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24 Hour Party People

Musical. Comedia. Drama En 1976, Tony Wilson descubre que su verdadera vocación es la música. Funda un sello discográfico y se convierte en cazatalentos y promotor musical. Nace así la exitosa discográfica Factory Records de Manchester, de donde proceden grupos como Joy Division, New Order y Happy Mondays. Tony Wilson y sus amigos, tras asistir a un concierto de Sex Pistols, a finales de los años 70, elaboran un plan que cambia por completo el mundo de la ... [+]
Críticas 48
Críticas ordenadas por utilidad
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9
21 de abril de 2017 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Movida, irónica, vital, inglesa. Si sabes algo de los ochenta y noventa musicales, te ayudará; y si no, disfrutarás igual de una grandísima película.
7
21 de septiembre de 2010 Sé el primero en valorar esta crítica
Fascinante y apasionante radiografía cinematográfico-sonora sobre la escena musical de Manchester durante los años ochenta, conocida popularmente como Madchester. Una ciudad que se convirtió en un auténtico caldo de cultivo para un sinfín de enormes bandas de rock cuya música habría de influir de manera decisiva en la posterior evolución del género musical: Joy Division, Happy Mondays, The Clash, The Smiths, The Stone Roses, New Order... Casi nada. Resulta de lo más ilustrativo ver a los protagonistas arrancar con sus propias manos un póster de "The Dark Side of the Moon" de Pink Floyd que colgaba de la pared de su estudio. Los '70 habían terminado (gloriosos '70, por cierto). Bienvenidos a los '80.

A través de un marcado tono irónico y desenfadado, la obra de Winterbottom narra el ascenso y caída de la compañía The Factory y de sus más emblemáticas bandas y líderes. Todo ello a través de Tony Wilson, el auténtico hombre detrás de todo el tinglado que se montó en Manchester y que sirve de perfecto hilo conductor para todas las historias que se muestran, desde la mítica sala Hacienda, hasta las peripecias de Wilson para Granada TV, las drogas, el punk, el post-punk, el rave, los DJs, las discográficas, los productores musicales... Un esplendoroso mosaico que no es ni más ni menos que un tributo a la música, un sentido homenaje a lo que este maravilloso mundo significó y sigue significando para mucha gente.

Con una realización plenamente identificable con el documental, el filme no duda en echar mano de una para nada sutil ironía a la hora de rememorar los peregrinos sucesos en que los protagonistas se vieron inmersos, algunos de ellos basados en simples leyendas urbanas o inventados directamente por los responsables de de la película, pero la mayoría de ellos, aunque pueda parecer lo contrario, tan reales como la vida misma.

Soberbia dirección por parte de Michael Winterbottom, por cierto. Igualmente, resulta de lo más refrescante el original y entretenido guión de Frank Cottrell Boyce; me atrevería a decir, incluso, que se trata del mayor exponente del que el filme hace gala. Sarcástico como pocos, pero divertido y contagioso como pocos. Cuando parece que ningún personaje podrá superar al anterior, comprobamos cuán equivocados estábamos: lo menos una docena de veces he pensado mentalmente "qué grande" ante las distintas acciones o comentarios que iban teniendo lugar. Qué grande.
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La recreación de las múltiples bandas es otro de los puntos a favor. Ver a Ian Curtis con su peculiar estilo de baile en canciones como "Ice Age" o "Love will tear us apart" estremece al mismo tiempo que fascina. Al igual que presenciar la elección del nombre del grupo, o los incidentes iniciales con grupos de nazis que se colaban en sus conciertos pensando que el grupo era de su ideología. Si bien, obviamente, no es la realidad, tampoco lo pretende, pero sí que se trata desde luego de una buena toma de contacto con el universo joydivisioniano.

El estilo videoclipero, combinado sabiamente con una banda sonora de grupos de la época y un ritmo de montaje bastante trepidante por momentos consiguen provocar en el espectador un efecto similar al que muchas drogas logran: nos vemos hipnotizados ante la pantalla, pero sin los molestos efectos secundarios que acompañan a este tipo de sustancias, salvo posiblemente el de querer ponerse a tocar en un grupo de música y vivir al límite. Poco más hay que añadir. De obligado visionado para cualquier seguidor de este tipo de música o de alguna de las principales bandas que aparecen en el filme. Doy fe de que en cuanto termine de escribir este párrafo cogeré mi guitarra y me pondré a aporrearla un rato. Lo necesito. ¿Alguien se apunta a tocar y recuperar el espíritu Madchester?
7
4 de abril de 2012 Sé el primero en valorar esta crítica
Para los amantes del rock, en concreto del movimiento indie, 24 hour party people tiene que ser una de sus películas de cabecera. Winterbottom, una vez más, se lanza al vacío y apuesta por un hito de la historia de la música reciente: la creación de Factory Records y la posterior apertura de la Hacienda.
Para mí, el gran interés de 24 hour party people está en la primera mitad de la película, donde se cuenta la historia de Tony Wilson y su gran descubrimiento: Joy Division. Me encanta, concretamente, cómo traza Winterbottom la personalidad de Ian Curtis, líder de la banda, que terminó ahorcándose en cuanto vio que podía convertirse en una gran estrella del rock. Esa parte de la película me parece la más brillante, la de mayor interés. Después, la genialidad se vuelve un poco rutinaria, y el personaje de Tony Wilson y la de las personas que le rodean ya no despiertan tanto la curiosidad.
Si algo destaca en 24 hour party people es la absoluta libertad de Winterbottom para narrar la historia. El director británico se vale de cualquier tipo de recurso narrativo para mantener el ritmo y desarrollar tan psicotrópica historia: voz en off, speeches directos a cámara, documentos gráficos, montaje frenético, y todo lo que se pueda imaginar. Winterbottom, literalmente, hace lo que le da la gana, siempre respetando el espíritu de los hechos que relata. Es la libertad del creador puro.
Y por último, para los que amamos la música, es reconfortante y muy agradable poder disfrutar en la gran pantalla de la historia de los iconos modernos del rock. El Manchester de los últimos 70 y primeros 80 es clave en la música moderna, y bien merecía una película. Y si además se hace con verdadero amor hacia lo que se está contando, como hace Winterbottom, tenemos una película impagable, emocionante y muy, muy divertida. A pesar de algún que otro altibajo, todo hay que reconocerlo.
7
23 de mayo de 2013 Sé el primero en valorar esta crítica
El hiperactivo (curioso: antes decían de estos niños que eran maleducados; ahora se han inventado un apelativo para padres eunucos y carentes de toda autoridad) Michael Winterbottom plasma en esta película el nacimiento del punk, la conversión de Manchester en capital temporal de la música rock, y la creación de la madre de todas las discotecas, The Haçienda. Da igual que consideres basura ese estilo de música, da igual que el estilo de vida de sus adeptos te de arcadas, da igual que Tony Wilson, el creador de Factory Records y director de The Haçienda se te antoje un capullo integral a lo largo de todo el film: 24 Hour Party People refleja con absoluto realismo la eclosión de este mundillo y la pendiente y caída de una serie de grupos que, nos guste o no, han dejado su impronta en la música popular, desde Joy Division (impresionante Sean Harris en su personificación de Ian Curtis: te pone la gallina de piel), hasta Sex Pistols y The Stooges. Winterbottom mezcla con desparpajo todo tipo de estilos y trucos cinematográficos, incluyendo una hilarante aparición de Dios, y te clava en la butaca durante todo el metraje de la cinta. Especialmente para adictos de la música popular y similares.
10
18 de febrero de 2015 Sé el primero en valorar esta crítica
Un viaje al mundo de los 70 y 80 en Manchester, donde Tony Wilson descubrirá cuál es su destino en la vida con sus lados buenos y malos.
En el medio descubriendo los Joy División y Happy Mondays mostrando todas las facetas de los mismos.
Excelente película documental basada en hechos reales y también con ficción.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
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Me gusto en todos los sentidos, por momentos parece una ficción por otros un documental.
Acompañado de excelente música, momentos históricos y como diría Howard cosas que nunca pasaron.
Las actuaciones son geniales Steve Coogan nos traslada a esos lugares y vivencias y el genial Sean Harris no muestra la melancolía y soledad de Ian Curtis.
Una película para los amantes de la música y la historia de la misma súper recomendada
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