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2 de Julio de 2011
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
En esta película, Zhang Yimou retrata el deseo de poseer poder, a través de una historia de poligamia. Esta se convierte en una metáfora del poder, pues ¿no es la situación propuesta en la película un referente que se puede encontrar en varios aspectos de la vida diaria? Claro está que no prendemos una linterna roja cada vez que conseguimos algo, pero generalmente hay algo, llámese signo o símbolo que denota esta nueva situación. Por supuesto, se quiere conservar lo logrado y para esto hay estrategias a emplear y se da otra discusión interna, la ética de los actos.
La ética se presenta desde el momento en que se desea el poder, irrumpe y se instala en el cómo y pierde vigencia en el momento en que se consigue el objetivo, y si alguna vez reaparece es muy tarde para dar marcha atrás, sólo da la oportunidad de ver las consecuencias de los propios actos y da paso a la locura. A pesar de proponer semejante discusión, y de tener una fotografía y ambientación bien logradas, los personajes carecen de profundidad y algunos pasan inadvertidos a pesar de engañar en un principio al espectador con una importancia que jamás van a tener. Es destacable el simbolismo del poder, pues si bien en la película es encarnado, también es evidente que no tiene cara, en este aspecto el director al no emplear los primeros planos en este personaje consigue dejar el mensaje claro con un detalle sutil. |