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20 de Febrero de 2011
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Al quitar la máscara se ve el verdadero rostro: todo procede de la novela de Kôbô Abe, que fue escrita en primera persona y está influenciado por Kafka. El alter ego aparece como adversario del protagonista y existen planteamientos morales por parte de paciente y médico. La pérdida de identidad e implantación de una nueva y cierta perspicacia por evitar los conflictos morales similares a lo expuesto en “El hombre invisible”.
El rechazo de la sociedad, la alineación, la mascara de la existencia humana, la desintegración de un matrimonio, el monstruo ocultado tras la venda, las garras de la comunicación humana, la claustrofobia del rencor humano, el mal reinterpretado como nueva piel y vida. Por suerte para Hiroshi Teshigahara el guión lo firma el propio Abe y recibió el Gran Premio Especial del Jurado del Festival de Cannes. Desde la parafernalia del superhéroe hasta “Misión Imposible”… Parece una maldición como “El hombre de la mascara de hierro” y también una continuación nipona de “Ojos sin rostro”. Se trata de un retrato metafórico del alma. Lo es nuestro aspecto y la moldea. ¿Que somos sin nuestro rostro dentro de una sociedad en la que es el único patrón que nos distingue de los unos y los otros? La asimilación de la imagen y ese poder de la mascara que maldice todo: son los ojos de otro. Donde poder ver lo que opinan los demás y saber si nos serian infieles. Eso es la mascara. Una prueba de fuego para saber lo que somos y queremos ocultar al resto. “La mujer de la arena” era una anterior fantasía y adaptación imposible del mismo autor. Hiroshi Teshigahara también dirigió un documental de Antonio Gaudí ¿Se nota? |