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Nymphomaniac. Volumen 1

6,9
8.277
votos
Sinopsis
Historia de una ninfómana contada por ella misma. Una fría noche invernal, un viejo solterón (Stellan Skarsgård) encuentra en un callejón a una joven (Charlotte Gainsbourg) herida y casi inconsciente. Después de recogerla y cuidarla, siente curiosidad por saber cómo pudo haber llegado esa mujer a semejante situación; escucha atentamente el relato que ella hace de su vida, una vida llena de conflictos y turbias relaciones. Para ... [+]
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user-icon Hugo   Madrid (España)
Pasable
5 de Enero de 2014
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
...Porque francamente no sé cómo puntuarla. ¿Es buena? ¿Es mala? No sé. Es fácil etiquetar a LVT como un provocador y calificar todo esto como una gran broma privada ("jeje, los gafapastas ya están salivando y alabando esta chorrada que he hecho para reírme de ellos"), pero teniendo en cuenta que este es el mismo autor de Melancolía, en mi opinion de las mejores peliculas de 2012, le doy el beneficio de la duda y pienso que algo debe de querer decir. La pregunta es qué.

He leído críticas que alaban su increíble sutileza, sus matices, su complejidad psicológica, etc., y otras que la tratan de gran estupidez sin sentido, y no me siento cómodo en ninguno de los dos bandos.

La historia es bastante simple en esta primera parte, y además del relato de las experiencias sexuales de Joe (Charlotte G.) en su infancia y su primera juventud, esta también narra al desconocido que la recoge de la calle su relación con su padre (sí, aquí hay más que escenas de sexo, pese a las miles de fotos exclusivamente centradas en gente dándole al tema que todos hemos visto; vaya con la mercadotecnia) y su desprecio de sí misma.

La impresión, así a bote pronto, es que esto es una especie de vómito (en el sentido de "expulsión torrencial incontrolada") de conflicos personales sexuales y psicológicos del propio Lars, al estilo de Anticristo, respecto a la violencia, o de Melancolía, respecto a la depresión.

La película como mínimo resulta entretenida. Esto que digo a lo mejor molestará a sus partidarios más serios por sonar frívolo, pero lo cierto es que contiene muchísimo humor no intencionado (y a ratos sí intencionado, como quiero pensar que es el caso de toda la escena de Uma Thurman), casi siempre en mi caso producto de mezclar unos diálogos en plan salón de té británico del siglo XIX con referencias al sexo expresadas con incongruente vulgaridad (cosas en plan "Me desagradaba profundamente la vulgaridad de mi propia insignificancia respecto a aquel episodio de mi despertar; pero se trataba de algo que escapaba a mi control... El caso es que Mengano me folló y se corrió en mi coño"). Yo y la sala no parábamos de soltar risitas, y alguna carcajada de las buenas también, y la verdad no creo que haya que pedir perdón por esto. Como digo, este es el autor de Melancolía, con lo cual me consta que si quiere, es capaz de escribir diálogos mucho más realistas y sencillos que estos, así que por lo que sea esta vez ha querido escribirlos así.

En fin. LVT siempre resulta curioso de ver. La película está regada de conceptos tagenciales (la secuencia de Fibonacci, las referencias a la pesca de río, acordes musicales prohibidos en determinadas épocas, etc) cuya relación con la trama no termino de ver, pero el caso es que resultan interesantes.

A lo mejor la segunda parte redondea el asunto y aclara el significado, o quizás (esto pinta más probable) siga por la misma senda desconcertante y descacharrante, pero en todo caso yo te recomiendo que pases un poco de las críticas "oficiales", la veas y juzgues por ti mismo qué te parece todo este mejunje, porque esta es la típica peli en la que la opinión de los expertos no sirve de mucho a la hora de hacerse una idea previa.
Hugo
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user-icon marujeopostmoderno   Barcelona (España)
Buena
9 de Enero de 2014
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nymphomaniac es una de esas películas que no se deja ver por cualquier ojo curioso. Es lenta, minuciosa y cruda, muy cruda. Es fea, vulgar y sucia. Te remueve por dentro. De repente te arranca una carcajada, para acto seguido regalarte una arcada. La película nos cuenta la vida de una mujer adicta al sexo. Su infancia, adolescencia y juventud. El director divide la historia en capítulos y termina de dotarla de un aire literario llenando estos de metáforas que, por momentos, disfrazan de cuento o ensoñación la cruda realidad de la protagonista. La naturaleza, la pesca, el mundo animal o la música son algunos de los universos que el director utiliza para escudriñar la esencia del sexo y de las relaciones humanas. La mayoría de estas poéticas comparaciones están muy bien encontradas, en especial la que el director dedica a la música. Utiliza el ejemplo de la polifonía medieval para explicar la “polirelación” sexual de ella, por qué necesita varias voces en su cama para armonizar su vida. Otro de los excelentes capítulos de la historia es en el que aparece Uma Thurman. Una situación dramática que se complica por momentos de igual modo que se va convirtiendo en hilarante. Unos diálogos maravillosos, tremendamente ácidos; una interpretación colosal (la de Thurman) con el objetivo de mostrar de un modo muy claro pero divertidísimo los daños colaterales del sexo libre.

Cada capítulo, ligado a un episodio de la vida de la protagonista y narrado a través de metáforas, está precedido por una pequeña introducción que hace la propia protagonista y la posterior reflexión de su interlocutor, un hombre que la he encontrado en la calle malherida y que le ofrece cobijo en su casa para sanarse. Y he aquí la parte de la cinta que me suscita dudas. Los enlaces entre capítulos por momentos se me hicieron forzados, farragosos y repetitivos. La estructura del film se vuelve poco dinámica, previsible y redundante. Quizá sea esa la intención del director, pero a mí, desde luego, me distrajo de la atracción principal. Además, no acabo de entender por qué un señor de avanzada edad no se sorprende al escuchar el sórdido relato de la desconocida que acoge en su casa. Por qué la deja entrar, por qué quiere saber más, por qué no se perturba ante el hedor de la podredumbre de su existencia…

Uno de los puntos brillantes de Nymphomaniac es la protagonista, pero no la madura, sino la joven, la sexy actriz que interpreta la versión juvenil de Joe (la protagonista). Stacy Martin, una total desconocida a la cual se le van a abrir las puertas del cielo. Una especie de versión lasciva de Pilar López de Ayala. Una bomba de niña. Al igual que me ocurrió con Adèle Exarchopoulos, me da la sensación de que Martin destila sexo por cada poro de su piel. Te crees hasta el último centímetro de su lujurioso cuerpo. Vibras con cada palabra que sale de su sensual boca y respiras el mismo aire viciado que inunda su habitación del pecado. Las nuevas generaciones vienen pisando fuerte y, desde luego, Stacy Martin dará que hablar. En cambio, Charlotte Gainsbourg, una habitual de Von Trier, da grima. Tan autocompasiva, tan herida, tan hastiada de sí misma, con esa vocecilla irritante… No me la creo. Es más, me dan ganas de darle de hostias. No acaba de entender cómo esa bomba sexual que es su personaje de joven puede acabar convirtiéndose en un ser tan patético. Espero más datos sobre la evolución del personaje en la segunda entrega del film.

Y vamos con el verdadero protagonista: el sexo. Siempre me han gustado las historias intimistas y sin artificio pero he de decir que cada vez me interesan más. Me parecen relatos ciertos y con los que me identifico de un modo u otro, pues muestran la naturaleza del ser humano tal cual es, sin pasar por el filtro de la moralidad barata y la sociedad que nos condiciona irremediablemente. De los tres dramas de este estilo que he visto en los últimos meses, sin duda, el amable es La vida de Adèle. El sexo es real e incómodo, pero no deja de ser descriptivo. Muestra cómo es el sexo entre dos mujeres. Sin más. En cambio, en Paraíso: amor y Nymphomaniac, el sexo es un recurso, una herramienta de la cual el director se sirve para afear la historia, para ponerle el punto grotesco, para generar desasosiego y asco. El sexo como algo sucio y violento, en la primera película, como abuso de poder y en la segunda como fruto de una adicción incontrolable. Y es que el sexo está en todo lo que hacemos. Y el hecho de esconderlo no hace sino ensuciarlo más.

La protagonista de la película declara estar en contra del amor y utiliza el sexo descontrolado como arma para combatirlo. En cierto modo, estoy de acuerdo con ella. No en la forma de darle batalla pero sí en la tesis de partida. Vivimos en una sociedad obsesionada con el amor. El sistema nos cría como seres incompletos que deben buscar incansables esa otra mitad que llene de sentido sus desgraciadas vidas. Y esa parte es el romanticismo. Llamadme cínica o satanás, pero es así. El amor es un negocio y una forma de control social. Nos han hecho creer que no seremos individuos realizados hasta que no encontremos el verdadero amor, esa alma gemela que nos acompañará el resto de nuestras vidas. Permitidme que me descojone. Buscar fuera de ti lo que llene tu ser, aparte de una pérdida de tiempo, es una putada, porque el vacío nunca desaparece. La batalla debería librarse desde la búsqueda de la libertad individual y la deslegitimación de la pareja como respuesta vital absoluta. Eso no quiere decir que el amor no exista, que aniquilemos los sentimientos y que seamos todos ermitaños. En absoluto. Es más una cuestión de encontrarse, sentirse cómodo con el hallazgo y solo así alcanzar la libertad. Y no, no me he fumado nada verde. Simplemente creo que el ser es mucho más potente, y contestatario por otro lado (y he ahí la necesidad de control por parte del sistema) cuando tiene libertad absoluta sobre su individualidad.

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user-icon lourdes lulu lou   valencia (España)
Interesante
13 de Marzo de 2014
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lars Von Trier es diferente, todos lo sabemos; le gusta provocar al espectador, sorprenderle, causar impactantes emociones, explosionar su sosiego más oculto y hacer que se le mueven las entrañas, alterar su intimidad más emocional. Nada de eso vas a encontrar aquí, para tristeza y decepción de tu persona -al menos en esta primera parte-; puede que sea su película más descafeinada, menos indolente -nunca creí llegar a bostezar en una de sus historias!-, desilusión sorpresiva difícil de repara o compensar. Una protagonista que se siente la peor persona del mundo, el ser más horrible pues abusa del sexo en todas sus formas posibles sin llegar a sentir nada, ninguna emoción o empatía con el otro ser; metaforismos varios para presentar el vicio sexual, el vacío de una pesca con mosca sin beneficio alguno, la soledad de una caza cuyo objetivo es el disparo sin más, un acumulo de presas donde lo importante es la cantidad. De otra, el mecenas, el razonamiento de la edad, la voz calmada que acepta su testigo sin inmutarse e intenta suavizar todo su castigo auto-impuesto, ese machaque dañino que conduce toda su vida. No hay manera, por mucha voluntad que pongas, de quedar seducido por el relato, de sentir ese atrape dialéctico que te impide dejar de observar la pantalla, olvido de ese incómodo nudo estomacal marca propia de la casa; no impresiona lo relatado, no impacta lo expuesto y no ofende ni sorprende ni asquea sus motivos, ese espeluznante y horrible "por qué" que mueve su vida. Nada de nada -quién lo diría tratándose de este grandísimo y apreciado director!-, frase y sentimiento que son la mayor ofensa que se le pueden achacar, la peor emoción que se puede sentir, vacío inexpresivo tan profundo como el de su intérprete representante; ausencia inexplicable de su esencia más confirmada, de su alma más viva e impactante, en esta ocasión, totalmente olvidada y desaparecida. Lo único que se puede decir es..., esperemos a ver la segunda parte!!!

http://lulupalomitasrojas.blogspot.com.es/
lourdes lulu lou
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user-icon david   Asturias - Madrid (España)
Buena
14 de Marzo de 2014
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nymphomaniac es una comedia. Una buena comedia. Contiene su faceta de drama agresivo, un alto contenido sexual y una cierta reflexión intelectual, pero… es una comedia. Y si no lo fuera, si Lars von Trier hubiese planteado su película para ser tomada en serio, desde el principio hasta al final, la perspectiva cambiaría. En ese caso, Nymphomaniac sería la obra de un cineasta enfermo, traumatizado por su incapacidad para alcanzar a sus ídolos y por sus taras intelectuales.

Sería el testimonio de un creador desnortado, que combina conceptos filosóficos, religiosos, musicales (y un poco de pesca) sin ningún criterio, como quien hace por primera vez un puré de verduras y pone en la cazuela todo lo que ha ido recolectando en el supermercado. A ver que sale. Total, soy Lars von Trier, hago lo que me da la gana. Aunque no tenga ni puta idea de lo que hablo.

Pero no. Nymphomaniac es una película cínica. Queremos creer que lo es. Y así, de hecho, creemos que lo plantea su director, como un juego para el espectador, como un pasatiempo disfrazado de cuento intelectual para el espectador con gafas de pasta y mano en barbilla. Por eso nos gusta. Porque Lars von Trier ha vuelto a reírse del espectador. Y de sí mismo, que es lo más importante. Y lo más sano. Como hizo con Epidemic, aquel experimento descerebrado que siguió a su notable ópera prima, El elemento del crimen. El director parece haber aparcado esa costumbre tan suya (y tan común) de querer parecer más intelectual, culto y perspicaz de lo que realmente se es. El postureo (intelectual) que lo llaman ahora.

(...)

La habitación tarkovskiana de Seligman es el refugio del espectador que mira a través de los ojos de este personaje, tratando de construir un relato lógico, intentando moldear el discurso de la película. Pero pronto desfruncimos el ceño. Comienzan las analogías. El sexo interpretado como armonía musical, como pesca fluvial y cualquier otro ingrediente que Lars tomó aquel día de su nevera. Y empezamos a sonreír.

Las conclusiones filosóficas que Seligman obtiene de los episodios narrados por Joe son una combinación de candidez, desquicio y sentido del humor. No cabía otro final para Seligman. El desenlace es la confirmación del tono de la película. La última frase que, por supuesto, no reproduciremos, es la que probablemente cualquiera hubiese pronunciado en su misma situación…

Pero Nymphomaniac, además, ofrece cuatro o cinco escenas de gran potencial y con valor independiente. La protagonizada por Uma Thurman recuerda al Bergman más incisivo. Porque no todo en esta película es fuego de artificio, también hay pistolas cargadas de malicia, de lucidez. La de los negros, por su parte, es comedia delirante. Y podríamos seguir, pero 4 horas de película dan para mucho…

La promoción de Nymphomaniac, urdida por un Lars von Trier cada vez más interesado en la provocación y la tomadura de pelo, incidió en la parte sexual o pornográfica de la cinta. Sí, en la cinta hay penes y vaginas, están casi todo el metraje cubriendo. Hay un poco de todo: pedofilia, sadomasoquismo, tríos, lesbianismo, lluvias doradas… Pero a estas alturas pretender provocar con una película de contenido sexual es complicado. Lo que se pretendía durante la promoción, repitiendo una y otra vez “porno”, era vender. Vendernos la historia. Ponernos el caramelo. Porque el sexo ya no provoca, pero sigue excitando al personal… Eso es inevitable. Y Lars lo sabe.

Nymphomaniac también tiene sus deficiencias. Algunas expuestas más arriba. También cabría decir que el director danés no es un guionista muy capacitado. Algunos diálogos, situaciones y personajes están mal planteados. El talento visual y el narrativo no siempre van de la mano, aunque muchos autores consideren que ambas competencias vienen en el mismo lote. Su adorado Tarkovski tampoco fue un guionista de primer nivel. La diferencia es que el ruso suplía las carencias con la palabra y el diálogo con su genialidad visual. Lars, a pesar de sus esfuerzos, aun está lejos de su maestro. Aunque tiene algo que no poseía el ruso, o al menos que no mostraba en sus películas: sentido del humor.

Y ese es, ni más ni menos, el mayor hallazgo de Nymphomaniac: su sentido del humor.

Lo Mejor: El tono cínico y travieso que da coherencia a la película. Divertida, excitante, incisiva… por momentos.

Lo Peor: Por momentos, también, un poco ridícula. Algunos diálogos, situaciones y personajes no están bien planteados. Bueno… Charlotte Gainsbourg no se parece a Stacey Martin, ¿o qué?

Nota: es un crítica de Nymphomaniac volumen 1 y 2.

[crítica publicada en alucine.es]
david
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user-icon JoeyDrill   Huelva (España)
Pasable
20 de Marzo de 2014
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una parte con charlas sin sentido que intentan aparentar coherencia pero que no son más que con montón de ideas diferentes unidas entre sí por nexos muy flojos y que cojean por todas partes. Cosas de matemáticas que a quien no sepa ni derivar seguro que le impresiona, movidas de historia metidas con calzador e interpretaciones pseudo-filosóficas totalmente infundadas. La otra parte una historia surrealista sobre una niña muy puta, con moralina para regalarle el oído a todas las mujeres sin cerebro que piensen que están viendo algo bueno porque se sientan un poco liberadas de los prejuicios que ellas mismas tienen sobre su sexualidad, este efecto últimamente está de moda. El nexo entre las dos historias inexistente, incluso los personajes que aparecen en cada parte son totalmente diferentes. La protagonista no evoluciona. Cambia radicalmente. La niña del principio es un personaje, la mujer del final solo es la encarnación de von Trier, que nos lo quiere dar todo bien masticadito, la cinta se entiende a la perfección con un visionado y sin estar muy atento ya que mucha parte de los dialogos, como ya he dicho, son puro gas. El final es un aborto, no hay por dónde cogerlo. Se puede interpretar, pero me toca los cojones tanta interpretación, además de que siempre son interpretaciones cogidas por los pelos así como la constante aparición del deux ex machina para hacer giros argumentales totalmente rectos y sin sentido. Párate a valorar la cinta, no la filmografía de Von trier.
JoeyDrill
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