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29 de Enero de 2007
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Antes de convertirse en el carapalo oficial de las cintas de Coppola, Anderson y compañía, el gran Bill Murray era un excelente actor de comedia que intervino en maravillas como esta espléndida película de Harold Ramis, uno de los mejores realizadores del género. Irónica, cínica y malsana en su primera mitad, y algo más conservadora y convencionalmente comercial en su desenlace, nunca deja de ser descarrachante en sus diálogos y planteamientos. Una de las mejores comedias de los 90. Para mí la mejor.
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