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31 de Agosto de 2005
20 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Película escrita, producida y dirigida por Robert Rossen, basada en la novela de J.R. Salamanca. Es la última realización del autor, en la que debuta como actor Gene Hackman en un papel muy breve y poco simpático, que acentúa la desolación de la antigua novia del protagonista.
La historia relata el retorno a su ciudad natal, en Maryland, de un joven veterano de la guerra de Corea. Pronto encuentra tabajo como terapeuta en un centro psiquiátrico privado que acoge y cuida enfermos mentales de familias adineradas. En el centro conoce a una joven interna muy atractiva, a la que trata profesionalmente con resultados iniciales satisfactorios y de la que poco a poco se enamora. Las relaciones entre el terapeuta, Vincent Bruce (Warren Beatty), y la enferma Lilith (Jean Seberg) permiten describir las dificultades de conocer lo que en realidad piensan y desean los enfermos esquizofrénicos, su fragilidad, altibajos y problemas de curación. Las personas afectadas son felices a su manera, viven en un mundo en el que se mezcla realidad e irrealidad, padecen obsesiones y a veces tienen accesos de ira. Vincent intenta penetrar en este mundo complejo y contradictorio, más allá de los límites profesionales, en un viaje lleno de riesgos y peligros. La escena en la que aparece la imagen de la madre de Vincent, cuyo recuerdo llena su vida, tras el cristal de un escaparate; el reflejo en la superficie del agua de la imagen algo distorsionada de Lilith y una amiga cogidas de la mano; la mirada de los enfermos tras las rejas a primeras horas de la mañana, después del suicidio de uno de ellos, y otras son escenas emblemáticas del film, llenas de emotividad. La fotografía, de Eugen Schüfftan, director de fotografía eminente e innovador, utiliza negros intensos, blancos limpios, fuertes contrastes de claroscuro, reflejos en el agua, suerposición de imágenes, encuadres de arriba abajo y viceversa (identificando la posición relativa de los interlocutores) y perspectivas angulares muy sugestivas. Se recrea en la descripción de paisajes frondosos e idílicos, movimentos del agua (río, desembocadura y mar), la fiesta popular con jinetes a caballo, paseos por la campiña. Antes de abandonar Europa, colaboró con Ophuls, Carné y René Claire. En EEUU colaboró con Elia Kazan y otros. La música es de Kenyon Hopkins ("Propiedad condenada", "Río salvaje", "Baby Doll"), que utiliza solos de flauta y combinaciones de flauta, percusión, piano y clarinetes en composiciones de gran delicadeza, evocadoras, sugerentes y emotivas. La interpretación de Jean Seberg es convincente y conmovedora. Obra de gran belleza visual y sonido excelente, trata de penetrar en el oscuro e intrincado mundo de la mente humana en un drama psicológico bien construído y bien expuesto, que se ve con agrado, pese a la obsolescencia de algunos de sus referentes básicos debido al avance de la medicina. Recuerda en algunos aspectos "Esplendor en la hierba", de Kazan. |