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20 de Marzo de 2009
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Pues sí, muy curioso. Es realmente un caso muy curioso y original. La lenta transformación de obra maestra a aburrida mediocridad a medida que el metraje de una película avanza.
El problema de esta fallida película reside en el planteamiento. Esto tenía que haber sido cine de autor, no súper producción yanqui. Ésta era una historia para ser contada de manera alegórica y poética. Jean-Pierre Jeunet hubiese sido un buen director para ella. Pero está contada como el típico drama hollywoodiense de protagonista con alguna tara. Para que nos entendamos, el resultado no es Amelie sino el Hombre Bicentenario (ouch). No lo parece al principio, porque la primera media hora, o incluso los primeros 45 minutos, son extraordinarios. Molesta un poco que el protagonista en vez de un actor sea un moñigote hecho por ordenador pero en esta parte hay elegancia y aliento poético. Pero poco a poco, la historia va perdiendo fuerza por todos lados. Y a medida que Benjamin Button rejuvenece se vuelve menos carismático y las anécdotas de su vida cada vez más aburridas. Y es que sorprendentemente rara vez se le saca juego al punto de partida de la película. Y casi da igual que el Button viva hacia atrás, la cosa se queda en comentarios superficiales en plan "¿por qué eres tan raro, Forest?". El asunto sigue decayendo. Y ya no hay por dónde cogerlo cuando el romance entre Pitt y Blanchett se desata en todo su "esplendor". Se supone que tiene que ser una historia de amor desgarradora, pero la química entre Pitt y Blanchett es la misma que puede haber entre Audrey Hepburn y Chiquito de la calzada. La película llega al ridículo. Ambos se limitan a posar y a poner morritos. No deja de ser gracioso que precisamente cuando más acartonado e inexpresivo es el personaje de Benjamin es cuando lo interpreta Brad Pitt al natural, sin maquillajes infográficos ni leches. Una vez más el protagonista es un moñigote, no un actor. En fin, la nominación al Oscar más tronchante que se recuerda desde la de el guión de Mi grán boda griega. Todos sabemos que Brad sólo se salva del bochorno cuando hace de chulito sin sentimientos como en El club de la lucha. Al final, este supuesto clásico, se queda en una falsa y artificial película con un arranque brillante que luego se limita a ofrecernos breves chispazos de calidad (los flashbacks de cine antiguo sobre el hombre al que le cayeron siete rayos o la escena de las casualidades encadenadas). Una pena. |