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23 de Mayo de 2012
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La verdad es que no puedo ser objetiva con éste film, me enamoró cuándo lo vi por primera vez a los 3 años (mi abuelo me enchufaba películas de Charles Chaplin constantemente y a mi me tenía el hombre enamorá), y aunque a esa edad me impresionó mucho más Candilejas no pude dejar atrás al crecer la eterna idealización de Merna como la mujer más bonita del planeta. Ahora decir dichas palabras es sin duda una aberración (pues dándole un nuevo vistazo a la película me doy cuenta de que la chica no es ni de lejos comparable a GRANDES artistas como Marlene Dietrich que es un completo amor, pero en ese momento esa piel tan tersa y blanca que me rebeló Merna como canon de belleza de las primeras actrices del cine me tuvo fascinada y aún hoy siento una grave admiración hacía ella.
Si nos paramos a analizar algunas escenas veremos que quizás las dos más emblemáticas sean la que muestra Charlot atrapado - siempre por accidente - dentro de una jaula con un león hambriento, y el momento culminante dónde el protagonista sustituye al trapecista y hace tambalear la cuerda floja llevando a lomos a unos traviesos monos de circo. En especial la primera de ellas siempre me ha gustado mucho, la estúpida reacción de hacerse el machote delante de su querida cuándo uno esta muerto muertísimo de miedo es un sentimiento tan humano y tan perfectamente ridiculizado que se convierte en una magistral comedia. Pero la escena que personalmente más me atrae es la persecución del principio en la sala de los espejos, quizás sea por la pulcritud de las imágenes que se aparecen totalmente claras y nítidas o la desorientación que muestra al espectador que ni siquiera sabe dónde se encuentra la salida y el imposible encuadre (aunque es algo muy básico, sigo sorprendiéndome de la capacidad de filmar tomas con espejos sin que se vea ni un ínfimo segundo las cámaras). (sigo en spoiler)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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