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Bloomsday España - Cines Astoria
7
Buena
5,6
205
votos
Sinopsis
Antonioni observa y toca el Moisés de Miguel Ángel. (FILMAFFINITY)
14 de Marzo de 2012
15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
"La melancolía de las estatuas griegas radica en que el Logos que las anima pareciera que va a romperse" (Deleuze).


El canon occidental es escrutado por Antonioni (el “otro” Michelangelo). La obsesión mimética por poseer el objeto en contraste con la filmografía de un director que buscó más allá de las proporciones.

Miguel Ángel -el “uno”- consideraba el “Moisés” su obra más “realista”. Metáfora, por tanto, sobre cómo transcurrió la filmografía del italiano superando efigies reconocibles, rastreando el misterio de la relación entre el cuerpo, la conciencia que lo observa y la idea que lo habita.

Antonioni admira esa belleza marmórea, la metafísica que la recubre como una fascia invisible. Observa atentamente el misterio de su presencia. La “Naturaleza” como modelo (autor como traductor de categorías que lo natural ofrece como "posibilidad") parece interesar a Antonioni por esconder reflexiones que exceden la apariencia, la proporción y la palabra. Cómo se desdobla en la obra el tiempo intuitivo, qué esconde el gesto grecolatino. Cómo permanece el Moisés ahí, toda vez fue tocado por manos de hace siglos.

Su belleza de facsímil insinúa el misterio de una “presencia” que va más allá de una neoplatónica previa y eidética que sirva para la traducción de la idea a lo humano y lo dramático. Antonioni fue más allá en su cine, cuestionando el alcance de la capacidad gnoseológica del autor. El realizador mira el Moisés como dirigió sus películas, evitando interpretaciones “naturalizadas” de semiótica consuetudinaria y clásica, excediendo lo fáctico y la imitación de los sentidos. El autor -su conciencia y su técnica- es incapaz. Sólo atisba la duda e incluso ante la perfección técnica de la proporción -el “imitatur naturam” aristotélico- Antonioni parece insistir en la pregunta por lo que queda oculto. Aquello más allá del autor y la obra que se manifiesta a través del vacío y el silencio.

El director desoculta lo latente a partir de un icono del arte y el pensamiento occidental –la razón, la escolástica, el renacimiento, la ilustración neoclasicista y etc-. El objeto a imitar que nos obsesionó durante siglos. Observa el mármol excavándolo con la mirada, preguntándose ontológico qué es un pensamiento que se piensa a sí mismo. Lo hace por si detrás de la forma habitara el “ser” de los objetos. El Pathos hambriento de metáfora. La ambigüedad de lo “completamente otro” que desde siempre alimenta el músculo.
Bloomsday
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