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Críticas de: preymallen
preymallen Madrid - España 
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(500) Días juntos (2009)
Marc Webb
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| 19 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
23 de Octubre de 2009 |
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“Esta no es una historia de amor. Es una historia sobre el amor.” Esta es una dramedia romántica en azul, un canto al desamor y la memoria selectiva, a las expectativas y la realidad que las destroza.
A pesar de que la historia no sea nada que el tándem Julia Roberts/Hugh Grant no haya interpretado mil y una veces, “(500) días juntos” tiene algo diferente, y es que esta sí nos la creemos. Es cierto que el look pseudo-retro de las escenas resulta algo anacrónico, y que la voz en off nos remite a otros relatos audiovisuales con ínfulas de cuento de hadas moderno (¿Alguien ha dicho “Pushing Daisies”?). Pero, olvidando la estética y los saltos narrativos (aún siendo estos fundamentales en el film, no olvidemos que Webber se curtió en el videoclip) y centrándonos en la historia, la película tiene “eso”, un “algo” que nos hace sonreír y recordar a nuestra vez. ¿Quién no ha bailado en su mente después de una noche de triunfo? ¿Quién no ha intentado llamar la atención de alguien “por accidente”? ¿Quién no ha deseado jugar a mamás y papás en alguna visita a Ikea (independientemente de que parezca publicidad insertada, la escena es enternecedora. Ya podían aprender los directivos publicitarios)?
La química entre Zooey Deschanel y Joseph Gordon-Levitt es dudosa, o más bien intermitente: algunas escenas nos dejan fríos, pero en otras podrían fundir el celuloide (nunca antes el ruido de una fotocopiadora había resultado tan erótico). Deschanel ilumina la pantalla con su sola presencia, pero Gordon-Levitt la ensombrece con su interpretación. Su Tom Hansen, que se devanea peligrosamente en esa fina línea que separa la pena del pateticismo, no llega a caer nunca en el lado oscuro, y en todo caso, hay que reconocerle al muchacho el par que le echa en ese baile que se marca al más puro estilo Bollywood. Los secundarios, aunque no se prodigan mucho, dan el contrapunto ideal, actuando como uno espera que actúen sus mejores amigos y como desearía que no lo hicieran (Paul y su metedura de pata). Esa suerte de Pepito Grillo en bici, la fastidiosamente razonable Rachel (Chloe Grace Moretz), tiene el metraje justo para no convertirse en insufrible sabelotodo, y se queda en niña con mente adulta que pone el punto de cordura, tan necesario en el desordenado mundo de Tom.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: A pesar de todo el sufrimiento y las noches sin dormir, “(500) días juntos” deja el camino abierto al otoño que viene después del verano, a una nueva oportunidad. A que aunque puedas volver a ver ese desalentador anillo de compromiso una y otra vez, no olvides de que, en algún momento, ese anillo puedes haberlo puesto tú. Ésta es una película de desamor, de pérdida y Bourbon, sí, pero también del día siguiente, de superar la resaca y de deseos de “ponte bien”, como la versión Technicolor de una tarjeta escrita por Tom Hansen.
preymallen 
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Cold Mountain (2003)
Anthony Minghella
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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
17 de Octubre de 2009 |
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¿A quién no emociona un viaje? Un viaje en su totalidad, quiero decir... Porque antes de que la verdadera huida (¿qué es un viaje si no una escapada, una patada a la rutina?) tenga lugar, la cabeza del futuro viajero ya ha visitado, recorrido, saboreado y exprimido a conciencia el lugar elegido, el Paraíso particular... Es decir, antes que el viaje real, se da un viaje imaginario, soñado; vamos, un viaje interior.
Cold Mountain es a la vez los dos, pero en el sentido más previsible y al mismo tiempo el más visceral. Es el viaje de Inman, su patada personal al infierno de la guerra, su huida de vuelta a una rutina finalmente echada en falta. Es también el viaje de Ada, en pos de su propia vida; lejos de las comodidades y el lujo de su particular anterior rutina; sola ante un paraíso que esconde bajo la piel de cordero una insospechada dureza, pero que le ofrece al mismo tiempo lo que necesita justo en el momento en que se da cuenta qude ello: un guía. Esta resulta ser el polo opuesto y por eso mismo, el complementario de Ada, la desaliñada y entrañable Ruby...
¿Cuántas veces pretende emocionarnos Minghella?
El director británico se permite, por sus títulos anteriores (véase El paciente inglés) depositar su fe más en unos nombres que en una historia: se apoya en el talento, innegable, de unos actores y unas actrices (capaces de atraer a las masas, que no a los espectadores, a las salas de cine) para narrar una historia contada demasiadas veces, pero con una riqueza visual irresistible; para presentar unos personajes bien construidos, pero que se pierden en los apretados corsés del maniqueísmo, enlazados por unas relaciones casi inverosímiles por lo forzadas que se presentan a los ojos del espectador.
La película decepciona en la misma medida que ahonda en el espectador; emociona y desespera a partes iguales, gracias a las casi tres horas de metraje para una historia que no las necesita.
Sin embargo, déjense emocionar y déjense desesperar, como ya alguna vez lo habrán hecho: que tire la primera piedra al que alguna vez haya amargado un dulce. Aunque solo sea por Renée.
preymallen 
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La mala educación (2004)
Pedro Almodóvar
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Octubre de 2009 |
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¿Y qué si mi película anterior ganó un Oscar? ¿Y qué si mi película anterior a la anterior también ganó un Oscar? ¿Y qué si mi nombre resuena en Hollywood, aunque lo pronuncien mal y me entiendan peor? ¿Qué más me da todo eso?
Eso, y mucho más, nos dice Almodóvar con su última película, la sugerente La mala educación: me trae sin cuidado que los ojos de medio mundo vigilen mis pasos con lupa, yo pienso seguir haciendo lo que quiera de la forma que me venga en gana. Y por supuesto, pienso seguir acertando.
El director manchego (¿o debería decir nuestro director más internacional? No, ni debería ni lo voy a hacer: para nosotros no dejará de ser Pedro nunca, como nos dejó muy claro Penélope Cruz) nos enreda, otra vez, en su particular mundo, con una historia que quizá le toque más de cerca que ninguna otra. Sea él, o no, uno de los dos niños que tejen la trama; en el fondo poco importa. Lo verdaderamente importante es que todos sabemos, aunque nunca nadie se haya atrevido a decirlo en voz alta, que Nacho y Enrique son en realidad muchos niños. La mala educación cuenta muchas historias, muchas infancias; y, por muchas ampollas que levante, esas historias y esos niños se verán a sí mismos en la pantalla. Alguien, justo aquí y ahora, levanta la voz de una vez por todas.
Y lo hace con un tenebrismo que humedece las entrañas, con una espiral de revelaciones, con historias dentro de historias que nos hacen perder el rumbo sin perdernos nunca en él. Gracias, por supuesto, a Gael y a Fele; o quizá mejor, a Juan-Ignacio-Zahara y a Enrique, pues ambos se confunden en la piel de sus personajes, de tal forma que en la mente del espectador, los rostros y los nombres de los actores se funden con sus alter ego desde el principio, inseparables en adelante.
¿Y qué si me critican? ¿Y qué si dicen que no llego a la sublimidad de mis otros trabajos (véase Hable con ella o Todo sobre mi madre)? Para mí, y para muchos más (por ejemplo, la que aquí se explaya), todo mi cine es en la misma medida cine Almodóvar, tanto da si gana premios o no, si responde a lo que esperan de mí o no.
Di que sí, Pedro, muchos te apoyan. Entre ellos, la abajo firmante.
preymallen 
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Wimbledon. El amor está en juego (2004)
Richard Loncraine
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| 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Octubre de 2009 |
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El cartel anunciaba una historia ya vista por todos. Una historia, tal y como se anuncia a modo de reclamo “de los creadores de Notting Hill”, estereotipada hasta la médula, con poca o ninguna imaginación derrochada en el argumento; y sin embargo agradable, una película sin pretensiones, que se deja ver y olvidar casi de inmediato, para redescubrirla en un pase televisivo años después y volver a verla, emocionarse y volver a olvidarla. Nada más.
Además, está ese estilo único, deliciosamente británico, que encontramos a medio camino entre la exasperación y el deleite. Añadamos dos caras bonitas, medianamente conocidas por el gran público (Spiderman, Master and Commander), algunos secundarios de lujo (espléndidos, y desaprovechados, Sam Neill, Eleanor Bron y Bernard Hill) y tenemos la fórmula que tan buenos resultados dio en películas anteriores.
Pero... algo no funcionó en esta. La taquilla no fue tan hinchada como cabía esperar, así como la reacción del público. Los aficionados al tenis se contentaron ligeramente con el estilo (más que aceptable) de Bettany y Dunst, aunque el que las pelotas fuesen añadidas en la postproducción le restó encanto a las escenas. Los y las fans de Dunst y Bettany salieron del cine flotando en su nube (guapos sí salen, todo hay que decirlo), y los y las (supongo que primarían las) fans de Notting Hill (entre las que me incluyo sin ápice de duda) salieron completa y totalmente decepcionados y decepcionadas.
No reconocemos apenas nada de Notting Hill en Wimbledon. Los protagonistas carecen de carisma, no logramos identificarnos con ellos. No pasamos de la superficie de Lizzie Bradbury (Dunst) y Peter Colt (Bettany), no los llegamos a conocer a fondo ni a fundirnos en ellos (a pesar del intento de interiorizar a Peter Colt, que resulta exagerado, poco creíble) y del mismo modo que no nos creemos a los personajes, no nos creemos la relación. No hay química entre los protagonistas, la relación que mantienen es inverosímil en todas sus fases y aspectos. La historia que viven podríamos, como espectadores, creérnosla; pero no es así.
Echamos de menos a Anna Scott y Will Thacker (Julia Roberts y Hugh Grant en Notting Hill). Confiemos en que la próxima vez que “los creadores de Notting Hill” estén en el cartel de una película, ésta le haga realmente justicia.
preymallen 
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Ray (2004)
Taylor Hackford
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| 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Octubre de 2009 |
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¿Recuerdan un anuncio televisivo, de hace ya algunos años, en el que un (muy) conocido cantante se presentaba a un concurso de imitadores de su persona? ¿Recuerdan cual era su sorpresa al no ser el ganador? Cierto que aquél era sólo un anuncio, pero podría ser aplicable a este caso: ¿imaginan la sorpresa de Ray Charles (que en paz descanse) ante la (sublime, increíble) interpretación de Jamie Foxx en la historia de su vida?
Probablemente lo imaginen sin mucho esfuerzo, pues esa misma sorpresa la hemos experimentado todos al ver Ray. Foxx era uno de esos actores que “suenan de algo”, eterno secundario (véase Collateral, por poner un ejemplo) aparentemente condenado a no salir de ese lugar. Pues bien, ante la (reitero) sorpresa de crítica y público, ha salido (y por la puerta grande) de ese segundo plano que la industria le tenía reservado con su enternecedora, apabullante, genial interpretación del maestro del blues. Todo en él resulta creíble y estremecedor al mismo tiempo, patético y colosal, de la misma forma que fue el auténtico Ray Charles.
En la mayoría de los casos, es injusto (o simplemente estúpido) valorar el conjunto de un filme por un único aspecto de su factura, como la interpretación de un único actor (aunque sea el protagonista). Pero en este caso, no está solo justificado, sino que es casi el modo exclusivo de criticar Ray. El resto de la película se pierde en las veredas de la moralina y la corrección (ese tímido acercamiento a la causa racista sin pasar de la superficie); dando vueltas cansinamente alrededor de los mismos temas durante casi tres horas, apoyándose en unos personajes planos e insulsos (a excepción del propio Ray, aunque cabe preguntarse cómo habría sido el resultado en manos de otro actor).
Sin embargo, ante la duda de si es ésta una película que recomendaría; supongo que la respuesta es “depende”. Ray es, desde el punto de vista de la abajo firmante, una película perfectamente prescindible. No se esperen una gran historia, ni unos grandes personajes, no esperen salir del cine con esa conocida sensación de “aquí ha pasado algo”.
Pero si se acercan al cine sin pretensiones, con unas horas por delante, déjense embaucar por el Ray de Jamie Foxx y abandónense a su Hit the road Jack. Si es así, entonces no lo lamentarán.
preymallen 
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