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21 de Agosto de 2008
107 de 115 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Rotundo drama judicial, una de esas películas firmes y secas, de apabullante precisión y longevidad. Un guión milimétrico (su parte de drama, su parte de intriga judicial resuelta magníficamente, su parte de comedia... Todo en la dosis justa y adecuada. Un guión profesional. Inteligente, profesional y adictivo como de los que ya no quedan) y una realización compacta, clásica, narrativamente impecable. Unas interpretaciones colosales, un personaje principal carismático y unas secundarios de lujo (ahí están los nombres). Y un J. Stewart relajado, bondadoso, eternamente sereno. Mención especial para la Remick y para Arthur O’Connell también. Colosales ya digo. Joder y C. Scott... dios, es que todos se salen... Y mira que no quería mencionarlos... todos sabemos los que son, pero no me resisto. Stewart, Remick, O´Connell, Scott, Gazzara... Me derrito.
Y luego que por ahí anda Duke haciendo de las suyas para que el contador mitómano se nos dispare definitivamente. Cine clásico. Cine. Con una fotografía en blanco y negro en la línea del buscavidas, en la línea de ese B/N de los sesenta que sigue siendo el que más me gusta, con un contraste tan acusado como las implícitas referencias sexuales, los dobles sentidos y las torvas miradas enredándose con esa atmósfera de jazz, humo y vapor de alcohol. Violencia contenida, sexo contenido, pasiones humanas contenidas. Y James Stewart en medio con su calma chicha habitual. Un puzzle de engaños, dobles sentidos y miradas. Un puzzle delicioso para pasar dos horas completamente perdido en el proceloso mundo del Common Law ¡Qué maravillosa escena ésa en la que buscan jurisprudencia entre libros, estanterías y polvo! Una de esas películas de siempre y para siempre. ¡¡Qué ganas te entran de pescar, fumar, emborracharte y ejercer la abogacía viendo esta peli coño!! |