|
3 de Agosto de 2012
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Las inquietudes de Bergman sobre la enfermedad, la soledad y las relaciones familiares secundan en este caso a las obsesiones sobre el sexo. Explícitamente atrevida para la época, gracias a la sensualidad y buen hacer se sus dos intérpretes femeninas, el silencio del título se define en los sonidos que rompen el discurso, representados en el motor de un tanque, el tic-tac de un reloj o el vuelo de unos aviones... Otra lección de caligrafía fílmica en la meticulosidad de los planos, como ese cenital en los pasillos del hotel, mostrando la soledad del niño ante la incertidumbre de su descubrimiento. Un 7/10.
|