"Ser o no ser. Esa es la cuestión." Parece que Shakespeare nos lo dejó todo muy claro desde hace ya bastante tiempo. Pero la verdad es que siempre estuvo claro: estar vivo o no estarlo quizás sea, acaso, la decisión más importante que alguna vez tomamos. O que toman por nosotros. O que no tomamos en absoluto.
spoiler:
En "Mar Adentro", la cuarta película de Alejandro Amenábar, esa es la cuestión que envuelve, embellece y, paradójicamente, le da vida a todo el relato: la voluntad de morir tetrapléjico Ramón Sampedro es el hilo conductor de un film valiente, que mira a la muerte a los ojos y se atreve a enfrentarla, a desafiarla, a invitar a que entre en nuestras mentes la sola idea de formar parte del séquito de súbditos que tiene. Y no sería exagerado decir que, más allá de la voluntad de Sampedro, lo que el espectador recibe una vez que se encuentra con esta obra de arte estupenda, es un gran canto a la vida, que conquista todo cuanto encuentra a su paso, que maravilla por su aparente simpleza y su infinita complejidad, que no deja de impresionar hasta al más desprevenido. De hecho, "MAr Adentro", más allá de inspirarse en un caso real, es un retrato en carne viva de parte de un director que tiene a la muerte como su tema predilecto (está presente en todas sus películas) y refleja con exactitud envidiable la vida de una persona que persiguió a la muerte por casi treinta años. "¿Por qué morir?", le pregunta Julia, la abogada, a Ramón. Ramón a su vez responde que él no puede concebir una vida en esas condiciones, de hecho, en su libro Sampedro dice ser "una cabeza viva en un cuerpo muerto", por lo que quiere ejercer su derecho a morir dignamente. Aunque uno conozca, o por lo menos, tenga una idea de, como será el final de la película, vale la pena recibir "Mar Adentro" con una mente abierta, sabiendo que muy probablemente ya tengamos una idea preconcebida acerca de la eutanasia. Pero, que quede claro, esta es una película que refleja la belleza de la vida, contrastándola con la sordidez de la muerte. Muerte que tanto anhelaba Sampedro precisamente porque amaba la vida. Y la vida en condiciones como las que él tuvo que soportar no es vida en absoluto. Muy merecido el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Lo celebramos.