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Nymphomaniac. Volumen 1

6,8
10.503
votos
Sinopsis
Historia de una ninfómana contada por ella misma. Una fría noche invernal, un viejo solterón (Stellan Skarsgård) encuentra en un callejón a una joven (Charlotte Gainsbourg) herida y casi inconsciente. Después de recogerla y cuidarla, siente curiosidad por saber cómo pudo haber llegado esa mujer a semejante situación; escucha atentamente el relato que ella hace de su vida, una vida llena de conflictos y turbias relaciones. Para ... [+]
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user-icon msuarezpamplona   Pamplona (España)
Excelente
12 de Enero de 2014
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al comienzo de Funny games, una familia de clase alta vuelve a casa entre prados verdes, ópera y juegos hasta que la armonía se rompe y la música cambia para advertirnos de que todo se tornará en una amarga pesadilla. En el caso de Nymphomaniac también sucede algo así. No existe música celestial, solo los sonidos rutinarios y habituales de un barrio. Sin embargo, estos simples ruidos desaparecen, al igual que en el juego musical del filme de Haneke, para dar paso, ahora, a Rammstein. En ambas obras entramos en una atmósfera de dilemas, dudas y descubrimiento en la que el espectador está obligado a participar o a abandonar la sala. Ni Lars von Trier, ni Michael Haneke van a permitir que nadie se mantenga indiferente.

Al citado inicio le sigue una serie de diálogos absolutamente fascinantes que nos van descubriendo los temores y obsesiones del propio autor. Me gustaría destacar una de las conversaciones, la que se centra en Edgar Allan Poe. Al igual que el otro genio de la literatura fantástica y de terror, Howard Phillips Lovecraft, Poe desarrolló todo un universo basado en los miedos más profundos del ser humano. La herencia y la influencia de los antepasados en nuestro comportamiento futuro se pueden ver en prácticamente la totalidad de relatos e historia de ambos autores y, por ello, es tan destacable que el momento en el que Lars von Trier habla del escritor tenga que ver con los últimos días que Joe pasa con su padre moribundo. Los pocos lazos que le unen con una persona más allá del deseo parecen desaparecer. Aún y todo, poco a poco veremos que Joe es capaz de crear nuevas relaciones, cuyo resultado en muchos casos todavía es una incógnita.

El personaje interpretado por Stacy Martin (Joe joven) tiene algo de aquella prostituta que nos mostró recientemente François Ozon en Joven y bonita. Al igual que ella, Joe avanza por un camino de autodescubrimiento en el que se debe definir entre sus límites y los tabúes externos. En el caso de Nymphomaniac el relato da un paso más, ya que al descubrimiento se une el juicio moral de una Joe madura y hundida (Charlotte Gainsbourg) que recuerda su juventud. Si en Joven y bonita el encuentro final con la mujer de uno de sus clientes (Charlotte Rampling) era el único punto de vista adulto en el que podíamos ver o imaginar los pensamientos futuros de Isabelle (la protagonista), en la obra de Lars von Trier es la propia Joe la que muestra su visión con respecto al pasado.

En el campo interpretativo no se puede más que alabar absolutamente a todo el reparto de la película. Stellan Skarsgård, habitual colaborador de Lars von Trier, mantiene una maravillosa ambigüedad entre conversador y voyeur. Uma Thurman y Christian Slater firman sin ninguna duda su mejor interpretación de los últimos años y Shia LaBeouf se desentiende por fin de su eterno papel de héroe impoluto de Hollywood. Por último, el dúo Gaingsbourg - Martin, donde recae la fuerza y la credibilidad del filme, es impecable. Los personajes femeninos de todo el cine de Lars von Trier muestran una aparente debilidad, en ocasiones por cuestiones físicas (como en el caso de Bailar en la oscuridad), psicológicas (Anticristo), morales/religiosas (Rompiendo las olas) o por simple indefensión (Dogville). Sin embargo, debajo de sus carencias sobreviven fortalezas mucho más relevantes que se alzan como la clave de las reflexiones del realizador danés. En este sentido, en Nymphomaniac no solo mantiene su trabajo con los personajes femeninos, sino que también recoge los juegos simbólicos con los que experimentó en su comedia El jefe de todo esto y la reflexión política que ya citó en 1991, con Europa, acerca del futuro moral de nuestro continente.
msuarezpamplona
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user-icon Óscar San Martín   Madrid (España)
Buena
27 de Diciembre de 2013
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
El director danés Lar Von Trier vuelve a la carga después de una de sus mejores obras “Melancolía”, considerado uno de los “enfants terribles” del cine europeo, cada obra cinematográfica presentada por él no deja nunca indiferente a nadie y cada estreno está envuelto en polémica.
Este año nos presenta “Nymphomaniac” una de sus obras más esperadas desde que nos llegó la noticia de que rodaría una película de 5 horas de la que habría dos versiones, una para su distribución en cines comerciales y otra versión de sexo explícito para su paso por Festivales y otro tipo de salas más especializadas.
Seligman es un viejo solterón que se encuentra en un callejón con Joe, una mujer herida y tirada en la calle. Decide llevársela a casa para curarla y es allí cuando ella decide contarle la historia de su vida, una historia marcada por lo sexual y la ninfomanía.
Lars Von Trier utiliza como es habitual en él la división capitular del film, lo que ayuda notoriamente al ritmo de la película. Cada capítulo que contemplamos es un episodio importante en la vida de Joe y se nos desvela como si de pequeñas piezas independientes se trataran. Recursos estilísticos ya tratados por el danés en anteriores películas y escenas descriptivas se antojan algo abusivas a lo largo del metraje.
El director propone un juego, una charla entre dos personas que nos va guiando a través de las historias sexuales de Joe. Arte, religión, muerte y pesca comparten escenario con el sexo. El problema es que hay que entrar de lleno en el juego, cosa que no se hace hasta bien avanzada la película. No hay definición clara del tono que propone Von Trier que si bien es en su mayoría es drama, también hay hueco para la comedia.
Altibajos en el ritmo son un problema para seguir la historia, quizás el guión no ayude mucho, en ocasiones con situaciones y diálogos brillantes y en otros casos con situaciones totalmente inverosímiles. Sin embargo la propuesta de la moral y del prejuicio que nos hacemos a nosotros mismos es un tema recurrente, hasta que punto nos juzgamos, ¿Depende de nosotros mismos, de nuestro interior? ¿De nuestra educación? ¿De la experiencia?.
Otro de los problemas de la película es las expectativas creadas hasta ahora, el director es conocido por arriesgarse en todos sus films, cosa que aquí hace con una propuesta casi suicida para el mundo de la distribución comercial, sin embargo el riesgo que acomete en este film es ir sobre seguro, no llega a inquietar, ni te golpea el estómago como sí hacen muchos de sus anteriores films. Y en el fondo es lo que vamos buscando de este genio, ese algo que nos noquee. Sin embargo al acabar la película quieres más, quieres seguir viviendo la historia de Joe, y el adelanto de los créditos sólo hace más que aumentar esas ganas.
Destaca todo le reparto de la cinta, que asumen sus personajes como retos de sus carreras fílmicas, entre ellos, la debutante StacyMartin , que realiza una interpretación soberbia, Uma Thurman, divertidísima con un personaje algo más que trastornado, Shia LaBeouf, Charlotte Gainsbourg, Christian Slater y Stellan Skarsgard lo completan.
Si eres un incodicional de director la película no te defraudará, entra en el juego y disfruta.


Óscar San Martín
http://ciudadanoskine.blogspot.com.es
Óscar San Martín
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user-icon David   Caravaca (España)
Muy buena
4 de Enero de 2014
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la mente de la depresión continua. En el gozo del sexo sin límites. En la provocación, violencia y exposición en mil formas de una vida que nos moldea a su gusto. Entre cantos independientes unos de los otros como si de una polifonía se tratara, donde una vez juntos, se crea el mayor clímax experimentado jamás. Dentro de un tritono orquestado por el mismísimo Satán, donde sus dos simples y martillantes notas, harán que nos aterroricemos y rápidamente nos agazapemos en busca de alivio y esperanza. La misma que Joe (Charlotte Gainsbourg) necesita para continuar con una vida que le ha golpeado por méritos propios. Su desesperada y necesitada búsqueda del exceso a base de sexo y, de forma incombustible, hora tras hora desde los dos años, momento en el que descubrió su coño y, del que tanto ha disfrutado y hecho disfrutar, le ha llevado a su ninfomanía y caos físico y mental actual. Desde ese momento, desde los roces sin bragas de su vulva –Mea Vulva. Mea Vulva Maximun- con el suelo del baño lleno de agua junto a su amiga B (Sophie Kennedy Clark) y, hasta encontrarse tirada en un callejón sin salida bajo la lluvia casi nieve, rodeada de objetos cotidianos de la calle y con el cuerpo señalado por una paliza. Justo hasta ahí, que será el instante en el que aparecerá Seligman (Stellan Skarsgård) como terapeuta, y nosotros como espectadores, su vida no tomará un punto y aparte intentando reflexionar para encontrar el por qué de todo con su triste y agitada vida.

Con una pantalla negra durante un minuto aproximadamente. Con un guantazo a ritmo de Rammstein cantando Nymphomaniac. Con envidiable majestuosidad dirigiendo hacia, y moviendo sobre, Lars Von Trier nos da la bienvenida a su nueva obra. Sexo, Bach, pesca, poesía, paralelismos, fotografía… Todo se conjuntará para crear el nuevo hijo de este enfant terrible europeo. Von Trier podrá ser tedioso para la mitad –o mucha- de la parroquia cinéfaga, pero sincera e innegablemente, su cine es una obra de arte detrás de otra.
Nymphomaniac Vol.1 (en un mes se podrá ver el Vol.2) cuenta como Joe (Anticristo, 2009; Melancolía, 2011) es una mujer de cincuenta años que sufre una enfermedad estigmatizada dentro de la sociedad. Hace tiempo que la protagonista se autodiagnosticó como ninfómana, por su adicción al sexo desde que era pequeña, y ahora se atreve a contar las experiencias de toda una vida a un interlocutor inesperado. Seligman (Rompiendo las olas, 1996; Bailar en la oscuridad, 2000), un solterón entrado en años, se encuentra a Joe tirada en mitad de la calle, herida después de una brutal paliza que le acaban de dar. El hombre se apiada de la mujer y la lleva hasta su casa donde intentará curarla de la agresión. Seligman no puede entender cómo una mujer de sus características ha podido acabar de aquel modo, pero ahora que Joe está dispuesta a desvelarle todos sus secretos, él se convertirá en su principal confidente. Así, en una noche de frío invernal, la protagonista hará un repaso a los cincuenta años de su existencia a través de relatos repletos de lujuria y sexo, aunque también de incidentes poco deseados.

Pero Joe, para contarnos su infancia y juventud, se proyectará en la joven Joe, una guapísima Stacy Martin encargada de llevarse todo el peso de esta primera parte, realizando un papel tan grande, como el número de pollas comidas o metidas dentro de su trabajado aparato reproductor a lo largo de su solitaria vida. Porque Joe, probablemente como Von Trier, siga sin encontrar el amor y sólo el deseo. No se sabe bien el deseo de qué, pero seguro que el de provocar y excitar es seguro. Y no es sólo Joe actual y Joe joven, también está encomiable Seligman dándonos una excelente clase de pesca, psicología, de los números fibonacci y música. Que no importa que el tenedor para el bollo sea el del postre (sic), habiéndose equivocado en su elección, ya que su sola presencia y aptitud para desarrollar un papel fantástico, es de sobresaliente. O la increíble Uma Thurman (Pulp Fiction, 1999; Kill Bill Volumen 1, 2003 ), Mrs. H, desempeñando el papel más negro y humorístico de toda la película. Su capítulo, llamado como ella, es desternillante y punzante gracias a sus diálogos y personajes.

Lars Von Trier vuelve a seducir al espectador más abierto con una selección musical tan agradable y bella, que de paso sirve como clase magistral para alumnos hambrientos. Sólo recordar la forma de explicar y encontrar el paralelismo entre la polifonía y las tres mejores piezas cazadas por la joven Joe, es ya orgásmico. Pero para belleza: sus secuencias, imágenes e instantáneas, que poco a poco nos va sirviendo, como si de un restaurante se tratara, donde nosotros somos los clientes, y el danés el camarero/chef, desplegando con elegancia y maestría el arte de servir plato tras plato, o capítulo tras capítulo, hasta el total de cinco que consta este Volumen 1.

Un Cantus Firmmus (Canto fijo) de inolvidables, abrumadores y mágicos momentos experimentado sensaciones nuevamente con lo que considero gran cine, gran viaje, gran experiencia y gran mensaje. Cine con mayúsculas lo que este Señor cuenta y realiza.

Mi web: http://cinemaunderground.net/
David
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user-icon Hugo   Madrid (España)
Pasable
5 de Enero de 2014
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
...Porque francamente no sé cómo puntuarla. ¿Es buena? ¿Es mala? No sé. Es fácil etiquetar a LVT como un provocador y calificar todo esto como una gran broma privada ("jeje, los gafapastas ya están salivando y alabando esta chorrada que he hecho para reírme de ellos"), pero teniendo en cuenta que este es el mismo autor de Melancolía, en mi opinion de las mejores peliculas de 2012, le doy el beneficio de la duda y pienso que algo debe de querer decir. La pregunta es qué.

He leído críticas que alaban su increíble sutileza, sus matices, su complejidad psicológica, etc., y otras que la tratan de gran estupidez sin sentido, y no me siento cómodo en ninguno de los dos bandos.

La historia es bastante simple en esta primera parte, y además del relato de las experiencias sexuales de Joe (Charlotte G.) en su infancia y su primera juventud, esta también narra al desconocido que la recoge de la calle su relación con su padre (sí, aquí hay más que escenas de sexo, pese a las miles de fotos exclusivamente centradas en gente dándole al tema que todos hemos visto; vaya con la mercadotecnia) y su desprecio de sí misma.

La impresión, así a bote pronto, es que esto es una especie de vómito (en el sentido de "expulsión torrencial incontrolada") de conflicos personales sexuales y psicológicos del propio Lars, al estilo de Anticristo, respecto a la violencia, o de Melancolía, respecto a la depresión.

La película como mínimo resulta entretenida. Esto que digo a lo mejor molestará a sus partidarios más serios por sonar frívolo, pero lo cierto es que contiene muchísimo humor no intencionado (y a ratos sí intencionado, como quiero pensar que es el caso de toda la escena de Uma Thurman), casi siempre en mi caso producto de mezclar unos diálogos en plan salón de té británico del siglo XIX con referencias al sexo expresadas con incongruente vulgaridad (cosas en plan "Me desagradaba profundamente la vulgaridad de mi propia insignificancia respecto a aquel episodio de mi despertar; pero se trataba de algo que escapaba a mi control... El caso es que Mengano me folló y se corrió en mi coño"). Yo y la sala no parábamos de soltar risitas, y alguna carcajada de las buenas también, y la verdad no creo que haya que pedir perdón por esto. Como digo, este es el autor de Melancolía, con lo cual me consta que si quiere, es capaz de escribir diálogos mucho más realistas y sencillos que estos, así que por lo que sea esta vez ha querido escribirlos así.

En fin. LVT siempre resulta curioso de ver. La película está regada de conceptos tagenciales (la secuencia de Fibonacci, las referencias a la pesca de río, acordes musicales prohibidos en determinadas épocas, etc) cuya relación con la trama no termino de ver, pero el caso es que resultan interesantes.

A lo mejor la segunda parte redondea el asunto y aclara el significado, o quizás (esto pinta más probable) siga por la misma senda desconcertante y descacharrante, pero en todo caso yo te recomiendo que pases un poco de las críticas "oficiales", la veas y juzgues por ti mismo qué te parece todo este mejunje, porque esta es la típica peli en la que la opinión de los expertos no sirve de mucho a la hora de hacerse una idea previa.
Hugo
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user-icon marujeopostmoderno   Barcelona (España)
Buena
9 de Enero de 2014
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nymphomaniac es una de esas películas que no se deja ver por cualquier ojo curioso. Es lenta, minuciosa y cruda, muy cruda. Es fea, vulgar y sucia. Te remueve por dentro. De repente te arranca una carcajada, para acto seguido regalarte una arcada. La película nos cuenta la vida de una mujer adicta al sexo. Su infancia, adolescencia y juventud. El director divide la historia en capítulos y termina de dotarla de un aire literario llenando estos de metáforas que, por momentos, disfrazan de cuento o ensoñación la cruda realidad de la protagonista. La naturaleza, la pesca, el mundo animal o la música son algunos de los universos que el director utiliza para escudriñar la esencia del sexo y de las relaciones humanas. La mayoría de estas poéticas comparaciones están muy bien encontradas, en especial la que el director dedica a la música. Utiliza el ejemplo de la polifonía medieval para explicar la “polirelación” sexual de ella, por qué necesita varias voces en su cama para armonizar su vida. Otro de los excelentes capítulos de la historia es en el que aparece Uma Thurman. Una situación dramática que se complica por momentos de igual modo que se va convirtiendo en hilarante. Unos diálogos maravillosos, tremendamente ácidos; una interpretación colosal (la de Thurman) con el objetivo de mostrar de un modo muy claro pero divertidísimo los daños colaterales del sexo libre.

Cada capítulo, ligado a un episodio de la vida de la protagonista y narrado a través de metáforas, está precedido por una pequeña introducción que hace la propia protagonista y la posterior reflexión de su interlocutor, un hombre que la he encontrado en la calle malherida y que le ofrece cobijo en su casa para sanarse. Y he aquí la parte de la cinta que me suscita dudas. Los enlaces entre capítulos por momentos se me hicieron forzados, farragosos y repetitivos. La estructura del film se vuelve poco dinámica, previsible y redundante. Quizá sea esa la intención del director, pero a mí, desde luego, me distrajo de la atracción principal. Además, no acabo de entender por qué un señor de avanzada edad no se sorprende al escuchar el sórdido relato de la desconocida que acoge en su casa. Por qué la deja entrar, por qué quiere saber más, por qué no se perturba ante el hedor de la podredumbre de su existencia…

Uno de los puntos brillantes de Nymphomaniac es la protagonista, pero no la madura, sino la joven, la sexy actriz que interpreta la versión juvenil de Joe (la protagonista). Stacy Martin, una total desconocida a la cual se le van a abrir las puertas del cielo. Una especie de versión lasciva de Pilar López de Ayala. Una bomba de niña. Al igual que me ocurrió con Adèle Exarchopoulos, me da la sensación de que Martin destila sexo por cada poro de su piel. Te crees hasta el último centímetro de su lujurioso cuerpo. Vibras con cada palabra que sale de su sensual boca y respiras el mismo aire viciado que inunda su habitación del pecado. Las nuevas generaciones vienen pisando fuerte y, desde luego, Stacy Martin dará que hablar. En cambio, Charlotte Gainsbourg, una habitual de Von Trier, da grima. Tan autocompasiva, tan herida, tan hastiada de sí misma, con esa vocecilla irritante… No me la creo. Es más, me dan ganas de darle de hostias. No acaba de entender cómo esa bomba sexual que es su personaje de joven puede acabar convirtiéndose en un ser tan patético. Espero más datos sobre la evolución del personaje en la segunda entrega del film.

Y vamos con el verdadero protagonista: el sexo. Siempre me han gustado las historias intimistas y sin artificio pero he de decir que cada vez me interesan más. Me parecen relatos ciertos y con los que me identifico de un modo u otro, pues muestran la naturaleza del ser humano tal cual es, sin pasar por el filtro de la moralidad barata y la sociedad que nos condiciona irremediablemente. De los tres dramas de este estilo que he visto en los últimos meses, sin duda, el amable es La vida de Adèle. El sexo es real e incómodo, pero no deja de ser descriptivo. Muestra cómo es el sexo entre dos mujeres. Sin más. En cambio, en Paraíso: amor y Nymphomaniac, el sexo es un recurso, una herramienta de la cual el director se sirve para afear la historia, para ponerle el punto grotesco, para generar desasosiego y asco. El sexo como algo sucio y violento, en la primera película, como abuso de poder y en la segunda como fruto de una adicción incontrolable. Y es que el sexo está en todo lo que hacemos. Y el hecho de esconderlo no hace sino ensuciarlo más.

La protagonista de la película declara estar en contra del amor y utiliza el sexo descontrolado como arma para combatirlo. En cierto modo, estoy de acuerdo con ella. No en la forma de darle batalla pero sí en la tesis de partida. Vivimos en una sociedad obsesionada con el amor. El sistema nos cría como seres incompletos que deben buscar incansables esa otra mitad que llene de sentido sus desgraciadas vidas. Y esa parte es el romanticismo. Llamadme cínica o satanás, pero es así. El amor es un negocio y una forma de control social. Nos han hecho creer que no seremos individuos realizados hasta que no encontremos el verdadero amor, esa alma gemela que nos acompañará el resto de nuestras vidas. Permitidme que me descojone. Buscar fuera de ti lo que llene tu ser, aparte de una pérdida de tiempo, es una putada, porque el vacío nunca desaparece. La batalla debería librarse desde la búsqueda de la libertad individual y la deslegitimación de la pareja como respuesta vital absoluta. Eso no quiere decir que el amor no exista, que aniquilemos los sentimientos y que seamos todos ermitaños. En absoluto. Es más una cuestión de encontrarse, sentirse cómodo con el hallazgo y solo así alcanzar la libertad. Y no, no me he fumado nada verde. Simplemente creo que el ser es mucho más potente, y contestatario por otro lado (y he ahí la necesidad de control por parte del sistema) cuando tiene libertad absoluta sobre su individualidad.

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