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9 de Octubre de 2011
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Comedia tonta y liviana del impostor neoyorquino, que ha sabido venderse a sí mismo como genio ante los desprevenidos. Aquí la genialidad brilla por su ausencia. Cuando me dicen que es un "Allen menor", les pregunto: cuál era el mayor? Lo único que he visto hasta el momento con esa categoría es Match Point.
No sé cómo Allen se permite realizar estas películas en una etapa de su vida en donde lo que debería hacer es superarse en cada nuevo proyecto. Cómo se permite a su edad seguir intentando "actuar", habiendo tanta gente preparada de verdad para eso. Con el apellido solamente no se hace buen cine. Hay directores que dan todo de sí mismos, que se rompen la espalda por dejar plasmado algo que modifique al público. La idea para ellos es que uno salga del cine distinto a como entró, enriquecido. Buscan trascender, ser recordados por esos minutos de magia y gloria que nos regalan, muestran un verdadero compromiso con el espectador. Pero claro, si lo que uno ve gira en torno a la superficialidad, los lugares comunes, la repetición película tras película, las "frasecitas ingeniosas", el mismo personajillo haciendo el tonto y un guión flojísimo, no se puede de ninguna manera enriquecer. Existe entre Woody Allen y sus seguidores una complicidad fácilmente ganada. Requiere ser poco exigente y comprar de antemano al Director por su apellido, por los comentarios positivos de ciertos críticos, por la fama ganada a través de los años, y claro está porque sus películas anteriores les hayan gustado (frasecitas ingeniosas incluídas, por supuesto). Para mí sus méritos como Director-repetitivo, su humor, sus temas recurrentes y su propia capacidad actoral, son más que cuestionables. |