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16 de Marzo de 2010
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Ahora aparece la señorita perfecta, la que ve personas pasar durante el letargo de una temprana tarde de primavera, en silencio, rodeada de los pequeños sonidos que acompañan cualquier abarrotado lugar donde encontrar la soledad absoluta.
Así quedan retratados los días que van pasando en esta película, la señorita perfecta caminaba unos pocos pasos y se paraba de nuevo a contemplar otro escenario en el que coger un poco de aire y subordinar su mirada a las pequeñas cosas que le rodeaban. Entre contemplaciones y silencios la señorita perfecta se preguntó si tenía algo que contar, o prefería sólo mirar lo que ocurría a su alrededor, sin preocuparse de aportar algo de su conocimiento en la vida misma para beneficio de todo aquel que vigilaba sus pasos de cerca. Pero decidió que no era importante el mensaje siempre y cuando la estética estuviera tan sumamente cuidada como instantáneas abandonadas en un lecho de flores que nunca marchitan. Así permitió premiar los objetos doblegados de un vagón de metro, los susurros del pescado muerto de un mercado y las historias contadas por terceras personas que nunca estuvieron allí, olvidando atraer a todos aquellos que seguían su paseo desde el otro lado de la pantalla, para abandonarlos a su suerte en algún momento imprevisible. La señorita perfecta entró en un restaurante en Tokio y pidió una sopa para meditar sobre sus largos atardeceres. En ese preciso instante llegó de la nada el consejo: No hay que preocuparse de la educación o la ausencia de ella al sorber la sopa tan sonoramente, si el contenido del bol resulta tan insulso por incluir unos ingredientes dispersos que ni siquiera flotan entre los fideos. Sorbe, señorita perfecta, sorbe la sopa sin reparos. El resto de clientes saldrá de la sala sin hacer ruido. |