Pese a tener un reparto sensiblemente inferior a los dos entregas anteriores (se echa en falta a Brando/De Niro y a Duvall), un sólido guión y todos los elementos que hicieron triunfar a sus predecesoras -una compleja trama de influencias y corrupción acompañada de certeras dosis de violencia- hacen de este film una dignísima continuación de la historia de la familia Corleone.
Si bien la historia se aleja de los tradicionales escenarios mafiosos de las dos primeras partes de la saga, sumergiéndonos en un mundo de divinas maldades, nada tiene que envidiar a sus antecesoras en cuanto a contundencia y belleza.
Sin embargo hay un elemento que rebaja considerablemente la calidad de la película. Se llama Sofia Coppola. Con su nariz, su boca y esa carencia absoluta de talento interpretativo de la cuál hace gala a lo largo de todo el film. No resulta difícil de imaginar que el amor de un padre por su hija pueda llegar a cegarlo totalmente, hasta el punto de no hacerle ver que lo único que va a lograr dándole un trascendental papel en su esperadísima nueva película es que la odien. Odio, por otra parte, todavía no subsanado por sus excelentes Vírgenes Suicidas y Lost In Translation.
spoiler:
Pero más allá de su horrible tez, lo más grave de su elección como hija de Michael es el hecho de que ella sola es capaz de arruinar con su mediocridad la escena final, que estaba llamada a ser grandiosa. Y es que ni morir sabe. Lo peor de todo es que hace de un momento trágico el momento de mayor placer de la película, ya que no puedo evitar aplaudir y retorcerme de gusto cuando veo el vestido de Sofia empapado de su propia sangre. No debería ser así, y es por eso que me molesta. Y es que después de aguantarla a lo largo de casi tres horas, la alegría de saber que no volverá a abrir su pútrida boca es superior a cualquier otra consideración que pueda hacer mi cabeza. Es por ese motivo que siempre me pregunto: por qué no finas antes Sofia?