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15 de Agosto de 2005
13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Cuarto largometraje del checo Jan Sverak, que consiguió el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa. El guión es de Zdenek Sverak, protagonista de la película y padre del director.
Frantisek Louka es un afamado violoncelista, de 55 años, soltero y donjuan, que ha sido excluído de la Orquesta de Praga por su desafección al régimen pro-soviético. Ha de ganarse la vida tocando el violoncelo en funerales y dando clases. Vive solo en una buardilla, donde cultiva con empeño su condición de donjuan. Gasta más de lo que gana y contrae deudas que le llevan a aceptar, por dinero, una propuesta de matrimonio de conveniencia con una joven rusa, madre de un niño de 5 años, que quiere obtener el permiso de residencia en Checoslovaquia para pasar, de inmediato, a Alemania Occidental, donde reside su amante. Deja al hijo, Kolya (Nicolás), en Praga al cuidado de la abuela. Cuando ésta cae enferma y muere, los funcionarios gubernamentales entregan el niño a Frantisek. Pese a la resistencia inicial de éste y a las dificultades derivadas del hecho que el niño sólo habla ruso, nace entre ambos una relación de afecto que les une fuertemente y que llena el vacío afectivo y emocional de Frantisek. La narración se desarrolla con gracia, ironía y ternura, mientras el espectador es testigo de la antipatía que los checos sienten por los rusos, de la ostentosa presencia militar rusa en las calles de Praga y de las acciones de protesta que se suceden hasta la caída del régimen en 1990. La interpretación del niño rebosa simpatía y una naturalidad entrañable. La bonita historia que cuenta la película se complementa con la visión de una Praga monumental y espléndida, rodeada de paisajes idílicos. A ello se añade una banda sonora magnífica que recoge numerosos fragmentos de Dvorak, uno de Mendelshonn y reserva para el final una pieza de Smetana. A destacar la secuencia en la que el niño se pierde en el metro, mientras Frantisek lo busca con desesperación. |