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7 de Diciembre de 2008
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Pregona el triunfo de la docilidad y la sencillez sin que se tenga que renunciar a la dignidad. (¿A la vez, alegoría inconsciente de la propia historia patria?).
Enseña, pues, entre muchas otras cosas, cómo amar sin tener que decir “te amo”… Fotografía espléndida con ritmo fluido y musical, misma que, sin alardes, no deja de sorprender en su perfección y al magnificar los detalles nimios del entorno cotidiano, de entre los cuales la naturaleza en su plena riqueza, prodigalidad y armonía se revela como el espacio donde la alegría, el dolor, la estética, la espiritualidad, la carnalidad y los placeres del hombre (hombres y mujeres) han de confluir también en armónica, natural y cotidiana cita. La música natural (grillos, ranas, lluvia) sin renunciar a las improntas de la violencia ambiental generada por los humanos lo inunda todo; la música otra, la polifónica, la instrumental generada tanto por oriente como occidente, se percibe y vive también como el mejor linimento para el alma. |