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9 de Noviembre de 2010
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Ese hombre tan irónico y tan lúcido, tan peculiar y tan entrañable , tan inteligente y tan ácido, ese hombre capaz de transmitir como nadie el romanticismo, el humor inteligente, el pesismo, la crueldad, la más feroz crítica social, ese hombre que creó Días sin huella, El crepúsculo de los Dioses, La tentación vive arriba, Testigo de cargo, El apartamento, Con faldas y a lo loco, Irma la dulce, La vida privada de Sherlock Holmes, Primera plana y sobre todo Perdición, ese hombre no es otro que Billy Wilder. Su última película la dirigió en 1981, el mismo dejo de sentarse tras las cámaras, y las productoras no confiaban demasiado en producir sus cintas debido a su avanzada edad. Murió de una neumonía a los 95 años, dejando en su lápida la frase "Soy escritor, pero nadie es perfecto".
En 1944 dirigió Perdición, se juntó con Raymond Chandler (ese genio de los diálogos) para escribir el guión (basado en la novela de James M. Cain) y reclutó a Fred MacMurray, Bárbara Stanwyck (fascinante femme fatale) y Edward G. Robinson para los papeles protagonistas. Perdición es una de las obras maestras del cine negro (y del cine en general), ese género con aroma a derrota y a imperfección asboluta, ese género que ha parido tantas y tan diversas obras maestras, ese género que tan bien ha sabido narrar lo más cruel y lo más oscuro del interior de las personas, ese género donde la destrucción y el dolor eran eternos, ese género que tanto añoro.... Un vendedor de seguros, una mujer fatal y su marido, un plan, un crimen... Todo lo sabemos desde un principio, se podría decir que no hay misterio, pero Wilder (que grande) nos va enseñando esa turbia relación, la idea del crimen, la ejecución, las consecuencias... Narrada desde el comienzo, Perdición es un retrato sucio de sus personajes, que acarician el amor y el odio, el dominio y la sumisión. Es una historia fría, trágica, sórdida, brutal, abrumadora sin el más mínimo resquicio de compasión por la vida humana. Una de mis películas preferidas, por ésta y por otras tantas. Gracias señor Wilder. |