|
17 de Septiembre de 2011
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil.
En 1995 Ghost in the Shell (El fantasma en la matriz) de Mamuro Oshii, plantea los problemas de identidad en un mundo digital y se muestra como una clara influencia para los hermanos Wachofsky en Matrix. La acción se sitúa en el hipertecnificado mundo del este asiático del año 2029. Lugar dominado por las multinacionales corporativas informáticas que controlan un mundo de redes electrónicas sofisticadas donde los cyborgs pululan. Para combatir el crimen cibernético el gobierno crea un un departamento, Shell Squad, cuya lider es Motoko, encargada de detener a Puppet Master, un extraño hacker que a modo de virus puede controlar a los seres humanos mediante ghost hacking, la técnica de hackear sus espíritus. Según Toshiya, el proceso de cyborgización deja en la máquina reminiscencias de lo humano en forma de espectro, “de una especie de espíritu más que de mente en general”, identificando a la memoria humana o la conciencia como lo que identifica al ser humano, y esta tendencia es la que se observa en la mayoría de los films sobre futuros humanos cyborgizados, en los que la memoria, considerada como lo idiosincrásico del humano, siempre se rebela contra la máquina en el sentido de que hace aflorar lo que es genuinamente propio del humano.
|