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10 de Marzo de 2011
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Para un público amplio y más llevado por el Consumo que por el Arte, Jean-Luc Godard no es un cineasta de cabecera. Ni la intención de Godard era atraer adeptos en masa para que sus films se convirtieran en colofón de conversaciones a la salida de la sala. A muchos les podría considerar escueta la exposición fílmica de “Al Final de la Escapada” (À bout de Souffle, 1960) acorde a los movimientos nerviosos de ese Jean-Paul Belmondo, “infant terrible” galo que quiere imitar al tipo duro yanqui con su final tan brusco, abandonado por Jean Seberg en las calles de Paris i blanco de la gendarmería.
Esa respuesta godardiana a los americanos con “Le Mepris” pretende darles otro sablazo; en esa ocasión recurriendo al “cine dentro del cine” y el inicio de una relación de pareja que va cuesta abajo mientras dura la fase de pre-producción en Capri de un proyecto de llevar “La Odisea” de Homero a la gran pantalla. La matrimonio formado por el guionista Paul (Michel Piccoli) y Camille (Brigitte Bardot) se deja llevar, con sus distintas razones, por la seductora oferta de colaborar en ésa empresa que ha puesto en marcha Jeremy Prokosch (Jack Palance), un productor norteamericano y que cuenta con el apoyo de Fritz lang (él mismo) en persona para que dirija la película. Buena parte de la película se centra en las discusiones del matrimonio, en permanente estado de crisis (y aquí Georges Delerue se luce con su famosa composición) y el repto de afrontar la implicación de los dos en el rodaje de la película de Prokosch y Lang. Pero, vista desde fuera, “Le Mepris” es un vehículo de lucimiento para la Bardot y sus desnudos de sábana que dieron, una vez más, la vuelta al mundo. |