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13 de Noviembre de 2011
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil.
"La cacofonía es el efecto sonoro desagradable producido por la cercanía de sonidos o sílabas que poseen igual pronunciación dentro de una palabra o en palabras cercanas en el discurso. Según Ayuso: "las cacofonías son sonidos repetidos que maltratan los oídos".
1. Se emplea a veces como recurso literario." Aunque también se está convirtiendo en un recurso cinematográfico demasiado habitual en el universo de Lars Von Trier (toma meada secuencia), que tras el necesario y agradecido salto al abismo que dio con la malsana Anticristo (tanto en lo personal, rodarla fue para él como una especia de terapia, como en lo cinematográfico, nos devolvió a un autor todavía más transgresor que en sus ruedas de prensa) vuelve a repetirnos su dogmático discurso cinematográfico en esta historia sobre el fin del mundo, que bien podría haber llegado a los quince minutos y probablemente todos lo habríamos agradecido. Con una primera parte que nos retrotrae a 'Celebración' (obra paradigma del cine dogma más olvidable, si es que hubiera algo recordable en ese movimiento más allá de 'Los Idiotas', pero porque lo dejaba bien resumido) y una segunda más intimista y desoladora a medio camino entre el Von Trier fascinado e inquieto de 'Anticristo' y el repetitivo y cargante de 'Rompiendo las bolas', Melancolía presenta a dos hermanas atormentadas porque la vida las ha hecho así -recurso habitual en el cine del danés, esta vez por partida doble, por desgracia- y su manera de afrontar el fin de la humanidad a causa de un planeta llamado Melancolía que va cruzar su órbita con la de la tierra. Dicho así hasta suena apasionante y todo, pero no deja de ser más que una de problemas familiares y mentales cámara en mano, con dos taradas y uno todavía peor de la azotea que ellas, el director. Von Trier repite constantemente en boca de sus personajes que la vida no merece la pena, la felicidad no existe y el ser humano solo sufre, una y otra vez plasma sus problemas en unos personajes muertos por dentro en lugar de llamar a su psicólogo, que nos quejamos de España pero la seguridad social en Dinamarca también está regular. Al menos es coherente que una película que solo desea su aniquilación llegue a ella como si de un final feliz se tratara. Disfrutamos del virtuosismo estético que pretende alcanzar Lars en el clímax final o en el fascinante inicio, pero sufrimos con su cerrada y acomplejada visión del mundo y del cine mientras nos maltrata con la incontestable e insostenible amargura de sus personajes, esa de la que es mejor no preguntar porque no vamos a encontrar respuesta y se cae el tinglado, mientras echamos de menos al Von Trier de las entrevistas que no pretende contentar a nadie. Definitivamente, me sigo quedando con su rueda de prensa en Cannes, eso si que era melancolía.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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