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1 de Noviembre de 2010
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Alejandro González Iñárritu nos presenta su cuarta película titulada: Biutiful, un drama lleno de imágenes que se diluyen entre luces y sombras, entre lo crudo y lo frágil, en un mundo no idealizado, ese mundo del que todos somos parte, pero a la vez negamos; hablo de este mundo carente, desvalorizado, segregado, viciado y enfermo.
Al contar la vida de Uxbal (Bardem), padre de dos hijos, dedicado a actividades sombrías en la ciudad de Barcelona, que goza de sentidos muy agudos y un corazón vibrante, quien envuelto en una serie de situaciones, deberá afrontar a los fantasmas de su vida, desde una perspectiva por demás complicada. Evidentemente este drama avoca temas muy delicados y que son de interés global, tales como la trata de blancas, la enfermedad y el alcoholismo. Javier Bardem estremece la pantalla, personifica y consolida el personaje que busca proyectar González Iñárritu en sus películas, personajes con mirada penetrante y rostro duro; bien merecido el reconocimiento otorgado en Cannes, ya es costumbre que Bardem resulte ganador, dada su grandiosa diversidad de caracterizaciones que a lo largo de su carrera nos ha regalado. González Iñárritu impacta con sus imágenes, es garantía en cada película; cautiva los oídos, siempre atento a los sonidos, la ambientación que logra te hace sentirte parte de la escena; en cuanto al guión, es evidente que perdió contundencia sin la colaboración de Guillermo Arriaga, poco creativo en momentos, pero con la presencia de Bardem hace prodigiosos a sus personajes. |