|
6 de Enero de 2009
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Un film muy exitoso en su día y que supuso la primera aparición cinematográfica del recurrente personaje (o personalidad más bien) de François Pignon, auténtico pobre diablo de desarmante ingenuidad, magnetismo para el desastre y enervante voluntarismo, aquí unido a un implacable asesino a sueldo imposibilitado para cumplir su encargo debido a la hemorragia de problemas que supone la sola presencia de Pignon en la habitación contigua de su hotel. Mano a mano entre dos auténticos mitos que disfrutan autoparodiándose con la mayor seriedad, Brel mezclando dadivosidad, tristeza y descontrol y un descacharrante Lino Ventura manteniendo la compostura a duras penas hasta resignarse ante la cruz que le ha tocado y sacando petróleo cómico de su pétreo rostro. Molinaro tiene el acierto de plasmar el film no como una comedia, sino como un "polar" al estilo de los que protagonizaba el propio Ventura para dinamitarlo desde dentro con la infiltración del absurdo y el desenfreno, naciendo de esta colisión de estilos los mejores "gags" de una película que por desgracia y pese a contar con momentos divertidísimos (ese final) y un gran guión de Francis Veber, no acaba de atreverse a pisar el acelerador de la locura (el botones que interpreta Nino Castelnuovo necesitaba mayores dosis de histrionismo y barullo). Billy Wilder se despediría lastimosamente del cine con un “remake” de esta cinta, titulado "Aquí, un amigo" con Lemon y Matthau como protagonistas y de resultado bien pobretón, además de muy por debajo del original.
|