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26 de Noviembre de 2008
12 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Tengo un silloncito nuevo para ver las pelis en casa. Es acolchado y muy cómodo, pero no tiene brazos, de manera que si la peli no engancha o produce sopor, caes a plomo por uno de los costados. Normalmente, la caída provoca una leve magulladora y suele quedar en un mero susto, pero en este caso concreto, y dado el sueño profundo y pegajoso en que me sumió la duquesa de los cojones, me rompí dos dientes y me abrí una brecha en la nariz, justo en mitad del tabique. De ahí que esté escribiendo esta reseña con una puta venda en la cara y que esté bebiendo zumo de piña con la ayuda de una puta pajita.
Desde hace ya algunos años, en los países pertenecientes a la Unión Europea, está totalmente prohibido reunir a un número nutrido de personas, pertenecientes o no a un mismo gremio, y fusilarlos a eso de las seis de la mañana frente a un muro de piedra. Pero fue tal la presión popular y las cartas del sector audiovisual que así lo sugerían, que tuvieron que hacer una excepción con el equipo técnico y artístico de esta película. Y, de hecho, apenas se alzaron voces lamentando el evento. Dos o tres grititos del primo hermano de uno de los auxiliares de vestuario, y poco más. Fosa común, una misa muy coqueta y unos canapés de atún a la salida. Pero el cine es grande, qué le vamos a hacer, y algunos encontrarán virtud donde un servidor sólo encuentra bostezos, mierda y dinero mal invertido. |