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12 de Octubre de 2006
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A “La noche de los girasoles” le cuesta arrancar hasta que llega el clímax del primer capítulo y la opera prima de Jorge Sánchez-Cabezudo empieza a coger forma.
A dar un giro inesperado y engañar al espectador con un mcguffin. El filme va por otros derroteros y su primer acto es una simple excusa para interiorizar en los personajes debido a una tragedia sobre la fatalidad que se torna en intriga y drama. Dividida inteligentemente en capítulos que abren la puerta y el relevo a nuevos personajes, “La noche de los girasoles” funciona como un artefacto de pulido engranaje donde todas las historias y tramas se complementan y se funden en una sola. Se puede visionar como una inferior versión rural (y coral) española de “Fargo” o “Un plan sencillo", aunque su funcional estructura narrativa la dota de profundidad y complejidad. Jorge Sánchez-Cabezudo no sólo ha hecho los deberes escribiendo uno de los mejores guiones patrios de este año; su dirección y puesta en escena van a la par, aunque a “La noche de los girasoles” le falta ese punto en construir una atmósfera hipnótica para ser redonda, como sucedía con los trabajos de los hermanos Coen o Sam Raimi. Otro punto negro son los personajes, que no las interpretaciones, ya que su drama interior resulta, se dice y se muestra de manera redundante. Debería esconder más que mostrar siguiendo las pautas básicas: nunca escribas lo que puedes mostrar con una imagen, con un gesto o con una mirada. De todos modos, una sorpresa para el panorama español en forma de revelación a tener en cuenta. |