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23 de Agosto de 2010
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Una serie de imágenes rodadas en blanco y negro se unen a otras en color. El encuadre, la escala y los puntos de vista se suceden en fuerte contraste, pero la imagen es nítida en todo momento. El objetivo de esta prueba es crear una mentira verosímil, una ilusión cinematográfica a partir de la estimulación del subconsciente colectivo. Se trata de una evocación. La imaginación del público colabora al configurar la intriga. Lo apasionante del proceso no es tanto la creación de esa tensión como el diálogo entre las dos realidades, o mejor dicho, las dos ficciones.
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