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7 de Octubre de 2009
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Espeluznante, inquietante, terrorífica... hay muchos calificativos para definir esta película en la que Roman Polanski demuestra estar en plena forma. El horror metido en un ambiente que no podía ser más cotidiano se multiplica por dos o por tres: nos sentimos identificados con esta adorable pareja que se instala en un amplio apartamento en busca de su "nidito de amor". El edificio es antiguo y algo terrorífico, pero eso también tiene algo de romántico. Y la felicidad se ve completada con la esperadísima llegada de un niño. Sin embargo, algo empieza a torcerse: las cosas no son como una había soñado. La fragilidad de Mia Farrow, esa mirada azul ligeramente decaída y esa extrema delgadez, son ideales al aportar a Rosemary todos los matices que necesita esta singular historia. La inocente protagonista se ve rodeada de secundarios un poco extraños, con ideas todavía más extrañas, y poco a poco se ve atrapada en una historia rocambolesca que, de no vivirla, casi nadie se creería. Y el final, en el que en lugar de enseñar (como harían muchos cineastas actuales que dejan poco 'chance' a la imaginación del espectador), se insinúa, no lo vemos pero lo imaginamos. Terrorífica.
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