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20 de Mayo de 2007
9 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Con esta tercera y última entrega de "El Señor de los Anillos", Peter Jackson pone el broche de oro a un titánico esfuerzo.
Creo que basta decir que esta última parte supera a las dos anteriores (que ya de por sí eran sublimes) para que se hagan una idea de su extraordinaria calidad en todos los sentidos en que una película puede ser extraordinaria. Frodo y Sam siguen adelante, acercándose cada vez más a Mordor. Los demás miembros de la Comunidad del Anillo se dirigen hacia Minas Tirith, la capital de Gondor, donde gobierna el Gran Senescal, a la espera de que venga el legítimo rey de Gondor (cuyo trono ha estado vacío durante siglos). En Minas Tirith se prepara la gran batalla final de la Guerra del Anillo. Nuevamente se nos ofrecen espectaculares escenas de batallas, mientras paralelamente Frodo y Sam, agotados, se preparan para intentar completar su misión: destruir el Anillo. Entonces, viviremos los momentos más apoteósicos de la película, en una explosión de tensión y acción, mientras toda la Tierra Media contiene el aliento. La suerte está echada y ya sólo queda la destrucción total o... la salvación. Indescriptible el inmenso caudal de emociones que puede llegar a provocar, con algunos de los momentos más intensos que jamás he experimentado al ver una película. Termino por decir que creo que Tolkien se sentiría orgulloso y tal vez abrumado por el hecho de que su obra sea tan admirada y justamente homenajeada. |