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16 de Mayo de 2008
29 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Bendita sea allí donde esté, ¡como pudimos disfrutar con ella!, nos ha mostrado todo tipo de momentos: hilarantes, como cuando en Mogambo pra intentar ocultar una infidelidad creó un incesto, eróticos, porque los besos y las caricias imaginados eran siempre mucho más lujuriosos que los mostrados, incoherentes, como cuando cambió el pasado de Rick Blaine para hacerle defensor de la independencia austríaca ante la Anschluss en lugar de partidario de la República (nadie en Austria se opuso a la Anschluss), etc...
Pero si hubiera que elegir el momento glorioso de la censura sin duda sería cuando le colaron por toda la escuadra la mayor carga de profundidad contra ese estamento extraño, preñado de hipocresía y doble moral, vomitivo en el fondo y en la forma conocido como franquismo. Bajo el pretexto de un cuento de navidad, Berlanga disecciona el repugnante sentido ético de un mundo dónde sólo importaba la apariencia. Sólo por la idiocia de no reconocer semejante patada en los huevos a tan repulsivo régimen merece nuestras alabanzas, bendita bendita censura. |