|
28 de Enero de 2010
10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Cambiamos a Mel Gibson por un japonés incapaz de poder sacar adelante una cinta impactante sobre torturas.
Satoru Ogura intentó realizar una falsa snuff movie con escasos medios técnicos y artísticos. Y por ende, en vez de sobresaltar con su enfermizo experimento cinematográfico sobre el dolor, en cambio provoca sopor e inclusive ciertas risas ante la falta de verosimilitud en las situaciones truculentas desplegadas. Tres individuos secuestran a una mujer para efectuarle todo tipo de torturas aberrantes repletas de sadismo. Pero esa crueldad no resulta para nada creíble, principalmente por la pésima interpretación de la “actriz” que hace de víctima, la cual no transmite nunca realismo ni convicción a su personaje. Además la cinta posee una factura estética artesanal muy borrosa donde la escasa iluminación hace bajar mucho la calidad de la imagen, y prácticamente no se puede apreciar casi nada lo que quieren plasmar en pantalla. Sólo un trucaje está conseguido, los demás son para el olvido de artificiales y poco realistas que resultan. El filme casi no tiene diálogos y es denso a pesar de que hay bastante originalidad –aunque un tanto aparatosa y ridícula- en los métodos de torturas. Pero claro, de nada sirve todo esa excentricidad de querer plasmar el “torture porn” si los actores no le dan dramatismo a las escenas. “Guinea Pig: Devil's Experiment” es un fallido experimento sobre terror gore, muy grosero e inverosímil en su puesta en escena, y que para colmo de males termina aburriendo y no resulta efectivo en su objetivo de causar escándalo. |