desconcierta al más pintado: todo gira en torno a un niño de 9 años, que elige vivir tres vidas, con tres niñas diferentes y a partir de ahí, agárrate que vienen curvas. (SIGUE EN SPOILER)
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Hay que tener un sentido de la cordura realmente sólido para no desconectar de una historia que más parece un compendio de todos los elementos visuales y narrativos “guais” del último cine (la hojita del destino de “Forrest Gump”, el despliegue visual cuando dos personajes están enamorados de “Amelie”, la confusión del protagonista que no sabe que es observado de “El Show de Truman”, el mundo oculto tras la estética de “Matrix” o “Dark City”, el cambio de la línea temporal cuando se cambia el pasado de “Regreso al Futuro”, la vocación escénica y teatral de “La celda”, y así hasta el infinito…) que una película que te intente contar una historia. La idea del belga Van Dormael de hacer el film definitivo sobre el tiempo y el espacio ha sido un experimento fallido, no ya por el caótico guión que hilvana demasiado finamente la dramaturgia de los personajes, sino porque los saltos temporales y la repetición de las secuencias al ritmo del “y si…” llega a resultar verdaderamente exasperante, al igual que la ridícula interpretación de Jared Leto cuando es un anciano de 118 años, en el futuro. Es verdad que el film contiene muchas (y realmente preciosas, emotivas) imágenes que conmueven a cada segundo de su visionado, pero están tan deslavazadas, tienen tal desconexión, que llegan a conformar un relato cinematográfico coherente. Desde luego, si como director Van Dormael me ha decepcionado, como creativo, como videoartista, me ha dejado con la boca abierta. Hallazgos visuales de gran fuerza, secuencias recreadas con exaltación del ánimo… como ya digo, para hacer un videoclip o un anuncio (que es lo que básicamente hace este señor para ganarse la vida) es sin duda el mejor, uno de los grandes a nivel internacional. Pero como director… debería de aprender de otros compañeros que han saltado de ese mundillo al del cine (como David Fincher, como Ridley Scott…) que aunque sigan teniendo sus pequeños momentos de artistas visuales, han sabido supeditarlos en aras de poder contar una historia. Porque en el cine, como en el teatro, en la novela… hay momentos de gran tensión, de gran barroquismo, y otros de tranquilidad, de laxitud. Igual que le sucedió a Kenneth Branagh hace unos años con su desmesurada versión de “Hamlet” (en la que cada secuencia era tan, tan impresionante que cansaba ver la película entera), le ha sucedido a Van Dormael con este film, que tiene la vocación de ser la obra definitiva de ciencia ficción… y se ha quedado en una galería de imágenes muy, muy chulas, pero poco más. En cualquier caso, merece la pena ser vista por el despliegue tan alucinante de todos los elementos visuales que conforman la película.
36 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Cuando uno va a ver cine de género en España tiene la extraña -y absurda- esperanza de encontrarse con algo interesante, algo original, algo... sorprendente. Pero una y otra vez se pega contra la pared de la mediocridad, de la incomprensible autocomplacencia de guionistas y productores que deciden tirar para adelante proyectos que no superarían el aprobado en una clase de primero de dirección cinematográfica de cualquier universidad que se precie. Bueno, pues la película que nos ocupa no llegaría al aprobado. Qué digo aprobado, sería un muy deficiente (según la antigua calificación con la que crecí), por bonitas que sean las imágenes de José David Montero, que consigue una factura impecable en la fotografía.
Porque cuando se hace cine de género -¡¡¡a ver si nos enteramos de una vez!!!- hay que establecer una serie de "reglas", por marcianas que parezcan, y una vez establecidas, NO ROMPERLAS JAMÁS, porque si no, nadie se cree lo que está viendo. O sea, que si vemos una película de Supermán y nos explican al principio que el protagonista viene de otro planeta y por eso vuela, pues entonces, mientras que esté en la tierra, resulta que vuela. Estupendo. Pero ¿qué pasaría si resulta que vuela, pero que de buenas a primeras ya no puede volar? Que A) o nos explican qué le ha pasado o B)a partir de ese momento la historia, la película, el personaje TODO, vamos, deja de tener credibilidad, y por ende, deja de interesarnos. Así funciona el cine de género, y si no que se lo digan a Sam Raimi, a James Cameron, a John Carpenter o al mismísimo Steven Spielberg. Todos y cada uno de ellos conocen las claves, y las respetan a rajatabla, porque si no nadie se creería a los endemoniados de "Posesión Infernal", ni a los Terminators que viajan en el tiempo, a la prisión de máxima seguridad en la Isla de Manhattan en 1997 o a E. T.
Cuando no se respetan esas reglas, ni se explica lo que sucede en la pantalla, llega un momento en el que todo parece una verbena: y los actores nos resultan ridículos, al reaccionar de una manera increíble ante cosas que para el espectador no tienen ningún tipo de explicación. No se trata de jugar al suspense, como hacía el maestro Hitchcock, que escondía información al protagonista para enseñársela al espectador, no. Se trata que si el espectador no sabe una cosa, y el actor tampoco...¿por qué se asusta? ¿no debería de sorprenderse y preguntarse qué pasa en vez de asustarse? Todo esto son fabulaciones, obviamente, porque en "FIN" nada de eso pasa. En esta adaptación de la novela de David Monteagudo -que visto lo visto, no me interesa nada en absoluto...- todo resulta incomprensible desde el minuto uno. Un grupo de amigos que no se ven desde hace años -y que ocultan un oscuro secreto- se reúne en una apartada casa de campo. Todos intentan aparentar lo que no son, y sin comerlo ni beberlo, son testigos de un fenómeno atmosférico inusual y todos los aparatos dejan de funcionar. Vale, ya están sentadas las bases para una película apocalíptica interesante...pero la guinda del pastel empieza cuando empiezan a desaparecer algunos de los miembros del grupo. Por las buenas, sin venir a cuento y sin ningún motivo aparente.
(SIGUE EN SPOILER SIN SPOILER POR FALTA DE ESPACIO)
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De acuerdo, en el cine no es necesario explicarlo todo, faltaba más, y hay que dejar cosas a la imaginación del espectador. Claro, pero COSAS, no TODO, porque uno se lleva esperando hasta el final del film para ver lo que pasa... y se lleva un chasco de padre y muy señor mío. Un chasco tan grande que sencillamente tiene uno la impresión de que lo han tomado por gilipollas. Lo que más me sorprende es que Jorge Guerricaechevarría, antaño guionista habitual de Alex de la Iglesia, firme este espantoso guión que no tiene ni pies ni cabeza. Un despropósito, que por mucho que se afanan los actores en sostener en credibilidad, hace aguas por todos lados. El director, Jorge Torregrosa, que aterriza en el largometraje tras una meteórica carrera como realizador de series como "Herederos", "La señora", "Imperium" o "Tierra de Lobos", se pega un batacazo monumental en su primera película como director. Tan grande que será, como se suele decir en el mundo del teatro "debut, homenaje y despedida". Otro director de cine español que hará probablemente una sola película, y que se volverá a lo que sabe hacer, esto es, televisión.
Porque el cine y la televisión, aunque comparten lenguaje, no son lo mismo. En televisión hay un porcentaje alto de distracción en el espectador, y los fallos se pueden camuflar razonablemente. En cine no. En cine te están mirando como si estuvieras en un microscopio y hasta el más mínimo fallo resulta insoportable. Antena 3 films, que es la máxima responsable de este engendro, sigue incomprensiblemente apostando por fiascos importantes, como ya hizo en anterioridad con muchas películas que se estrellaron.
Ni siquiera con la promoción a través de la pequeña pantalla esta cinta se salvará del mayor de los fracasos, y si no, al tiempo. Me resulta incomprensible como Maribel Verdú, que tan bien sabe elegir sus proyectos, y que ha dado la gran campanada recientemente con su alucinante interpretación de la madrastra en "Blancanieves" de Pablo Berger, ahora sea capaz de estar en esta infamia que llega sinceramente a insultar la inteligencia del espectador. Para colmo, hay fallos de producción que resultan completamente ridículos, y que consiguen que la credibilidad de una situación apocalíptica, sea cero. Tendrían que aprender de cintas más modestas como "Tres días" -producción andaluza, además- que con muchísimos menos medios, pero con un guión infinitamente más trabajado e interesante, logró algo que esta película ni siquiera se acerca: que nos la creamos.