Kubrick. Kubrick en estado puro. Con sólo estas cinco palabras, el espectador avezado sabrá a lo que me refiero. Esta película (si es que podemos reducir su magnitud a un calificativo tan general) es Kubrick. Punto.
Pero por ampliar un poco más: Una banda sonora excepcional, unos actores que no entienden por interpretación sino la perfección más absoluta, un guión controvertido, brillante y muy duro de la mano del autor de la novela homónima Anthony Burgess. Y el toque mágico del maestro.
spoiler:
"Ahí estaba yo. Es decir, Alex y mis tres drugos. O sea Pete, Georgie y Dim. Estábamos sentados en el Milk Bar Korova, exprimiéndonos las rasureras para encontrar algo con que ocupar la noche. En el Korova Milk Bar servían leche plus. Leche con velloceta o con dencromina... que es lo que estábamos bebiendo. Eso nos aguzaba los sentidos y nos dejaba listos para una nueva sesión de ultraviolencia."
Álex comienza así su película; y digo "su" porque; creámoslo o no, conseguirá que en sus 137 minutos, lleguemos a tomarle un aprecio si no real, al menos peculiar e íntimo.
Álex es un antihéroe. Un criminal con encanto, si queréis.
Álex mira fijamente a la cámara. Es todo sonrisa sardónica. Pero sonríe siempre de medio lado. Da un sorbo de su leche plus. Y nos mira. Su ojo derecho decorado por unas pestañas postizas. El excelente doblaje en español hace que llegue a nuestros oídos su voz, traviesa, estandarte de la inocencia y, sin embargo, rezumante de una maldad que aún no hemos visto pero igualmente intuimos. Hablan entre ellos en la jerga nadsat, híbrido entre el inglés y el ruso que aporta un plus extraño y fascinante a los diálogos.
Álex es un maestro en todo lo que hace. Es joven, inteligente y perverso. Por si fuera poco, Malcolm McDowell eleva su interpretación a la categoría de sobrenatural. Un genio. Consigue que no puedas separar actor de personaje. Ni quieras. Consigue que ames y sientas una profunda lástima por ese ser despreciable que es Álex. Asistes a sus peripecias vitales con la ansiedad y la expectación con que una madre ve crecer a sus hijos.
Una película intensa. Ámala u ódiala. Es imposible que te deje indiferente. Ámala u ódiala. Pero hagas lo que hagas; piensa que un extremo u otro ya te indican que, de algún modo, ya te ha impactado.
Y es que Álex es tan encantador...
Ámale u ódiale. Pero no le ignores. No puedes...