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1 de Marzo de 2012
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Érase una vez un cineasta llamado Martin, érase una vez una crisis desoladora que consumía a propios y ajenos día tras día, érase una vez un adolescente que voló durante 127 minutos, un adolescente que derramó una lágrima de alegría...
Scorsese se abre de par en par, descansa de todas esas absorbentes historias de violencia, corrupción, honor y sangre para ofrecernos un inusual relato que no es más que una imponderable y mágica declaración de intenciones, una declaración que nos toma como testigos, testigos que se maravillan y crecen como seres con las imagenes en movimiento, con las aventuras y los peligros, con los encuentros y los desencantos, con las historias, con el cine, con el Séptimo Arte, al menos para aquellos que sepamos considerarlo como tal, una historia de corte familiar que esconde un carta de amor infinito e imperecedero hacia el celulóide, una búsqueda donde conoceremos personas que encontrarán un hueco en nuestra memoria como nosotros en nuestros respectivos asientos para recordarnos que no estamos solos, con un reparto encabezado por un futuro prodigio llamado Asa Butterfield acompañado de una jovencilla con mucho desparpajo, pero quienes se llevan la palma en esta función son un inmenso Ben Kingsley como el legendario Méliès que raramente no arañó ni la nominación en la última edición de la estatuilla dorada conocida como Óscar, y un desternillante Sacha Baron Cohen. Una vez detiene uno su inevitable emoción tras salir de la sala, cae en la cuenta de que más alla de esos sentimientos, no todo el monte es orégano ni mucho menos, y es que el film consta de dos tramos claramente diferentes, partiendo del inicio hay momentos puntuales en los que el guión, simple de principio a final pero de carácter sentido y honesto, cae en algún que otro agujero negro donde se remolonea más de la cuenta o al menos de lo necesario, aunque no hay que olvidar la novela en la que se basa y el marcado acento inocente de aquella, aún con todo ello y a medida que se nos van presentando los distintos personajes, de forma inequívoca hasta el ser más contenido de la sala debería lograr encariñarse sin incoveniente alguno con las desventuras de todos ellos, sobre su segundo tramo hay poco que decir ya que habla por sí solo, las imagenes cobran vida propia, más aún si cabe, y nos deleitan iluminando cada corazón con la muestra de los inicios de un Arte en los que aún nos quedan placeres como La invención de Hugo para recordar porque lo amamos, porque para muchos nuestra vida gira en torno a esta invención, la causa y el lugar, todo de la mano de Scorsese y Méliès. (Sigo en spoiler sin desvelar nada)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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