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15 de Marzo de 2008
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Qué placer da ver esta película: sin duda, está plagada de trampas, no sólo eso, sino que es una trampa de principio a fin, con cientos de trucos del director para manipular al espectador. Esto, que en otras ocasiones parecería un pecado imperdonable, aquí es una gran virtud, ya que sirve para el propósito general de la obra, que es entretener proporcionando una diversión sin fin. La inverosimilitud de la narración encubre, que no tapa, cargas de profundidad que se extienden a la largo del metraje: hay una crítica feroz a la situación socioeconómica argentina, a esa Argentina de corralitos, de bandidos, de modernos pícaros (qué fascinante cuando Marcos le enumera a Juan ese listado practicamente interminable de buscavidas existentes en la sociedad del país), una crítica a la intrusión extranjera (antiespañolismo descarado, ya que el "gallego" que sale es practicamente un demonio).
La película no sería lo que es si no se hubiera establecido esa química perfecta entre los dos protagonistas, Marcos (Ricardo Darín) y Juan (Gaston Pauls), quienes dan lo mejor de sí mismos para hacer creíble esta historia plagada de giros y juegos. |