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15 de Julio de 2011
7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Es curioso que en el verano vayan a coincidir en las carteleras españolas dos títulos que promulgan tanto con la nostalgia de la ciencia ficción de los ochenta como “Super 8” de J.J. Abrams y “Paul” de Greg Mottola. Ambas entendiendo el homenaje y hablando prácticamente del mismo discurso nostálgico de maneras tan antagónicas y perspectivas tan oblicuas. Posiblemente el enmascaramiento que realiza Mottola no sea nuevo. “Supersalidos” era una revisión de la comedia loca de adolescentes tocada por la nostalgia de la pérdida por el destino irreversible: la edad, el crecimiento. Lo mismo sucedía con su mejor película, “Adventureland”, que no escondía en su ubicación sus múltiples referencias y ahora “Paul”: como aquella revisión de “E.T., el extraterrestre” que podría haber dirigido perfectamente Edgar Wright tejida por la comicidad. Y precisamente esa visión y engarce con el director de “Arma fatal” queda plasmada en el tándem protagonista: Simon Peggy y Nick Frost; unos nerds que siguen siendo adolescentes en cuerpos que duplican su edad anímica y mental. El punto de partida en una Comic-Con no es más que un juego referencial que enlaza con los mitos. Paul tampoco es un alienígena sacado de esos filmes de los ochenta: fiel, inteligente y tan bienintencionado como malhablado y políticamente incorrecto.
Pero para desenmascarar el mito no hay nada mejor que hacer que el guiñó del homenaje se convierta en falsa copia: Paul le dio las ideas pertinentes a Spielberg para crear películas referenciales. La auto-referencia se convierte en una serpiente que se muerde su propia cola para que veamos que la piel cambia. Pero “Paul” no tiene ya piel. El cine actual que refleja el pasado se quedó en la epidermis más sangrante. No hay muda ni repuesto y la película en toda su absoluta previsibilidad, enfrentamiento religioso-teológico incluido, no hace más que ceñirse a un discurso que también ha extraído el espectador de “Super 8” de J.J. Abrams: los tiempos cambian. Los mejores efectos de los que hacen gala los filmes de Mottola o Abrams no hacen más que aumentar la imposibilidad de crecimiento en el detalle del homenaje. Y lo que una tiene de ñoña e infantil la otra lo tiene de entretenida y gamberra. Tendremos que dejar de mirar al cielo esperando un milagro que ya nunca volverá. |